VACACIONES DE VERANO - 2025
1. ¡Vacaciones de verano,
qué alegría, qué descanso…!A mi corazón amanso
con planes al por mayor.
Soy enfermo y jubilata
y en convento residencia
resido por obediencia,
necesidad y dolor.
el cierzo nos lo amilana
...Pero también es de todos aquellos que quieran conocer y compartir sus historias, anécdotas, recuerdos y todo lo que hace que Micieces sea "Nuestro Pueblo".
VACACIONES DE VERANO - 2025
1. ¡Vacaciones de verano,
qué alegría, qué descanso…!A mi corazón amanso
con planes al por mayor.
Soy enfermo y jubilata
y en convento residencia
resido por obediencia,
necesidad y dolor.
Fue la leche de las burras
desde los tiempos antiguos,
usada así al natural
o con otros aditivos,
y elemento curativo,
y buen cosmético humano,
muy caro, pero efectivo.
Esto venía de lejos,
de los imperios egipcios,
que los griegos les copiaron
y por Roma fue asumido.
La famosa Cleopatra
se bañaba en dicho líquido
y obnubiló a Julio César,
a Marco Antonio lo mismo,
deslumbró con sus hechizos.
La Popea de Nerón
tenía un rebaño asnino,
de buenas asnas lecheras
que se llevaba consigo
cuando la corte imperial
marchaba de uno a otro sitio.
De otras damas de la historia
otros hechos parecidos
se cuentan como curiosos,
pero siempre son verídicos.
Cosmético muy valioso
la leche de burra ha sido,
tenía que ser muy rico.
En los pueblos castellanos
era requetesabido
que la leche de las burras
tenía algunos principios
sanativos, curadores,
sobre todo para niños.
Semejante es a la humana,
con un dulzor exquisito,
minerales positivos,
que ayudan y fortalecen
eso del metabolismo…
y otras muchísimas cosas
que médicos y científicos
saben y han investigado
y lo cuentan en los libros…
En el común de la gente,
por vergüenza y miedo a dichos
y refranes populares,
era familiar sigilo
si la leche de la burra
se usaba como un auxilio
en enfermedad o males
diversos y conocidos.
hace de esto casi un siglo,
los remedios naturales,
el saber de los antiguos,
los rezos con fe y paciencia
eran casi único alivio.
Pues sucedió que a su tiempo
una niña al mundo vino
la novena de sus hijos,
hermana de la mi madre,
– de ella, pues, yo soy sobrino–.
Como Teya, hipocorístico,
todos la hemos conocido.
Y la niña va creciendo
con carácter enfermizo,
pequeñita y frágil niña,
a la que enferman el frío
del invierno y, del verano,
sol y calor excesivos;
tiene alergias y problemas
en el tracto digestivo…,
y otras muchas cosas más,
sin encontrar lenitivo.
Pues el médico un buen día
a mi abuelo esto le dijo:
‒Sé que la penicilina
un inglés nos ha traído,
la compran algunos ricos:
Si quieres que tu hija viva,
acudamos al auxilio
de remedios naturales,
más baratos y… efectivos:
¡cómprate burra parida…!
¡Leche de burra prescribo!
Dice mi abuelo a mi abuela:
–¡Ya lo tengo decidido:
voy a comprarle la burra
a la Deria del Basilio.
–¡Por fin ya llegó la hora…!
¡Cuántas veces te habré dicho:
necesitamos la burra,
compra la burra al vecino!
Y la burra le compró,
y con ella a casa vino.
Para los hijos presentes
fue alegría y regocijo.
Y bebió leche de burra
la Teya desde allí mismo.
Y desde aquel mismo entonces,
su aspecto tan abatido
de infantil y salutífero.
Era una burra… burreña,
de color desmerecido,
brusca y algo traicionera,
poco amiga y sin amigos,
pero se deja ordeñar
y dio su leche en servicio.
Y cuando ya se secó,
habían de la Teya huido
los males que la aquejaron
y ella lucía cual lirio.
Vendieron, pues, la pollina
después de un tiempo impreciso,
a un tratante de feria
sin preguntar su destino…
Y siguió la vida el curso
que tenía ya prescrito.
Y la Teya llegó a moza,
se casó y tuvo sus hijos,
ha llegado a ser abuela
Dentro de la mi familia,
la más longeva es y ha sido:
le faltan solo cinco años
para que cumpla ya un siglo…
Es que la leche de burra
tiene poderes… divinos.
O quizá es medicinal
porque tiene unos principios
que no conocen final
ni marcado ni cumplido…
¡Que lo dice el señor Google,
que yo lo he visto y leído…!
