domingo, 11 de junio de 2017

Micieces de Ojeda. SAN BERNABÉ, EL DE MICIECES (II). Los refranes y el accidente.








SAN  BERNABÉ, EL DE MICIECES

EL  SAN BERNABÉ  DE LA IGLESIA PARROQUIAL: Es una talla en madera policromada. Ss. XVI-XVII. Artísticamente parece  de un escultor popular: pies, manos y cabeza están desproporcionados respecto al cuerpo. Está en la pared frontal de la nave derecha ¾mirando al altar mayor¾ de la iglesia parroquial).

Fue allá por los finales del s. XVII (aproximadamente). San Isidro, el de Madrid, era el patrón de los labradores, sobre todo de los españoles. Pero el rezar, el encomendarse a alguno más, el seguir levantando los ojos al cielo en oración esperanzada, no estaba nunca de más. Y la devoción a san Bernabé, como protector de los sembrados y de los labradores contra el pedrisco, los granizos y las tormentas veraniegas, se extendió por toda la cristiandad. El único seguro que el labrador tenía, y del que estaba más o menos seguro, era Dios. Y san Bernabé debía de ser un santo de cierta influencia, que no en vano se había ganado el título de apóstol, aunque fuese de segunda línea.
Y, además, su fiesta caía muy a propósito: el 11 de junio. Estaba en los días más largos, es decir, cerca del solsticio de verano. Y nacen los refranes relacionados con el campo y el santo:
·        SAN BERNABÉ (o Por san Bernabé): el trigo espigaré; el centeno cerneré; y la cebada no sé si podré. (Espigar: cuando los cereales echan la espiga. / Cerner: referido a los cereales y sus espigas, florecer: el centeno se dice que cierne cuando florece).
·        El día de san Bernabé dijo el sol: “Aquí estaré”. (Porque son ya días de mucho sol, ya propios del verano).
·        Desde san Bernabé, al centeno se le corta el pie. (Si es para forraje, se puede segar ya).
·        Malo si, por San Bernabé, no ha dejado de llover. (Si llueve mucho, ya es a destiempo: estropeará la cosecha).
·        Trigo florecido en San Bernabé, para agosto tira de tu panera la pared. (Si florece el trigo por estas fechas: buena cosecha).
·        Para el día de San Bernabé la siega de prados está bien. (La hierba y forrajeras, se pueden ya segar por estas fechas).
·        El día de San Bernabé dice el sol: «Hasta aquí llegué y de aquí no pasaré».
·        Dijo el sol a san Bernabé: “Más no me levantaré”. (No va a subir más en el horizonte porque ya llegó al solsticio. Por eso: no se elevará más.)
·        El día de San Bernabé, llena la oveja el saco; el día de Santo Tomás, llena la oveja una cuarta nada más. (Todo se debe a los días largos o cortos: la oveja pace más o menos tiempo).

Hoy día muchos de los refranes que hacen referencia a la agricultura y al
tiempo han perdido su validez, totalmente o en parte. Puede haber influido mucho, y lo ha hecho, eso del cambio climático. Pero también la cuestión de sistemas de cultivo, de siembra, las nuevas semillas… Si es que, aunque no lo parezca, también en la agricultura  las ciencias avanzan que es una barbaridad…

Pues Micieces, pueblo agrícola, creyente y siempre mirando al cielo para
rezar y ver qué caía de él o que le deparaba el tiempo, decidió que necesitaba un santo protector de sus sembrados, sobre todo de los cereales. ¿Y qué mejor santo que uno que fue apóstol y al que ya se rezaba en el pueblo, en la iglesia universal y en los pueblos aledaños? Y buscaron un santo, su santo, en algún taller popular, pero no chapucero. Y el artista se lo ofreció a buen precio (es un suponer, que si no, no lo compran).
Había por los pueblos de una cierta importancia talleres de artistas,
escultores  y  pintores, que se dedicaban a hacer santos y cosas de iglesia, además de completar sus ingresos con otras fórmulas artísticas. Y el artista aquel les aseguró un buen santo y a un precio discreto.
Cuando se llevaron a su pueblo la imagen y los miciecenses la vieron, es de creer que no todos quedarían contentos  y  más de alguno se sentiría decepcionado: aquel san Bernabé  parecía hecho con restos de otras obras que el artista no había podido ensamblar en  otras imágenes. ¡No había proporción entre cabeza y cuerpo, brazos y manos…! ¡Daba la sensación de que algo no pegaba en la imagen!
Mas, aunque hubiera sido un palo de escoba, lo hubiesen aceptado, porque el verano estaba encima ya, la cosecha ofrecía esperanzas y las nubes seguían amenazadoras… Así que con muy buen criterio, alguien les convencería de que lo importante no era la imagen, sino la realidad que representaba: ¡y esa realidad era un santo apóstol patrono de  los sembrados!

