lunes, 2 de octubre de 2017

Micieces de Ojeda. LAS CAMPANAS DE MICIECES (I).



MICIECES siempre presumió de tener campanas grandes, además de los campanillos y de las campanillas. En el habla miciecense hay diferencia entre unas y otros. Las campanas son grandes y están colocadas dentro del campanario. Los campanillos son campanas más pequeñas que también están, o estuvieron, colocados en el campanario parroquial, en sendas ventanas que dan al exterior, de dos en dos: una pareja de cara el pueblo, y la otra en el lado opuesto, es decir, de cara al cementerio. Y las campanillas son de tamaño similar a los campanillos, fueron dos y su sitio eran los vanos de las espadañas de las ermitas de la Virgen de la Calle y de la de San Lorenzo. Esto siempre fue así hasta que alguna campanilla y algún campanillo desaparecieron por razones que nadie sabe explicar y que deben de ser inexplicables y, desde luego, incomprensibles.  





LAS CAMPANAS DE MICIECES

Llamamos campanas a las grandes que están, que estaban, colocadas dentro de la torre
La "Campana Gorda" de Toledo.
 de la iglesia parroquial. Al menos antes, que ahora las han sacado a los huecos o vanos de la pared de la torre que mira hacia el pueblo. Hubo siempre dos campanas, y las dos eran grandes. Las actualmente existentes son más pequeñas, pero se las sigue llamando campanas. Una de aquellas de entonces, la más grande, nos parecía enorme, hasta tal punto que, cuando nos decían que la de Toledo era la mayor de España, nos imaginábamos que no podría ser mucho más grande que la nuestra. Y la nuestra era la más grande que habíamos visto en los campanarios de los pueblos vecinos. Seguro que la mirábamos con el orgullo de niño miciecense, vete tú a saber…
            Se cuenta que estas dos campanas se fundieron aquí mismo, en Micieces, en el Ruyal, en lo que hoy es la huerta de la Teya, y antes lo había sido de otros dueños. ¿Y por qué ahí, en ese preciso lugar? Pues sencillamente porque allí funcionaba una fragua y de esa forma se aprovechaban herramientas, útiles, aperos, quemadores de carbón, fuelles y demás cosas propias de una fragua. Hoy esta finca no tiene salida a la calle principal, pero por aquel entonces se entraba directamente desde la calle que va de la fuente al Cucuruto.

La huerta de la Teya (actualmente).
No es raro ni imposible hacer este tipo de fundición fuera de una fábrica, aunque sea más fácil hacerlo en un sitio preparado para ello. El arte de la fundición del bronce proviene de la prehistoria, y seguro que, al fundirlas aquí, se buscaba un ahorro de gastos en la materia prima, en el material productor del calor, en los moldes y, de seguro, en el personal técnico: había gentes, más o menos trashumantes, dedicadas a este tipo de trabajos que recorrían los pueblos ofreciendo y ejerciendo su profesión. Esto de la fundición de aquellas campanas de Micieces debió de suceder en la última década del siglo XIX o en la primera del XX.
            El caso es que en aquella finca del Ruyal se aprovecharon los quemadores de leña y carbón propios de la fragua, se cavaron dos hoyos y en ellos se construyeron los dos moldes de las futuras campanas hechos a base de la arcilla de los alrededores. La materia prima fue principalmente los restos de antiguas campanas desechadas ya por pequeñas o por rotas. Y a esto se le añadió la materia básica del bronce, cobre y estaño.  Desde la prehistoria se sabe que la composición del bronce en básicamente una aleación de cobre y estaño, pero los artesanos y fabricantes de campanas suelen guardar en secreto, cual si fuera un tesoro, que lo es para ellos, la proporción en las mezclas, así como los otros componentes que podían incluir en la aleación del bronce de sus campanas.

