martes, 8 de octubre de 2019

Micieces de Ojeda. YO TE CONOCÍ, CIRUELO. (El tronco de ciruelo y san Pedro, parte III):





EL TRONCO DE CIRUELO Y SAN PEDRO
PARTE III



YO TE CONOCÍ, CIRUELO

(La palabra "tío", en los pueblos, se pronuncia como aguda ("tió") cuando no se refiere al parentesco, sino a cierta familiaridad. Por eso en el texto está sin tilde).


In illo tempore antiguo
para ganar el sustento
los artistas y artesanos
se recorrían los pueblos
-se les llamaba ambulantes-,
y había picapedreros,
labradores y albañiles,
constructores y canteros,
escultores, doradores,
y también imagineros…
Llegó  un ambulante un día,
no pasado mucho tiempo,
ofreciendo hacer su arte
de escultor imaginero.
El merino con el cura
lo contratan al momento.
Buscan madera curada
que sirva para el evento.
-El tio Pedro tiene mucha
recogida en su leñero…

Mirando mira el artista
un gran tronco de ciruelo.
-Este podría servir:
de aquí sale un santo bueno.
El tio Pedro se adelanta
generoso y satisfecho:
-El tronco yo lo regalo
si es para hacer un san Pedro,
porque si lleva mi nombre,
seguro que me abre el cielo.
Y al imaginero explica:
-De mi huerto era el ciruelo.
Cuando el hacha le metí,
en menguante estaba el cielo,
el mes tenía dos erres
y era muy frío el invierno.
Un año lleva curándose
bajo teja en mi leñero.
Con el ciruelo quería
hacer dos buenos maderos.
Mira, remira y estudia
el escultor al madero
y dice, al final, convencido:
-Buena madera el ciruelo.
Un buen santo les haré
de este tronco. Me lo quedo.
-No verás maravedí,
si no está el pueblo satisfecho,
dice el merino al artista.
Y el cura por no ser menos:
-Recuerda y tenlo bien claro:
el santo ha de ser san Pedro…
Y el tio Pedro lo remacha:
-Aunque lo copies del cielo,
tiene que ser mi tocayo
lo que hagas del ciruelo…
-Que yo soy un buen artista
escultor imaginero,
que  tengo ya muchas obras
y a todos he satisfecho,
y el estilo castellano
lo domino por completo…


Cuando pasen los tres meses
aquí tendréis el san Pedro.


(JLR)

                                             (Continuará...)
























Puedes ver también :

- Parte I: EL ACCIDENTE.

- Parte II: ¡A CONCEJO!

Y más sobre Micieces en:






martes, 1 de octubre de 2019

Micieces de Ojeda. ¡A CONCEJO! (El tronco de ciruelo y san Pedro (parte II).






EL TRONCO DE CIRUELO Y SAN PEDRO
(PARTE II)

¡A CONCEJO!

(El merino cumplía funciones que, en la actualidad, desempeñan los jueces).

Pasaron meses y años,
pasó no sé cuánto tiempo,
y las gentes se acordaban
del santo aquel, su san Pedro:
se perdió la procesión
y se perdían los rezos…
Y todo el mundo sabía
que san Pedro es muy san Pedro,
que con llaves o sin ellas
abre las puertas del cielo…

Así que un día cualquiera
de cualquier año del tiempo,
pero en un siglo pasado,
hace de eso mucho tiempo,
se convoca a los vecinos,
por grave causa, a un concejo.
Bajo la olma reunidos
según tradición del pueblo,
practican la democracia
hablando todos a un tiempo.
Hasta que el merino, harto,
manda que guarden silencio,
que así no se arregla nada
si seguimos discutiendo,
y que el señor cura diga
con sermón breve y concreto
lo que tenemos que hacer
y lo daremos por hecho.

Carraspeó el señor cura
y habló así al pueblo atento:
-El san Pedro se marchó
hace tiempo hacia su cielo:
o nos quedamos sin santo,
o compramos uno nuevo.
Desde el fondo del gentío
una voz levanta el vuelo:
-No queremos otro santo,
que queremos a san Pedro.
Un silencio sorpresivo
se apodera del congreso.
Después, un leve murmullo
que se convierte en voceo…
-¡Queremos un santo nuevo,
y que el santo sea san Pedro…!
La multitud entusiasta
grita con el alma y cuerpo
(el pueblo entero está allí,
no llegan a ciento y medio):
-¡Que sea un Pedro san Pedro…!
¡Que san Pedro sea un Pedro…!
Y lo repiten cual mantra
para que llegue hasta el cielo.
Las autoridades dudan
con semejante revuelo;
el merino mira al cura,
el cura mira hacia el cielo;
el pueblo sigue gritando
y pidiendo su san Pedro…
Y el merino, puesto en pie,
manda que guarden silencio:
-¡Que os calléis de una vez…!
¡Que me escuchéis en silencio…!
Y les explica que ya
tiene aprobado el decreto
para comprar otro santo
guapo, milagroso y bueno…
-Y ese será –añade el cura-
por siempre el san Pedro nuestro…!
Y toda la gente grita
con alegría y contento:
-San Pedro el nuestro, san Pedro;
san Pedro, san Pedro el nuestro, …!

