viernes, 18 de septiembre de 2020

Micieces de Ojeda. DORMIR EN LA ERA (completo).






 







Recuerdos de mi niñez. ¡Qué bien se pasaba en la era!



DORMIR EN LA ERA

(Completo)


Estas tierras cultivadas,
aunque las veas sembradas,
en un tiempo que pasó
fueron las eras del pueblo.
En el verano la vida
tan laboriosa  y sufrida
el pueblo aquí la vivió.

En invierno eran las eras
solitarias parameras
esperando siempre al sol.
Luego, crecía la hierba.
A su tiempo se segaba
y su suelo se asentaba
y asumía el nuevo rol.

Siendo chiguito solía
en verano si quería
a la de mi abuelo ir.
Cual agostero hacendoso
a veces hasta trillaba,
o hacía que trabajaba:
era un juego para mí.

Y al remanso me ponía
cuando el cierzo nos traía
el frío y olor  a mar.
O me marchaba  a mi  casa,
después de haber merendado
y haber la parva aparvado,
tan contento  a descansar.

Es que en mi pueblo el verano
en el entonces lejano
era duro de aguantar.
¡Cómo han cambiado los tiempos!
En el campo era la vida
y estaba siempre absorbida
por la labor estival.

El grano, una vez beldado,
limpio ya y bien acribado,
ya se podía guardar.
Y cuando no daba tiempo,
en sacos almacenado
o en parvero amontonado
debía en la era esperar.

Decían que por la noche
alguno hacía desmoche
de los sacos y el montón.
Y no era el hombre del saco,
mas en un saco robaba
si el dueño no vigilaba
al noctámbulo  ladrón.

Mis tíos Julio y Mariano
una noche del verano
me llevan a vigilar.
Era una noche estrellada,
la luna no había salido,
no se oía ningún ruido,
solo al mochuelo ulular.

Sobre la hierba tumbados,
mirábamos  encantados
las estrellas titilar.
Era un cielo tan bonito…
Cual papel agujereado
era el cielo traspasado
por una luz desde atrás.

Entre las más rutilantes
de las estrellas brillantes,
vimos la Estrella Polar.
Hay un sendero lechoso
que recorre todo el cielo
y refleja al que en el suelo
a Santiago ha de llegar.

Estuvimos mucho rato
acechando como gato
por ver la estrella fugaz.
Con todo el cielo estrellado,
no llegó la esaboría,
o yo ninguna  veía.
Y me entró el sueño tenaz.

Pues a la cama nos fuimos,
entre mantas nos metimos
y empezamos a dormir.
Al remanso del pajero,
hicimos colchón de paja
con cueva en su parte baja
para el relente eludir.

Yo me dormí en un momento.
Mi sentido y sentimiento
no extrañaron el lugar.
Y mis tíos se turnaban
vigilando si el del saco
era de verdad un caco
que nos quería robar.

Y la noche ya mediada,
una voz muy alterada
de mi sueño me sacó.
Estaba de pie mi tío
con una horca en la mano;
y el otro, al trigo cercano,
vara en alto, le gritó.

Junto a ellos fui corriendo
y solo una sombra huyendo
me dio tiempo a divisar.
–¿Era aquel hombre el del saco?,
les pregunté yo excitado.
–Lo llevaba preparado,
mas no se pudo acercar.

Creo que corriendo huía…
–Es porque miedo tenía
de dejarse conocer.
Vámonos, pues, a la cama,
que el colchón estará frío
porque ya le cae el rocío,
y el ladrón no va a volver.

¿Que no vuelve? ¿Tú lo sabes?
–Estos robos son muy graves.
–¿Y le vais a denunciar?
–No. Y que nadie nunca sepa
si aquí ha venido algún hombre,
ni cuál sería su nombre…
–Ni si venía a robar.

Cuando el sol por el oriente
tres varas lleva en creciente,
el ruido me despertó.
Arreglamos el pajero,
todo ordenado dejamos,
en la fuente nos lavamos
…y la historia se acabó.

Ha pasado mucho tiempo
y lo cuento hoy a destiempo,
que nunca antes lo conté.
Pero siempre he recordado
aquella noche en la era
que fue la noche primera
que en el campo me pasé.














martes, 1 de septiembre de 2020

Micieces de Ojeda. LA MORA DE LA FUENTE (V). Berzosa de los Hidalgos.



En Berzosa de los Hidalgos, visitando la Fuente La Mora.



LA MORA DE LA FUENTE
Parte 5ª.

Toda la noche el hidalgo
vela a su mora querida.
De la muerte de la joven
"Libro de Leandro".
pronto corre la noticia
y entre moros y cristianos
pocos y escasos vendrían,
si no fuera porque vienen
algunos de sus familias.