            Pues Micieces quería dos campanas más grandes que las que hasta ese entonces había habido en el campanario y, además, con un buen sonido. La Micipedia oral cuenta que los abuelos y los bisabuelos contaban… que los técnicos querían echar en la fundición plata porque decían que las campanas daban un sonido más limpio y claro. Científicamente es verdad que la plata en la aleación del bronce da una mejor sonoridad a la campana. Y las autoridades del pueblo pidieron a los miciecenses que contribuyeran con objetos de plata a la fundición de sus nuevas campanas. Y parece que consta que cada cual dio lo que pudo, y lo que pudo dar el pueblo no era otra cosa que los objetos de plata que tenía como bienes de familia: adornos femeninos, cuadros, monedas, medallas, rosarios… y similares, pero nunca en exceso porque no es que abundase la plata en el pueblo. El material se fundía en una especie de ollas especiales que traían los orfebres y se conseguían los grados de calor necesario con la leña del monte, roble y encina, con la que existía en aquella finca, olmos, que entonces abundaban en las linderas y alrededores −aún no había llegado la grafiosis a nuestras tierras− y con el carbón de piedra que procedía de las minas de allá arriba, de la zona de la montaña palentina. Hay que recordar que el bronce empieza a fundir a los 830º y que, por lo tanto, no era tan difícil conseguir la fusión. Y el pueblo colaboraba y ayudaba en todo lo que podía y los técnicos orfebres les indicaban. Así que aquellas campanas fueron realmente del pueblo porque el pueblo las hizo y cada cual contribuyó directamente a su fabricación.  
            Terminado el trabajo de fundición, allí mismo se les hicieron las mazas de madera de olmo, se les colocaron a cada una como contrapeso para poder voltearlas fácilmente, se las subió al campanario y se dieron los primeros toques de repique y de volteo… Y aquel día Micieces celebró una gran fiesta.

            Pues aquellas dos campanas, fundidas en Micieces, estuvieron en funcionamiento hasta la década de los sesenta (1960). Y tenían buen sonido y los miciecenses conocían por su sonido qué campana tocaba y lo diferenciaban de las campanas de otros pueblos.  
Un día cualquiera de esa década, la campana grande parece que perdió su bonita voz: empezaba a sonar a hierro viejo y oxidado. ¿Qué había pasado? Tenía una raja desde el borde hasta más allá de su media altura. Pero esa raja se iba agrandando cada vez que se la tocaba: ¡mejor no volverla a tocar y dejarla en paz! ¿Explicación?  Era muy sencilla para las mentes de los niños y de muchos mayores. Se dice que una noche de volteo de campanas −¿quizá la noche de Santa Brígida?− los mozos volteaban las campanas con tanto valor y entusiasmo que a uno de ellos, al que volteaba la campana grande, se le cayó la gorra y fue a parar al interior de la copa de esa campana: esto bastó para que se rajara. Siempre nos habían asegurado que, si algo caía dentro de una campana a la que se estaba volteando, esta se rompía, se rajaba… Efecto de las ondas sonoras, decían. A lo mejor nos lo decían para que no nos acercásemos a ellas cuando se volteaban por el peligro de que nos rompiese la crisma… El caso es que se dijo aquello de la boina caída dentro de la campana y no necesitamos más explicación. Es que las campanas no son eternas, el uso las raja y las rompe. El badajo golpea internamente, a veces con mucha fuerza, la pared de la campana y el broce no es un metal que resista lo indecible: es duro, pero relativamente frágil.

Ya no valía la pena tocar aquella campana rajada porque daba un sonido desagradable y lastimero y, además, se podía terminar de romper. La otra sí que seguía tocando y se la podía voltear y todo. Pero tocar las dos en conjunto era, al menos, un dolor de oídos. Y el toque de muertos, una pena.
            La autoridad competente, religiosa o civil, o ambas concordadas, decidió que había que solucionar el problema de las campanas y encargaron a una empresa de fundición unas nuevas. Y las antiguas, y quizá algún campanillo, se reutilizaron como materia prima y para aminorar gastos como pago en especie. Con el tiempo aparecieron dos campanas nuevas y relucientes, sin la pátina del tiempo, recién salidas de fábrica, más grandes que los campanillos, pero mucho más pequeñas que las antiguas campanas.