Y la verdad es que el san Bernabé de Micieces no es feo, aunque sea desproporcionado. Y su cabeza es muy expresiva, auténtico retrato de un personaje de la helenidad. Los rizos de su pelo y de su barba son auténtico retrato de un personaje romano. El manto, echado sobre el hombro y ceñido a la cintura, lo está de una forma romana muy elegante. A su brazo derecho solo le falta añadirle las palabras que está diciendo: gesto de predicador. El dedo gordo de la mano derecha es…
 enormemente grande: así podía sostener una buena manada o ramo de espigas. En la mano izquierda sostiene un gran libro, apoyándolo en el cuerpo a nivel de la cintura. Es, supuestamente, el Evangelio de San Mateo, del que fue fiel copista y trasmisor. Los pies, lo que se ve, los dedos, pues el resto se lo tapa la túnica, también son desproporcionados en grande. En el lenguaje iconográfico bien puede querer resaltar aquella frase de la biblia: “dichosos los pies de los que anuncian el evangelio”, frase muy apropiada a la vida de san Bernabé.
El colorido, tal como ha llegado a nosotros, es vivo, llamativo y no desagradable. Su túnica en azul oscuro está tachonada de estrellas doradas. El manto es rojo  intenso con un borde dorado. No es ropa de pobre. Es que la imagen representa un patricio romano, o helénico, de buena posición social y económica, tal y como  parece que fue la realidad de la vida del santo antes de ser apóstol.
Pues este es el san Bernabé al que hemos rezado los miciecenses pidiendo protección para las cosechas, y al que sacábamos todos los años en procesión sin más adornos, no los necesitaba, que unas flores y una manada de espigas atada a su enorme mano derecha.


NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

Pero hete aquí que un año (2015) se le sacaba en procesión como todos, con sus flores, su manada de espigas, con el pendón abriendo la procesión (precisamente el pendón "nuevo" se estrenó el día de san Bernabé de 1955), sus gentes cantando y rezando… y charlando y mirando al campo (otra forma de rezar). Y alguien de los portadores de las andas, dudó al echar el pie, tropezó, tembló, se desniveló, perdieron todos el paso y el santo, el pobre, vino a dar con sus huesos ─bueno, es un decir─ en el suelo. Un “¡Ay…!” medio contenido resonó en toda la procesión. Disculpas, esques, si es que no miráis, si no puedes con el santo… El caso es que se rompió, y bien roto, en varios trozos… Y entonces, hasta los que nunca se había acercado a la imagen de san Bernabé se dieron cuenta de que estaba carcomida, rajada, podrida… Lo raro es que hubiera durado tanto… Yo creo que el santo, desde su cielo bien ganado, se reiría y estaría contento: ¡por fin lo iban a meter en el hospital y le arreglarían de una vez todos los desperfectos, los de la caída y los del tiempo…!
¿Y cómo hacerlo? En todo pueblo siempre hay alguien que tiene solución para todo… Y entre las muchas soluciones propuestas, acertaron con la mejor. Una miciecense era especialista en restauraciones de  imágenes. Ya lo había demostrado con una pequeñita que siempre estaba medio olvidada junto al altar mayor. Comisión de mujeres que le piden ayuda.
─Sí, pero el párroco ha de dar permiso, que si no, no se pueden tocar las imágenes de la iglesia…
Y el párroco, don Ventura G., lo dio. Y se llevó la imagen de san Bernabé, no sé si en ambulancia, seguro que no, pero sí vendada y con sumo cuidado, a Zamora. Reunió a su equipo de restauradoras, todas del equipo de restauración de la catedral de Zamora, y comenzaron a trabajar…

Y les llevó su tiempo…, que Zamora no se conquistó en una hora, ni san Bernabé se restauró en tres.
(JLR)

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viernes, 2 de junio de 2017

Micieces de Ojeda. MICIECERÍAS. Las calles de Micieces (I): trazado urbanístico.