(JLR)
                                            (Continurá...)





























Puedes ver la primera parte de esta historia en :




Y más sobre Micieces en:


jueves, 26 de septiembre de 2019

MICIECES DE OJEDA. El tronco de ciruelo y san Pedro (parte I: EL ACCIDENTE).






Los "pliegos de cordel", esas hojas que vendían antes por los pueblos, tenían temas variados. Los que más llamaban la atención eran los romances que hablaban de amores, venganzas, crímenes, hazañas de bandidos, epopeyas de caballería..., pero también los que trataban de sucesos cotidianos que tenían que ver con el campo, los santos, las costumbres...
Una de esas historias es esta de un tronco de ciruelo y san Pedro. La contaremos en cuatro partes, que equivalen a dos pliegos de cordel.


EL TRONCO DE CIRUELO Y SAN PEDRO
(Parte I)

EL ACCIDENTE

In illo tempore antiguo       
sucedió en antiguo pueblo,
castellano de raigambre,
labrador y ganadero,
asentado en la meseta
entre sus valles y oteros,
una cosa muy curiosa
que, sin llegar a suceso,
ha pasado a ser historia
que cantaron los juglares
en sus versos romanceros.

Pues hete aquí que en la iglesia
de aquel castellano pueblo
había un santo muy viejo,
carcomido, desconchado,
estropeado y maltrecho.
Podría ser cualquier santo
de los que pueblan el cielo,
mas la gente aseguraba
que su santo era san Pedro.
Incluso llaves postizas
en sus manos le pusieron.
Y aunque fuera él pescador
y fueran de secano ellos,
celebraban muy devotos
la fiesta de su san Pedro
y sacaban a su santo
en procesión por el pueblo.

Mas aquel año no pudo
salir el santo a paseo.
Cuando al pobre santo estaban
en las andas ya poniendo,
alguien falló en su trabajo
y se les fue el santo al suelo.
Una nube polvorienta
entre toses va subiendo
con los gritos de la gente
a la bóveda del templo…
Cuando la nube se esfuma,
miran todos boquiabiertos
lo que en el suelo ha quedado
de la imagen del san Pedro:
madera en astillas finas,
algunos trozos externos,
y un puñado de serrín
tal como el polvo de denso.
¡La carcoma hizo el trabajo
de comerse lo de dentro!
Y el santo se fue volando
pasando cúpula y techo,
subido en nube de polvo,
volatizado y contento.
Y los presentes juraron
que era verdad que lo vieron.
¡Pero se dejó las llaves!
Dicen que como recuerdo…
O quizá fue porque aquellas
fue donativo del pueblo,
o simplemente porque eran
muy pesadas y de hierro…
¡O quizá porque cambiaron
la cerradura del cielo…!
¡Vete tú a saber ahora
por qué las dejó san Pedro

                                   (Continuará)
(JLR)





 Más sobre Micieces de Ojeda en:

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jueves, 6 de junio de 2019

Micieces de Ojeda. DE NUECES Y NOGALES: REMEDIOS CASEROS.






REMEDIOS CASEROS: LA NUEZ DE TRES CANTOS

             Micieces no es pueblo "nogalero". Nunca ha habido muchos nogales, pero yo recuerdo algunos: el de la Varga Luterio, el del huerto de la Maria (que no de la María) y los del cura (que no eran del cura, sino del pueblo). Y les recuerdo porque las nueces las tirábamos a pedradas, con el consiguiente enfado de los dueños (es que en los del cura, además de las nueces, también caían los cristales de las ventanas...). Esos nogales ya no existen. Queda alguno en el pueblo y un plantío de árboles de nogal para madera.
        Las nueces y el nogal son como una farmacia: tienen remedio para casi todo. Las nueces controlan el colesterol y la hipertensión, previenen la arteriosclerosis y las enfermedades cardiovasculares, son antioxidantes, contienen vitaminas... Y las hojas del nogal son relajantes, ayudan a la cicatrización de heridas, curan infecciones, previenen la caída del cabello y sirven de tinte para el mismo, controlan la diabetes, la tos...
             Pero si consigues una nuez de tres (o mejor, de cuatro) cantos o costuras, puedes usarla para esto:


Cuando maduren tus nueces,
en otoño ya mediado,
 buscaré alguna especial
con sus rasgos bien marcados:
 la cáscara tres costuras
 ha de tener, mejor cuatro.