            Las vigas sobre las que habían estado asentadas tantos años las antiguas campanas, dentro del campanario, no perecían ya seguras y decidieron que lo mejor era sacarlas hacia fuera y colocarlas en los viejos huecos de los campanillos que daban al pueblo. Pero hubo que acondicionar aquellos vanos y hacerlos un poco mayores. Y ahí están, de cara al pueblo, en sus huecos que llegan al alero y se ensanchan un poco más que los antiguos. Y los otros dos campanillos emigraron al lado contrario, hacia el sur, mirando hacia el cementerio, que, en el decir antiguo, cuando se los tocaba era para que los de Berzosa se enterasen… Dentro del campanario ya no hay campanas y, como es ciertamente peligroso subir hasta el nivel donde estaban, se suelen tocar desde el suelo halando de una cuerda o cadena con la que, como están tan bien equilibradas, incluso se pueden voltear con facilidad.
(JLR)



Para ver más sobre Micieces:








viernes, 22 de septiembre de 2017

Micieces de Ojeda. MICIECERÍAS. Las calles de Micieces (X). Una proposición...que no lo es.




UNA PROPOSICIÓN... QUE NO LO ES

Sin ánimo de imponer nada a nadie, ni siquiera de sugerir, sino solo con la idea de decirlo, solo como una simple disquisición  filosófica, dado que Micieces tiene una estructura de calles muy clara y definida, podrían muy bien ser nombradas con un número, a imitación de algunas grandes ciudades del mundo.  Lógicamente el centro y  el punto 0 sería el centro del pueblo, donde se cruzan las dos calles principales: lo que hoy es la fuente, o, si suena mejor, plaza de la fuente. Que, por cierto, no es plaza, ni tiene características de plaza y solo se la llama plaza, por llamar a ese trozo de calle de alguna manera. Y desde ahí partirían las cuatro como calles radiales y se numerarían y nombrarían  por su orden en el sentido de las agujas del reloj:

        Calle nº 1: de la fuente a la rampa-carretera
        Calle nº 2: de la fuente a la iglesia
        Calle nº 3: de la fuente al camino de Oteros
        Calle nº 4: de la fuente al camino al Indiviso

De cada una de las cuatro calles radiales  salen otras, que se numerarían y nombrarían con dos dígitos: el primero lo tomaría de la calle principal de la que sale, y el segundo sería su propio número: par, si sale de la derecha de la principal; y si sale por la izquierda, su segundo número será impar.
¿Y qué problema habría? Pero si es que el plano de Micieces es muy claro y muy  definido. Ponemos el número de las calles en el plano de Google. ¿A que está claro?

¿Y esto para qué sirve? Hay cosas en la vida, y muchas, que no se deben valorar por la métrica del sirve o no, ni de cuánto gano o no, ni si saco ventaja o no… Pues sirve…para que hagamos un homenaje a los matemáticos que han discurrido tanto y que, a pesar de ellos, el mundo sigue siendo una maravilla inconmensurable y no encuadrable en sus tablas… Y para que, el día que el oficinista te pregunte en qué calle vives y le digas que en la treinta y pico, o en la cuarenta y tantas, veas su cara de asombro e incredulidad porque seguro que sabe que, según ese dato, cada habitante de tu pueblo tiene una calle… Pues eso, ¿y qué? Y te sirve para que no discurras más de lo preciso cuando vayas a comprar lotería o rellenar la primitiva… ¡Ya tienes un número fijo: juega con él y haz todas las combinaciones posibles. Y si te toca, es que eres más afortunado que yo. Y sirve también para que ningún sabihondo, de esos cuyos estudios han consistido en solo pasar por las aulas de la escuela o de la universidad, aplique una memoria ignorante u olvidadiza y cambie cualquier día el nombre de tu calle… Y para que tu pueblo se asemeje a esas ciudades enormes y puedas soñar, comparar y comprobar cuántas cosas, no necesitas…Y seguro que sirve para muchas cosas más, seguro…