LAS CALLES DE MICIECES

El trazado de las calles de Micieces es básicamente  de líneas rectas, con dos calles que se cruzan en ángulo recto en el mismo centro del pueblo, sin por ello dejar suficiente espacio como para decir que el cruce constituye una plaza. La calle  principal va a lo largo de un arroyo que, más arriba, se bifurca para recoger las  aguas de dos valles. Este arroyo está ahora cubierto, es subterráneo, y cumple con la función que antes tenía, recoger las aguas de los dos valles, más otra que se le asignó cuando se soterró: la de colector de aguas negras. Desde entonces se le llama simplemente el colector. La otra calle va desde el camino de la iglesia hasta el del Indiviso, empalmando con ambos caminos en sus respectivos extremos y cruzándose con la anterior calle en el centro del pueblo. A estas dos calles ─o cuatro, si se las cuenta a partir del punto central del pueblo donde se cruzan─ se fueron  añadiendo otras conforme iba creciendo el pueblo.


        Si nos atenemos a los más lejanos recuerdos vivos de la Micipedia ─es decir, lo que cuentan de viva voz los que todavía viven─, el pueblo de MICIECES estaba situado  un poquito más hacia el este de lo que está en la actualidad. O sea, a los pies del Altolaiglesia y más hacia el antiguo camino de Berzosa. Por el motivo que fuere, se trasladó al lugar que ocupa hoy.
Es curioso el urbanismo de Micieces: las cuatro calles principales ─o dos que se cruzan─ son anchas y rectas. Parece el trazado de las ciudades que iban naciendo en el nuevo mundo, o de las que nacieron en tiempos modernos, fruto de los planes de extensión agraria. Seguramente proviene de los tiempos del siglo XVIII y está ya influenciado por las teorías urbanísticas de la Ilustración. Y, desde luego, su trazado no es el de un pueblo de frontera, que se tiene que defender de enemigos armados, sino el de un pueblo abierto al campo que había de trabajar y del que había de vivir. Se puede adivinar que, en el trascurso del tiempo, se fueron añadiendo calles y callejas, ya sin el mismo criterio urbanístico, e, incluso, se rehicieron algunas casas antiguas y se les añadieron nuevas partes saliéndose de la línea urbanística lógica y comiendo terreno a la calle.


"MICIECES. En el año 1185 ya existía" ( y quién sabe si ya era "viejo").
         Estas afirmaciones no aminoran la antigüedad de la fundación de Micieces. La parte más antigua de la iglesia parroquial procede del siglo XII. Y los restos más antiguos de la ermita de la Virgen de la Calle ─parte de la espadaña─ se remontan también al siglo XI o XII. Y hay constancia en documentos anteriores a estos siglos de que el pueblo o caserío ya existía con un nombre muy similar al actual. Además, Alfonso VIII se lo dio en beneficio a don Fernando de Robledillo (1203): señal de que era ya un pueblo que producía riqueza.
(JLR)



Puedes ver también:

martes, 23 de mayo de 2017

Micieces de Ojeda. MICIECERÍAS. Romance de "El Cariñoso".





Y es que algunos bandoleros que pudieron pasar por las Ventas de Micieces, también tenían su corazoncito... Y se enamoraban... Y prometían... Y alguien les esperaba. 
A veces, la historia tenía un final feliz. Otras,  terminaba en "tragedia romántica". 
Este es el romance de "El Cariñoso":

ROMANCE DE "EL CARIÑOSO"

E
l Cariñoso a caballo
vendrá desde su montaña
y a la venta llegará
en la tarde o en la mañana,
o quizá venga de noche
porque así no lo delatan.

Mira que mira la niña
asomada a la ventana…
El famoso bandolero,
es mozo de buena planta,
agraciado, entretenido,
hermoso de cuerpo y cara.
Las muchachas se le rinden
en el llano y la montaña,
y las mujeres maduras
suspiran dentro del alma.
A todas dice lo mismo
y nunca promete nada,
sino el amor semieterno…
mientras otra no llegara.
¡Que por algo El Cariñoso
con mucho acierto le llaman.