Si alguno lo experimenta,
dígamelo, que le sigo…
(JLR)
También puedes ver:
- EL "MINUTO" Y EL "SEGUNDO" DEL TIO PEPÌN.
- EL "PICIAS" DE TIO EVARISTO.
Y más sobre Micieces en: CONTENIDOS.
EL "NIÑO" DE TIO FELIPE
Este sí que era un Platero,
pequeño, suave, aburrado,
cariñoso, juguetón,
Por eso, llegado a casa,
se quedó Niño apodado.
Tio Felipe lo compró
y el porqué no lo ha explicado:
quizá para no andar mucho
y no gastarse el calzado,
puesto que era el caminero
de carretera de cantos,
y tapaba algunos baches
O porque, buen cantinero,
buscaba lo del milagro:
–Tú me trasportas al agua,
que yo del vino me encargo…
–alguien dijo que le dijo
al burrito aplaterado.
Cuando tio Felipe se iba
a la fuente con el jarro,
el Niño le iba siguiendo
por si veía el milagro.
Yo creo que sí lo había,
que a la cantina cercano
estaba el grifo del agua
y el vino no fue acabado.
El hijo de tio Felipe,
de la mía y mi cuadrilla,
pero niños no había tantos
y muchas veces con él
íbamos juntos al campo.
Por costumbre respetada,
las cunetas y su pasto
de la nuestra carretera,
cuando aún no había asfalto,
eran del tio caminero
cual usufructo de pago.
en los días sin trabajo,
llevaba a pacer sus vacas
su verde y su fresco pasto.
Y el Niño se iba con ellas
juguetón y siempre manso.
A los que éramos más niños
nos dejaba en él montarnos
imaginando aventuras
en otros mundos lejanos.
Algunas cosas hicimos
que a nadie nunca contamos,
de pueblo, pero no malos‒:
con un puro cochambroso
a uno le emborrachamos
y, para dormir su mona,
en un pajero tapamos;
corrimos a las perdices
que comían en un campo;
vigilamos algún nido
para quitarle los pájaros;
sacábamos las patatas
de algún linar más cercano
y en el fuego de una hoguera,
pacientes nos las asábamos;
escondidos en la hierba
a los que por la carretera
iban andando o en carro…
Cuando conocí a Platero
después, en el seminario,
era como si el poeta
al Niño hubiese copiado.
Yo me marché de mi pueblo
y del Niño perdí el rastro,
mas releyendo a Platero
al Niño veo en retrato.
(José Luis Rodríguez Ibáñez).

También puedes ver:
- EL "PICIAS" DE TIO EVARISTO.
- EL "MINUTO" Y EL "SEGUNDO" DEL TIO PEPÍN.
Y más sobre Micieces en: CONTENIDOS.
EL "PICIAS" DE TÍO EVARISTO
En la feria de Cervera
compró tío Evaristo al Picias,
un burrito a lo Platero,
pero con más rebeldía,
que mala leche y carácter
Contento cuenta la compra
el padre a la su familia,
mientras se queja del hombro,
del brazo y la pantorrilla.
‒El burro nuevo en la cuadra
me hizo la primera picia…
‒¿Y cómo se llama el burro?
Y la madre sin pensarlo
responde: ‒Llamadlo “Picias”.
Y con Picias de
bautismo
se quedó para su vida.
Y el bueno del burro aquel
a su nombre honor hacía,
y rara era la semana,
incluso raro era el día,
en que en honor de su nombre
alguna no les hacía.
Al pobre tío Evaristo
le había cogido tirria:
lo desmontaba el tal Picias,
y lo arrastraba buen trecho
por calle, tierra o campiña;
o rozaba en la pared
su nalga, pierna y rodilla;
o escogía su camino
sin obediencia a la brida…
Así que tío Evaristo
de fresno o zalce tenía
una vara preparada
para darle en las costillas
varazos, nunca sangrientos,
de acuerdo a sus fechorías.
No sé yo si doblegó
o domesticó algún algo
del burro la burrería,
pero se volvió más dócil
y amistoso en sintonía.
Si la burricie le daba,
le volvía su ojeriza
y hacía otra travesura,
faena, maldad o picia.
Estaban las dos hermanas
montaditas en el Picias
cual amazonas felices
Pero cruzar aquel río
el burro no lo quería
por el vado del molino:
por su cuenta se encamina
hacia el sendero del cuérnago
sin hacer caso a la brida,
ni obedecer al ronzal,
ni a las dos mozas que gritan.
Y coge, para más inri,
un trotecillo cainita
con el que las amazonas
rebotan en sus costillas.
Luego, agacha su cabeza
y… ¡parada repentina!