Pero quizá esta forma de nombrar las calles de una ciudad, y más las de un pueblo, suene a muy anónima, anodina  y muy poco personalizada. Vamos, que al común de la gente no le dirá nada, ni le significará nada, porque ni describe nada, ni dice nada del pueblo… Y es cierto. Pero Micieces está utilizando desde siempre una serie de nombres para  ubicar casas, viviendas, domicilios o edificios dentro de lo que es su zona urbana, que, desde luego, no son los que oficialmente figuran en el catastro o en el papel de la contribución. Y algunos son sumamente descriptivos, otros son poéticos y sonoros, algunos provienen de los tiempos antiguos y hacen referencia a oficios u obras o casas que ya no existen… Incluso los hay que hacen referencia a personas con sobrenombres, a veces motes, pero que ya hace tiempo dejaron de ser insultos…


Olvidándome voluntariamente de nombres que posiblemente podrían ofender a alguien, y dejándome en el camino algunos que no conozco o que mi memoria no recuerda, voy a enumerar unos cuantos de toponimia menor referida a calles o zonas urbanas del pueblo.

Altolaiglesia -  Ayuntamiento – Bar - Báscula – Calleja – Callejón - Camino de los prados;  …de Berzosa; …de Oteros; …de la Isilla; …del Indiviso ─ Campo de fútbol – Carretera ─ Colector – Cucuruto – Cuérnago – Ermita – Escuela – Fragua – Fuente – Huertos – Iglesia ─ La Casa de la Dora -  La Casa Verde - Molino: de arriba y de abajo - Parada - Parque: infantil/de mayores – Pesquera – Polideportivo - Praderas: de arriba y de abajo – Puente – Rampa - Ruyal – Teleclub - Transformador.



        Estos nombres se ubican dentro de lo que es zona urbana de Micieces. Quien lea este escrito, seguro que va añadiendo otros más. Recuerda que solo son topónimos referidos a la zona urbana, o sus inmediatos alrededores. Para su significado, puedes consultar la toponimia de Micieces. Por lo demás, todo el mundo miciecense sabe dónde está cada lugar, y no voy  a alargar más esto dando explicaciones…



Y un consejo. Si en un pueblo castellano, y pequeño, como es Micieces, quieres encontrar a alguien, no preguntes por la calle en que vive: pregunta por la persona. Te indicarán sin ningún problema dónde está su casa. Incluso te dirán dónde está esa persona en esos momentos, si es que la han visto. Los de pueblo somos así: nos gusta más lo personal. Las cosas oficiales o de carácter oficialista más bien nos vuelven suspicaces…

(JLR)








Más sobre LAS CALLES DE MICIECES:

- Trazado urbanístico.
- Las calles de antes.
- Con hielo, nieve, lluvia y... riadas.
- Las aceras.
- Cosas de la calle.
- La vida en la calle.
- La electricidad.
- El nombre de las calles.
- Los números de las casas.

Y más sobre MICIECES en:

domingo, 27 de agosto de 2017

Micieces de Ojeda. Miciecerías. LOS NÚMEROS DE LAS CASAS. (Las calles de Micieces - (IX)







LOS NÚMEROS DE LAS CASAS

En las cartas oficiales que llegan a los vecinos de Micieces, los remitentes suelen poner la calle y número de la casa. Y sobre todo en los recibos de la contribución y de la electricidad. La verdad es que el destinatario de la tal carta o del tal recibo no se suele fijar en esos detalles. Mira el nombre, comprende que es para él, y eso le basta. Pero lo oficial es otra cosa y se rige por normas diferentes a las que rigen la convivencia diaria de un pueblo pequeño. Porque, además, hoy no todas las casas del pueblo tienen el número en la puerta o en cualquier otra parte visible: lo tuvieron y han ido desapareciendo conforme se modificaban las entradas principales, las fachadas, las puertas y los dinteles y marcos de las mismas. Y algunas casas que se han hecho nuevas, ni sabían los dueños, ni saben ahora, qué número les corresponde. Los vecinos de un pueblo pequeño son, ante todo, personas con su nombre y apellidos, y, con frecuencia, con su sobrenombre, su hipocorístico o su mote. Y no necesitan más porque todo el mundo conoce a todo el mundo.
           