Cuando le vio el primer día
se quedó como pasmada:
chiribitas en su ojos
de continuo le brillaban.
Todos los días le espera
asomada a la ventana.
Cualquier sonido le altera,
y el ruido le sobresalta,
y hasta el rumor de la brisa
que en el árbol se acompasa
es galopar anhelado
de los caballos en marcha.
─Conmigo te llevaré
cuando seas ya muchacha…
─Mi niña, olvídate de ese,
que no es vida pa’casada…
La niña espera que espera
mirando por la ventana…

E
l tiempo se fue pasando
con visitas espaciadas
del Cariñoso a la venta
que en lo alto se levanta.
Mira que mira la moza
asomada a la ventana…
Y el horizonte en redondo
otea mientras soñaba:
─Si viene desde Micieces,
del sur vendrá, tierra llana;
pero si viene del este,
eso es Olmos y comarca;
y si de Quintanatello,
viene desde su montaña;
mas si de Payo viniera,
es porque en el oeste estaba.
¿Por dónde llegará el jinete?
─se pregunta ensimismada
mirando a los cuatro puntos
desde la alta ventana.
Y recuerda la promesa
que le hizo, ya muchacha:
─Cuando sea luna llena,
la luna llena de Pascua,
a por ti vendré una noche
y huiremos a la montaña.
Seremos allí felices,
y esta mi vida arrastrada
la dejaré para siempre
y viviré vida honrada…

El Cariñoso no vino
aquella noche de pascua.
Luna llena hubo en el cielo
y la noche fue muy larga…
Ni volvió en día ni en noche
de aquella luna de pascua…
Ni volvieron a la venta
El Cariñoso y su banda…

P
or el valle del Burejo
bajan voces asustadas,
y se extienden por la Ojeda,
el Boedo y la Valdavia.
Las noticias han nacido
allá arriba en la montaña,
pero llegan muy de prisa
también a las tierras llanas.

Hace un recodo el camino
que viene de la montaña.
Se oye trote de caballos
en esa noche alunada.
─¡Alerta, carabineros,
en esta noche de pascua!
Las capas de verde oliva
van ceñidas a la espalda,
los tricornios charolados
entera la frente tapan,
y las armas en la mano
dispuestas y preparadas…
Los guardias, bien escondidos,
les tienden una celada:
en ella caen, inocentes,
El Cariñoso y su banda.
¡Ni defenderse pudieron,
ni escaparse los dejaban!
No pudieron apresarlos
en ocasiones pasadas,
pero estaba enamorado
y olvidó la vigilancia,
y por eso lo apresaron
cual a urogallo que canta
su canto de enamorado
sin darse cuenta de nada.

Los carabineros llevan
al Cariñoso y su banda
aherrojados ante el juez,
que de inmediato aplicaba
la justicia más severa:
a muerte los condenaba
sin que pudieran tener
de perdón una esperanza.

L
a moza se hizo mujer,
y una mujer bien plantada:
mas sigue mira que mira
asomada a la ventana,
y sigue espera que espera
a la luna de la pascua
soñando siempre en caminos
que llevan a la montaña…
¡Tantas veces esperó…,
y otras tantas esperara…!
La espera se le hace dura,
más cada día que pasa,
que, de tanto que ha llorado,
se le han secado las lágrimas…
─Mi niña, vente a comer…
Pero la niña ya no habla…
─Mi niña, vente a cenar…  
La niña ya no hace nada,
sino mirar a lo lejos  
asomada a la ventana,
vigilando por si viene
aquel en quien sueña y ama…

L
a luna, luna redonda,
se asoma por la ventana.
La mujer la mira mira
con ojos de enamorada.
La luna se cuela dentro
y en su regazo descansa.
Y la mujer la acaricia
y besa rayos de plata.
Por los tejados ulula
una lechuza muy blanca:
guarda silencio de pronto
y se posa en la ventana…
Ulula otra  vez, y emprende
el vuelo hacia la montaña
mezclándose con los rayos
de aquella luna de pascua.

Cuando ya se hizo de día
y fueron a despertarla,
solo encontraron su cuerpo
mirando por la ventana:
frío estaba cual rocío
caído aquella mañana.
─¡Mi niña se me voló…!
¡En paz, mi niña, descansa…!



D
esde entonces corre el dicho
de que en la venta un fantasma
de mujer oculto vive
y asoma por la ventana
las noches de luna llena
y alguna noche estrellada.
Dicen que mira a lo lejos,
y siempre hacia la montaña.
Dicen que solo la ven
cuando la luna es de pascua.  
Dicen que a veces cabalga
en un caballo de plata.
Dicen que no pocas veces
un jinete la acompaña…
Dicen que dicen y dicen…

José Luis Rodríguez Ibáñez

miércoles, 10 de mayo de 2017

Micieces de Ojeda. MICIECERÍAS. De bandoleros y bandidos (de los de antes).