Y entre gritos y palabros
a rebozarse en el barro
del cuérnago derechitas.
Si en dibujos animados
se hiciese la escena dicha,
riéndose a carcajadas
el Picias
las miraría
con rebuzno de garganta
burlándose de ambas chicas…
Cuando lo cuentan en casa,
aquello es cosa de risa.
la picia perdona al Picias:
la vara de fresno o zalce
queda en su sitio tranquila.
Y el burro se come el pienso
pensando en próxima picia.
Camino del Indiviso,
a la izquierda de la ida,
pasado lo de la Reina,
en ladera seca y lisa,
el güicero sesteaba
en época de la trilla:
los animales de era
la gente allí recogía.
montado en el burro Picias
a recoger del güicero
otro animal para trilla.
O porque mucho le arrea,
o porque la sangre le hervía,
o porque honor a su nombre
la picia querer hacía,
del trote pasó al galope
ya muy cerca de donde iba.
Y Marianín, que era niño,
montado se mantenía
agarrado a brida y crines,
y asustado, grita y grita…
Los que van por el camino,
miran y lo visto admiran.
Mas dos niños imprudentes,
en el medio se ponían
con gritos fuertes y gestos
para que se pare el Picias.
otro de la cola tira
‒el del cuello es quien lo cuenta;
el otro, amigo de quinta‒:
sorprendido y asustado
el burro se detenía.
Temblando baja el jinete
más blanco que leche hervida,
y se sienta en el ribazo
porque de pie se caía.
‒No se lo digáis a nadie,
que me prohíben al Picias.
Todo el pueblo al poco rato
lo que pasó ya sabía.
Si es que en el pueblo los chismes,
En casa de los abuelos
luto y silencio tenían:
la abuela se había muerto
en su cama a mediodía.
Silenciosas y llorosas
las mujeres se movían
preparando quisicosas
que el negro luto imponía.
Hay que comprar medias negras,
y ropa en negro teñida.
En Micieces no lo venden,
ni tinte para teñirlas…
–En la tienda de Olmos hay:
que alguien lo traiga de prisa…
Y allí están aquellos primos,
nietos de la fenecida,
oyendo sin comprender,
suponiendo qué querían.
–Vosotros dos vais a Olmos
y compráis lo que os digan.
escrito en caligrafía.
–Y no perdáis el dinero…
–Y no compréis chucherías…
–Y para que no os canséis,
os lleváis al burro Picias.
Las caras de los dos primos
cambian hacia las sonrisas:
una aventura nos da
la abuela ya fenecida.
El asno espera en la calle
con el ronzal como brida,
una manta como albarda,
las alforjas pequeñitas,
y la clásica paciencia
de la raza de burricia.
Los dos primos con cuidado
y con saltos esforzados
se sientan en sus costillas.
‒¡Arre, Picias,
adelante,
que vamos a la conquista!
Y a grito pelado entonan
una canción muy redicha
de las de días de fiesta,
de los bailes o cantinas.
Tan fuertes eran los cantos,
o trinos de los que trinan,
que las nubes asustadas
dejan la atmósfera limpia.
De la casa funeraria
‒¡Que está de cuerpo presente
la abuela aquí todavía…!
Mas los jinetes se alejan
al trote del burro Picias
camino de la aventura
que nunca solos harían…
Enfilado ya el camino,
recuerdan que alguien decía
que es mejor Quintanatello,
que allí más cosas había.
Y deciden decididos
alargar la travesía.
Para que el burro descanse,
turnan la jinetería:
y el otro va en sus costillas.
Quintanatello recorren
y no ven la mercería:
‒¡Qué sabrá tío de lutos,
si es de mujeres la lista…!
Enfilan la carretera
y hacia Olmos se encaminan.
En Olmos sí que la encuentran
y compran lo que debían.
Lo meten en las alforjas
y los tres con alegría
vuelven contentos a casa
y llegan siendo de día,
y dan lo comprado y cuentas
A la cuadra a que descanse
se llevan los dos al Picias,
que a pesar de ser quien era,
ni le asomó la malicia.
Para algunos enlutados,
los que hicieron la gran picia
fueron aquellos dos primos
que a gritos cantan y trinan
y no guardan el gran luto
por la abuela fenecida.
Pero el día del entierro,
enlutados todos iban:
es que los primos aquellos
Con el pasar de los años,
se pierde en la historia el Picias.
Lo vendió mi tío Evaristo
a tratante de allá arriba,
y se trajo bien domada
y apañada otra borrica,
que nunca llegó a borrar
el recuerdo de aquel Picias.
- ASNOS DE MICIECES. Y más sobre Micieces en CONTENIDOS.