           
 Algunas casas todavía conservan unos números en el dintel de la puerta principal, y algunas también en otras puertas no principales, pero que parecen haber sido viviendas diferentes. Están hechos estos números con pintura negra, pintados con un molde, todos similares y metidos en un cuadrado o rectángulo de lados marcados con pintura negra también. ¿Y por qué? La historia es bien sencilla, aunque muchos de las nuevas generaciones no la sepan.

            Allá por los finales de la década de los cuarenta (1940), o muy al principio de la de los cincuenta (1950), la ley, la conveniencia, el censo de propiedades, la contribución, la electricidad…, o todo junto y algo más, hubo obligación legal de numerar las viviendas de los pueblos. Lo más seguro (la Micipedia oral así lo atestigua) es que quien de verdad obligó a numerar las casas fue la empresa de electricidad. Con un número en cada vivienda, controlaba mejor cada uno de los contadores y al empleado de leerlos le resultaba mucho menos complicado. Tampoco hay que descartar del todo el pagar la contribución por vivienda y los  impuestos del ayuntamiento.



Y el alcalde, cumpliendo escrupulosamente la ley, encargó a un vecino que marcara todas las casas con su correspondiente número. Y este vecino fue el tio Emiliano. Pronúnciese /tió/  Emiliano. Y esta forma de decir no indica falta de respeto, sino todo lo contrario: era una persona mayor, respetable y, aunque se mereciese el apelativo de señor, no ibas a estar diciendo en conversaciones privadas “el señor…” a troche y moche: lo de “señor” era para ocasiones más… oficiales o solemnes.

            Por aquel entonces yo era niño, chiguito, que aún no llegaba a chaval, y era amigo del hijo pequeño del tio Emiliano. Al salir de la escuela íbamos a ver cómo pintaba los números en el marco de arriba –dintel- de cada puerta. Y utilizaba unos moldes de metal con los números troquelados, del 0 al 9, cada número su molde, que tenían un reborde o lámina para agarrar. Algunos dinteles eran de madera muy basta, sin afinar, y el monde no asentaba: pues le daba unas pasadas con un cepillo de carpintero y arreglado. Cuando había asentado bien el molde metálico del número, daba unos brochazos de pintura negra por encima del molde, lo levantaba y… ¡allí aparecía el número en negro! Para nosotros era, si no maravilloso, sí curioso y llamativo ver cómo aparecía cada número bien marcado y en su sitio verdadero. Lo hacía con una brocha plana, pequeña, pero no pincel. Y el bote de pintura sí que me parecía grande: yo no había visto en el pueblo uno tan grande. Habría pensado, seguro, que eran  muchos los números que tenía que marcar… Y la pintura debió ser de muy buena calidad, porque en este mes de agosto (2017, hace más o menos 70 años) sacamos fotografías de algunos números que todavía quedan y se conservan perfectamente visibles y como recién pintados, o casi.


            Y así iba casa por casa, puerta por puerta, con su escalera, sus moldes, su brocha, su bote de pintura, su cepillo de carpintero y… su trapo, supongo.

Nosotros intentábamos ayudarle y le dábamos los moldes de los números que nos pedía. A veces nos equivocábamos porque los mirábamos al revés. Pero yo no recuerdo que se nos enfadase nunca. Ni siquiera cuando utilizábamos algún molde para hacer el número en la tierra de la calle. Entonces sí que nos decía que no se los manchásemos, que luego no marcaban bien… Y en alguna otra ocasión, seguro que más de una, sí que recuerdo que me dijo:
-Chiguito, no te manches, que cuesta mucho quitar esta pintura y luego tu madre se enfada…
            -¿Por qué le pone ese número, si no es el que sigue por orden? –le preguntamos en más de una ocasión.
            Pero él respondía, con la lógica de las personas mayores, que las casas de un lado llevan los números pares y las del otro llevan los impares. Y quedábamos convencidos de que así era en las ciudades…
            Claro, cuando ya hemos visto un poco de mundo y hemos vuelto a ver los números de las casas de Micieces, nos hemos dado cuenta de que esa norma no la siguió del todo, no era fija. Da la sensación de que si en un lado había muchos números y en el otro pocos, terminaba igualándolos sin mayor problema, eso sí, sin repetir números en la misma calle. Si usted es aficionado a los rompecabezas, seguro que se la rompe si quiere adivinar el orden de los números de las casas de Micieces siguiendo la numeración que ahora mismo existe.