Voy a decirte el porqué:
 Porque en tiempos ya lejanos
el dolor se nos curaba
 con remedios ordinarios:
 una nuez de tres costuras
 curaba dolores varios,
 desde el de muelas y oídos,
 hasta el de tripas y estómago,
los dolores de cabeza,
y el de piernas y costados…
Todo eso lo arreglaba
 la buena nuez de tres cantos,
es decir, de tres costuras,
 y mejor si era de cuatro.
 Las locuras infantiles
o loqueras de niñatos
las curaba la psicóloga
 con la alpargata en la mano…
 Era su posología
un arte sencillo y claro:
“meta la nuez en el bolso
 y guárdela con cuidado”.
 Al cabo de un rato, o tiempo,
los dolores van marchando
sin necesidad de médicos
ni acudir al boticario.
 ¡Dizque la psicología
puede hacer hasta milagros…!

Otra creencia extendida, 
sobre todo por el campo,
era que las buenas nueces
hacían cerebro magno,
que por algo es el su fruto
 cerebriforme copiado.
 ¡Seguro, algunos mayores
 de niño no las probaron!

Al recordar estas cosas
 me quedo yo repensando: 
“─Si somos cual niños grandes
 los que llegamos a ancianos,
el dolor de nuestra artrosis
¿no podrá quizá curarlo
una nuez de tres costuras o,
más rara, una de cuatro?”
 ─Produce, nogal, tus nueces
de tres costuras o cuatro,
porque quiero comprobar
 si las que son de ese grado
 pueden curarme el dolor,
o aquello fue solo engaño.

                                  José Luis Rodríguez I.





Puedes leer más sobre REMEDIOS CASEROS en:

- "... que un días os vais a matar..."

- "QUEMADURAS, DOLOR DE MUELAS, CATARRO..."

- "LAS INYECCIONES, LOS OÍDOS, LA TRIPA..."

- "EL JARABE, EL DIENTE, EL SARAMPIÓN..."

- "LOS MALES SICOLÓGICOS".


Y más sobre MICIECES en:




jueves, 17 de enero de 2019

Micieces de Ojeda. "SIMPLEMENTE VERSOS"





“SIMPLEMENTE VERSOS”

Escuchar y ver el Himno a Micieces de Ojeda en un salón de actos lleno de espectadores… no tiene precio.

 









Lo escuché y lo vi en la presentación del libro Simplemente versos”, de Pepe (o sea, de José Luis Rodríguez Ibáñez), en el colegio Santa Rita de Madrid el día 14 de enero de 2019.
¿Y por qué el himno a Micieces abrió el acto? ¿Y por qué lo comento en este blog de “Micieces es mi pueblo”? Pues porque el autor es de Micieces y una parte del libro se refiere a Micieces.

Simplemente versos es un libro de… versos. Como tal, hay en él todo tipo de versos y de estrofas. Cuando los versos son complicados, el lector se pierde tratando de compaginar la idea y el ritmo. Y la lectura se convierte en un trabajo. Los versos de Pepe son fáciles de leer: las palabras justas nos llevan a las ideas claras. La musicalidad y el ritmo aparecen sin esfuerzo. De pronto te das cuenta de que no solo estás leyendo versos, ¡estás leyendo poesía!
La poesía es canto, es sentimiento: alegría, dolor, tristeza, rebeldía, esperanza, dulzura, angustia, humor, sencillez… que el autor encuentra en temas comunes y sucesos cotidianos: unos niños que rompen un cristal, un árbol vencido por el viento, un cubo de agua que se derrama, el nacimiento de un niño, la muerte de un ser querido, dos enamorados, un amanecer, una reunión familiar o la visión de una vida “desde el otoño”.

El P. Juan Antonio Vives, en el prólogo, dice que la obra poética de Pepe gira en torno a tres ejes: Micieces, la amigonianidad y el maestro. Yo agregaría otro: el colegio Santa Rita. Y considero que el ser amigoniano, ser maestro y además haber formado parte del colegio Santa Rita durante más de 30 años, hace que los temas que se refieren a estos ejes de su producción poética estén perfectamente amalgamados, pero no confundidos.

El eje que el P. Vives llama Micieces es muy especial: “ocupa, de forma primordial, el corazón de su cantar poético”. Con sencillez y primor describe paisajes, iglesias… Con ternura y humor cuenta (y, a veces, “recrea”) leyendas, historias, anécdotas…





Quienes hicieron la presentación del libro y del autor (PP. Juan Antonio Vives, Jesús M. Etxetxikia y José A. Lostado) dijeron cosas muy bonitas de ambos. Y yo, hermano del autor, estoy plenamente de acuerdo. Y además admiro a mi hermano por la sencillez con que lleva la grandeza de ser amigoniano, maestro, poeta… y de Micieces.


                                                                                   ARI




 Puedes ver más sobre Micieces de Ojeda en :


Himno a Micieces de Ojeda