DE BANDOLEROS Y BANDIDOS
(de los de antes)


En cuanto a las palabras bandido y bandolero, el DRA las considera básicamente sinónimas:
Malhechor, delincuente. / Persona sin escrúpulos, que engaña o estafa. / Persona que roba en los despoblados, salteador de caminos.  /  Fugitivo de la justicia proclamado por un bando.

Pero en el habla popular hay matices que marcan una gran diferencia. Popularmente el bandolero suele formar parte de un grupo de salteadores de caminos, de ladrones rurales, que pueden estar o no reclamados por la justicia en un bando, mientras que cuando se habla de bandidos siempre se refiere a delincuentes peligrosos y reclamados por la justicia por crímenes más o menos horribles y que pueden realizar sus fechorías en solitario o agrupados.
También Castilla, y el norte de Palencia, tuvieron su tradición de bandolerismo. Algunas partidas de guerrilleros de la guerra de la Independencia, terminada esta, se echaron al monte y se convirtieron en bandoleros. Y también las guerras carlistas ─en la zona de Palencia sucedió sobre todo en la primera de esas guerras─, produjeron cantidad de bandas que se transformaron en auténticos bandoleros, incluso en bandidos. Y seguro que algunos de ellos pasaron por Las Ventas y se hospedaron allí en no pocas ocasiones.


         En las largas veladas invernales, al amor de la hornacha, se solían contar las hazañas de bandoleros diversos. Desde luego las que poetas famosos habían escrito en sus romances, pero también otras de canciones de ciegos, de las de pliegos de cordel, y otras más cercanas, contadas como sucesos reales de hace… unos días. Estas historias se referían a bandoleros, más o menos buenos, que se escondían en la montaña y hacían sus fechorías en pueblos, ciudades, mercados, caminos…, incluso en pleno llano, lejos de sus montañas.

Los recuerdos de la infancia me traen a la memoria nombres de bandoleros que la tradición popular ha conservado, algunos de los cuales he visto posteriormente en letra de imprenta en listados de bandoleros famosos: el Caballero, el Cariñoso, el Cuevillas, el Farolero, el Felipón, Pasos Largos, el Gallardo, el Gregorión, el Pasiego, el Trabuco, el Peñarrondo, el Peñoso, el Santiaguillo…
El pueblo les anteponía siempre el artículo “el”, tan propio del habla de esta zona. Todos tendrían su nombre propio, pero lo importante era el apodo, que hacía casi siempre referencia al pueblo o región de donde se decía que procedía, o a alguna cualidad de su carácter o comportamiento. Parece que entre ellos los había malos y muy malos y, seguramente, algunos entrarían de lleno en el apartado popular de bandidos, pero cuando nos contaban sus hazañas, no nos parecían tan malos, sino que nos los imaginábamos con un halo de héroes atractivos, no simples ladrones, asesinos o malhechores, porque todos tenían un fondo de humanidad y de compasión con los más pobres y necesitados. O sea, al estilo del televisivo Curro Jiménez o de Luis de Vargas, el que a los pobres socorre y a los ricos avasalla, según el romance de Fernando de Villalón.


Y a los niños, cuando nos contaban las hazañas de estos tipos, o nos cantaban algún romance referido a ellos, se nos abrían los ojos como platos y se nos iba el sueño. Y el canto siempre iba con la melodía clásica, una de tantas, de romance castellano. Terminado el canto o el relato, no era raro que, con un cierto miedo, preguntásemos:
─Padre (o madre), ¿y si viene y nos roba a nosotros?
─Ya cerramos bien la puerta, hijo. Además, estos solo van a robar donde saben que hay dinero,  no a nosotros que no lo tenemos…
Y, ya más tranquilos, nos íbamos a dormir… Quizá soñando en aventuras…
(JLR)

martes, 2 de mayo de 2017

Micieces de Ojeda. MICIECERÍAS. Las Ventas: el bandolero Peñarrondo.