         
 Si ha llegado leyendo hasta aquí, ya sabe la historia de los números de las casas de Micieces. Y si el número de su casa ha desaparecido porque ha arreglado la puerta, la ha cambiado, ha hecho casa nueva o simplemente ha desaparecido aquel número histórico y nadie lo recuerda…, tampoco se preocupe demasiado, pero no haga demasiado caso al recibo de la luz, ni al de la contribución, ni al de los impuestos del ayuntamiento, ni a…Cualquier día dan nombre nuevo a las calles y cambian todos los números de las casas… O, si usted tiene gusto y arte, ponga al número de su suerte. Total, nadie se va a guiar por el número de su casa, sino por la buena persona que vive en ella. ¡Y eso sí que es importante!
(JLR)



jueves, 24 de agosto de 2017

Micieces de Ojeda. Miciecerías. EL NOMBRE DE LAS CALLES. (Las calles de Micieces - VIII)







EL NOMBRE DE LAS CALLES



Si a usted, miciecense de toda la vida que sigue viviendo en Micieces, y ojalá sea por muchos años más, le pregunta un día el cartero, u otra persona, no es la primera vez que sucede, dónde está una de estas calles Humildad, Paciencia, Esperanza, Caridad, o quizá la calle Real, que parece más sonora y rimbombante, ¿sabría indicarle dónde está? Y como usted tiene buena voluntad y quiere ayudar, seguro que tendría que recurrir a preguntarle a su vez:
─¿Pero a quién busca? ¿Por quién pregunta? 
Y ante la respuesta  que le indicase la persona a la que busca, entonces sí, le daría datos y señales de la calle, de la casa y de todo lo que necesitase… Pero ¿el nombre de la calle? ¿Y eso a quién le importa? Pues alguien de la civilización urbanita le podría decir que está usted perdido en su propio pueblo. Y usted no soltaría una carcajada porque usted es educado y le enseñaron desde siempre a respetar a los demás…, y mucho más al que acude a ti pidiéndote ayuda.

Pero sí, ciertamente son muy pocos los miciecenses que saben cuál es el nombre oficial de la calle donde viven,  descontados los que se han fijado en el papel de la contribución porque tienen que pagar. Y ahí sí que está el nombre oficial de la calle de tu casa. Y todo porque el señor de la oficina del censo, del catastro o de lo que sea, pero oficial y urbanita, necesita poner en un papel oficial un nombre oficial a la calle de tu casa, y a la de tus vecinos, para que conste oficialmente y el expediente oficial esté bien hecho. ¡Y para Hacienda! O por si se vende, o por si…  Pero siempre por cuestiones oficiales. Porque usted, miciecense, no necesita el nombre de ninguna calle: con decir quién vive en esa casa, o de quién es a título personal o de familia, todo arreglado y aclarado…
Micieces solo tiene, oficialmente, cinco nombres de calles, o si lo prefiere, cinco calles con nombre oficial: Esperanza, Paciencia, Humildad, Caridad y Real, que se alargan y prolongan a los caminos de las afueras del pueblo, o se revuelven y retuercen hasta perder incluso  el sentido de que son parte de la calle principal…,  mientras hay otras que ni tienen el honor de tener nombre, ni el de figurar en el callejero ni en el plano del pueblo.