Los moros quieren llevarla
a enterrar a morería.
Si la entierran los cristianos,
camposanto no tendría.
Y entonces el berzoseño
esto dice con hombría:
¾Enterrarla en camposanto:
que no es digna me dirían;
mas los moros en el suyo,
tampoco la merecían.
Así que yo lo decido
según lo que ella quería:
una tumba en la brecera,
de frente a la fuente limpia,
de brezos acompañada
y del cierzo protegida,
sin robles que el sol le roben
y de cara al mediodía.
He dicho. Y así se hará
La Fuente La Mora.
aunque me cueste la vida.
Los que están de acuerdo, callan;
los disconformes,  ni pían.
Y cavan profunda fosa
donde el joven se lo indica.
Y cuando el hoyo está hecho,
el hidalgo deposita
el cuerpo de la su amada
con suavidad infinita,
y con ternura le expresa
amorosa despedida.
Las lágrimas por su cara
corren libres y crecidas
mientras tapan aquel hoyo
con la tierra removida.


¾Quiero brezos con raíces
para sembrar por encima…
El brezal le dará flores,
que  todos le negarían…
Solo unos cantos rodados,
en montón,  señalarían
la tumba donde la mora
por siempre descansaría.
Nunca dijeron su nombre
La Olma de Berzosa.
y nunca escrito sería:
solamente fue una mora,
mora de la morería,
de un cristiano enamorada
y que fue correspondida.
Mas la fuente de aquel valle
su nombre simple tendría,
pues el de “FUENTE LA MORA”
por siempre ya llevaría.

Fin.

(JLR)








Valle de la Fuente de la Mora, en el límite de Berzosa con Micieces.
Valle de La Fuente La Mora, en el límite de Berzosa con Micieces.



Puedes ver :




viernes, 21 de agosto de 2020

Micieces de Ojeda. LA MORA DE LA FUENTE (IV). Berzosa de los Hidalgos.




LA FUENTE DE LA MORA



LA MORA DE LA FUENTE
(Parte 4ª)

El sol está tras el monte
y anuncia la anochecida.
Saben los enamorados
que es hora de despedida.
Bajan juntos a la fuente
que en el valle refulgía,
y beben juntos del agua
que mana tan clara y limpia.

Y después que ya han bebido,
un beso de despedida…
Mas el beso nunca llega
porque un traidor asesina
a la mora enamorada
cuando ya se despedían.
Un fanático y celoso
el encargo recibía
de los que siempre se adueñan
de las leyes y la vida:
es la venganza anunciada,
es la justicia islamita.
Días lleva vigilando
y espera ocasión propicia.
Y ahí la tiene esa tarde
cuando sueñan con la vida
esos dos enamorados
en contra de sus familias.
El lugar es una fuente
que en el valle refulgía;
es la hora la apropiada,
no es aún la anochecida.
El traidor, como serpiente,
busca distancia precisa.
Está la mora de espaldas
y abrazados ya se habían.
Una flecha volandera
dispara con puntería:
por la espalda se le clava,
por el pecho aparecía;
y el corazón, en el medio,
atravesado sería.
La joven daba un suspiro,
y hasta el suelo se escurría.
- ¿Qué te sucede, mi mora,
qué te pasa, mora mía…?
Una rosa colorada
en su pecho le nacía,
y crece con rapidez
robando rauda su vida.

Tan duro y denso es el aire
que le duele si respira;
apenas le quedan fuerzas,
sus ojos casi no brillan…
Y el joven sobre la hierba
con amor la deposita...
¡Tantas cosas que decirse
les quedaban todavía…!
Solo se pueden decir

con cuánto amor se querían:
ella en silencio lo expresa
con su mirada y sonrisa;
él, con su mano en las suyas,
llora en silencio y la mira…
A borbotones de sangre
se le fue el alma y la vida.


(Continuará)

JLR




Puedes ver (hacer clic):



miércoles, 12 de agosto de 2020

Micieces de Ojeda. LA MORA DE LA FUENTE (III). Berzosa de los Hidalgos.








LA MORA DE LA FUENTE 
(Parte 3ª)

Cuando la noche ha pasado
y llega la amanecida,
los dos galgos corredores
tristes andando volvían,
y a la puerta de su cuadra
el fiel caballo relincha.
Alguien lo ve sudoroso,
rápido le desensilla
y encuentra un papel doblado
con unas letras escritas:
“está con vida el cristiano
cuidado en la morería,
no se le puede mover
mientras cura sus heridas”.
Y la madre, porque es madre,
saber más cosas querría;
pero el padre se conforma
con que el hijo esté con vida.
Lentos los días se pasan
en una espera intranquila
y a los ocho del suceso
un mensajero venía.
¾Decidme, muchacho moro,
de mi hijo las noticias…
¾Su hijo, señor hidalgo,
vivo está en la morería,
que mi ama lo encontró
en el monte ya hace días
más cercano de la muerte
de lo que estaba a la vida.