         En los siglos XVIII y XIX es común el bandolerismo en España, sobre todo en Andalucía, Castilla la Nueva y Cataluña (bueno, ahora es más común en todas partes, pero los bandoleros ya no tienen el mismo "estilo"). Muchos bandoleros (y bandidos) se hicieron famosos y sus andanzas quedaron recogidas en los "pliegos de cordel" y en la memoria popular: El Tempranillo, Juan Palomo, El Vivillo, Luis Candelas, Los siete niños de Écija, Peñarrondo, El Cariñoso...
       En el norte de Palencia también hubo bandoleros y algunos pasaron por las Ventas de Micieces.






EL BANDOLERO PEÑARRONDO


U
na venta se levanta
de adobe, de cal y canto
en un cruce de caminos,
antes Reales llamados,
que perdieron su importancia
cuando llegaron los autos.
De Micieces es la tierra,
y limita a la de Payo,
Quintanatello está al norte
y Olmos al otro lado.
Suelen parar en la venta
los de caminos más largos:
aquí descansan sus vacas,
sus mulas y sus caballos,
y el caminante hace noche
cuando lo precisa el caso.

P
or el camino a la venta
un grupo se va acercando:
cabalgan tres yeguas pardas
y un cuarto viene en caballo.
La banda del Peñarrondo
la noche pasó en el llano:
fue buena la correría,
sin riesgo y poco trabajo,
y, con las bolsas ya llenas,
buscan almuerzo y descanso.
─No paremos en la venta
por si nos siguen los pasos,
vámonos a la montaña
que más seguros estamos…
─Hemos de parar aquí,
aunque solo sea un rato:
al posadero una deuda
le debo desde hace un año,
y Peñarrondo sus deudas

siempre paga sin engaño.
Y en argollas incrustadas
en una pared del patio
atan sus caballerías,
y ellos en la casa entraron.
Todos los que dentro estaban,
sorprendidos, se callaron.
Y el ventero, servicial,
se adelanta a saludarlos.
─Creí que libre no estabas,
que te habían atrapado…
Mas en voz baja le dice
el jefe de aquellos cuatro:
─Mejor no pronuncies nombres,
por si hubiera algún chivato.
Alguien se va hacia la puerta
con paso disimulado.
Peñarrondo hace una seña,
los suyos salen al paso:
lo devuelven a su sitio
y queda quieto y sentado.
Y el jefe de aquella banda
dice sereno y pausado:
─Veo que sabéis quién soy.
Las gentes me han apodado
Peñarrondo, el de la Peña,
que mi nombre no hace al caso:
Solo vengo de visita,
y no quiero haceros daño.
Una deuda a este ventero
le debo desde hace un año:
es deuda de la familia
a causa de los sembrados.
No producía la tierra
ni siquiera para pagos
y nos quitaban la casa
si el arriendo no pagábamos.
Pedí dinero al ventero
 y me lo dio sin pensarlo.
He tenido algún problema
porque va mal el trabajo.
Con esta bolsa, ventero,
la deuda aquella te pago.

¡Peñarrondo siempre paga   
sus deudas, tarde o temprano!
Y deja en el mostrador
la bolsa tintineando.
El ventero, sin tocarla,
le responde emocionado:
Tu deuda estaba saldada:
es tu presencia buen pago.
Sentaos y descansad
mientras os preparo algo,
que se anda mal el camino
si va el estómago plano.  

A
lza la voz Peñarrondo
y a los presentes ha hablado:
─Que de la venta no salga
nadie durante este rato:
no quiero que alguien se marche
y se convierta en chivato…
Después os iréis a casa,
cuando nosotros salgamos.
Y que sepa todo el mundo
que Peñarrondo es honrado,
que paga todas sus deudas
y que a gente no ha matado.
Dales de beber, ventero,
que esta ronda yo la pago.
Y desayunan y beben
los bandoleros, los cuatro.
Y al vino le hacen honores
todos aquellos paisanos.
Y se reaniman las charlas,
y el tiempo se va pasando.

E
l Peñarrondo les dice
cual ruego más que mandato:
─Dejad que marchemos antes
y concedednos un rato.
Cuando ya no nos veáis,
tranquilos podéis marcharos. 
Nosotros a la montaña
poquito a poco nos vamos.
Como amigos se despiden
del ventero y los paisanos.

C
abalgan tres yeguas pardas,
y Peñarrondo, un caballo.
La banda de aquellos cuatro
en la montaña encontraron
refugio, casa y hogar,
y protección y resguardo.


José Luis Rodríguez Ibáñez

Himno a Micieces de Ojeda