¾
Pues iré a por él, que debo
traerlo a casa  enseguida…
¾No se le puede mover,
que entonces no curaría.
Mi señora sabe el arte
de curar cualquier herida.

         **********

Y después de varias lunas
el hijo a casa volvía.
Fiesta le hace su gente,
bailes, música, comida:
él parece agradecido,
pero su mente está ida.
¾¿Será el golpe en la cabeza?
¿Será alguna medicina?
Sigue saliendo de caza
al monte todos los días
con sus galgos corredores,
mas vuelve sin cacería.
¾¿Qué le pasa a nuestro hijo
que tiene la mente ida
y no presta ni atención
a las cosas que debía?,
el padre se preguntaba.
Y la madre respondía:
¾Es que tiene mal de amores
con mora de morería…
¾¿Qué le pasa a nuestro hijo
que tiene la mente ida
y no presta ni atención
a las cosas que debía?,
el padre se preguntaba.
Y la madre respondía:
¾Es que tiene mal de amores
con mora de morería…

Por el pueblo los rumores
de boca en boca corrían:
¡el hidalgo enamorado
de mujer mora se había!

También los mismos rumores
llegan a la morería.
Y las gentes de ambos pueblos,
y mucho más sus familias,
no comprenden ese amor
que consentir no podrían.
Al cristiano le prohíben
entrar en la morería;
y a la mora la vigilan
por si con él se veía.
Solo en el monte ya pueden
encontrarse, y a escondidas.
¾Si sigues con el cristiano,
te mataremos un día…
Los moros de aquel su pueblo
con este dicho le avisan.
¾¿Un hidalgo y una mora?
¡Pues perderás la hidalguía…!,
con amenaza su padre
muy claro se lo advertía.
Pero el amor es así,
que si le impiden, se obstina.
Y los dos enamorados
siguen viéndose a escondidas
y hacen planes de futuro
donde estén juntas sus vidas.

(Continuará)
(JLR)




Puedes ver :



Y más sobre Micieces en:


miércoles, 8 de julio de 2020

Micieces de Ojeda. LA MORA DE LA FUENTE (II). Berzosa de los Hidalgos.






LA MORA DE LA FUENTE
(Parte 2ª)

Había en el brezal esa mañana
una joven mora muy galana.

Plantas, hierbas y bayas rebuscaba:
con ellas medicinas fabricaba.

El oficio de médico ejercía
con sus gentes que son la morería.

De pronto oye de galgos los ladridos,
y teme a los cristianos mal nacidos.

Un moro solo en monte de cristianos,
¡qué peligro si llegas a sus manos!

Si es una mora joven y agraciada,
¡lo mejor es … en casa y bien cerrada! 

Entre matas agrestes se ocultaba,
esperando por ver lo que pasaba.

A una liebre dos galgos persiguiendo
pasan cerca de ella rüido haciendo.

Un jinete detrás de ellos galopa,
y la rama de un roble con él topa.

El golpe en la cabeza recibido
hace que caiga al suelo sin sentido.

Todo lo ve la joven escondida
y a ver qué pasa espera estremecida.

Y al darse cuenta de que nadie viene,
al jinete se acerca a ver qué tiene.

 **********

Sale, pues, de su escondite
y al hidalgo se aproxima.
Un vistazo es suficiente
para ver lo que tenía
Le refresca con el agua,
le coloca boca arriba,
le venda la su cabeza,
le cura las sus heridas…
Coge después su caballo
que suelto está y que la mira,
sube al herido sobre él,
lo lleva a la morería,
lo acuesta en su propia casa
que hace de enfermería,
le da a beber un hervido
como mejor medicina…
Luego, sale y al caballo
le dice con voz tranquila:
Corre a tu casa, que sepan
que tu amo está con vida,
y que al cristiano una mora
le cuida en la morería.

Un papel con el mensaje
consigue atar a la silla.
Una palmada en la grupa
le da,  y así le encamina
en galope solitario
hacia su cuadra en la villa.

Del hidalgo berzoseño
nada ninguno sabía.
Espera nervioso el padre,
ansiosa la madre mira
las sombras que hace la noche,
y a san Cristóbal suplica
que de las sombras oscuras
vuelva su hijo con vida.

Los criados y sirvientes antorchas prepararon,
las cogen los vecinos y al campo se marcharon.
La luna y las estrellas a brillar comenzaron.
El resto de la noche al hidalgo buscaron.

Las antorchas se apagan, están ya consumidas,
el alba por oriente anuncia amanecida,
la gente considera que es búsqueda perdida
y vuelven a sus casas con alma dolorida.

No han visto del hidalgo ni mínima señal:
seguro que ha tenido un destino fatal.
La madre llora al hijo, el padre llora igual,
la casa está muy triste pues falta el principal.

(Continuará)

JLR



Himno a Micieces de Ojeda