Miro en Google el plano de otros pueblos vecinos y admiro la imaginación del autor de los nombres de sus calles: seguro que no les pagaron por el uso de su imaginación en este asunto. Pero en Micieces el funcionario, el secretario de urbanismo, el de contribución, el de… lo que sea, se superó a sí mismo  e hizo un derroche inigualable de imaginación al darles tales nombres.  Me atrevería a asegurar, sin apostar nada, por si acaso, que no había pisado el pueblo y solo había mal visto su plano teórico. Por aquel entonces no existía el GPS.
¿Pero es que no había otros nombres para poner a las calles de Micieces? Hay que tener imaginación para llamar calle Real al trozo de calle que va ─o viene, vete tú a saber─ desde la fuente hasta el puente. Real, ¿por qué?  ¿Porque existe realmente? ¿Porque le sonaba mejor calle Real que calle Mayor? ¿Porque todo pueblo o ciudad tiene una calle en honor a algún rey? Y en cuanto a Esperanza, Paciencia, Humildad y Caridad: muy apropiados nombres para calles de un pueblo olvidado y que solo se le recuerda en los archivos y para la contribución… Es como si nos dijesen:
─Miciecenses, sed humildes, tened paciencia, que la esperanza es lo último que se pierde, y ejerced la caridad con los demás… pagando los impuestos. El resto, ¿a quién le importa?


Quizá el inventor, o el escribidor en el papel oficial, de los nombres de las calles miciecenses se quiso adelantar a esa moderna ley de la memoria histórica pensando que así no habría desmemoriados o histéricos que cambiasen gatopardunamente los nombres de las calles para que todo quedase igual, o peor, y daba ya por cierto como hecho real que en un pueblo todos nos conocemos y sabemos dónde está la casa de cada cual aunque se cambie lo exterior, porque si no, aviados estábamos… Pero la historia tiene su propia ley de memoria. Y es de alabar, y alabo a quien corresponda, el que no pusiese el nombre de persona ─ni rey, ni personaje histórico, ni general mandante, ni miciecense ilustre y destacado, ni hecho histórico, ni…─ a ninguna de las calles: nos libró a los miciecenses futuros de sufrir la vergüeza de ver que alguno le podría negar el honor que otros le dieron.

(JLR)

viernes, 18 de agosto de 2017

Micieces de Ojeda. Miciecerías. LA ELECTRICIDAD. (Las calles de Micieces - VII)




 LA ELECTRICIDAD EN MICIECES

Micieces tuvo electricidad desde muy antiguo. Eso decían los mayores, y remontaban ese “muy antiguo” a antes de la guerra (del 1936, claro). Conocían y hablaban de otros pueblos a los que había llegado la luz ─la luz es la luz eléctrica, o sea la electricidad─ mucho después que a Micieces. Era una corriente eléctrica de 125 voltios, muy floja y poco potente. Pero algo es algo, y eso sonaba a adelanto técnico extraordinario. En cada casa había muy pocas bombillas y estas de muy bajo voltaje. Con harta frecuencia la bombilla parpadeaba y disminuía enormemente su luminosidad. Y también con no menos harta frecuencia se iba del todo y nos quedábamos a oscuras. ¿La solución? En todas las casas estaba a punto alguna vela, el candil o el farol. Esto ha sido así hasta la década de los cincuenta (1950), que ahora ya parece que hay una electricidad de calidad.



        En cuanto a la iluminación nocturna del pueblo, pues habría en todo él un máximo de cinco o seis bombillas, más o menos estratégicamente colocadas. Y con frecuencia había alguna fundida o rota. Pero no de esas propias de iluminación exterior, de calles, sino como las de las casas, quizá un poco más potentes, pero no tanto. Así que eso de salir por de noche, mejor quedarse en casa, y salir no más que lo estrictamente necesario. Se solía ir con un farol, de aceite casi todos. En alguna casa había carburo, pero casi como ejemplar único: era más sano y fácil de usar el aceite en el candil, dentro de casa, y en el farol, para el exterior.


Candil
Farol
Carburo


        El carburo lo conocimos por los cuqueros que venían en la fiesta a vender almendras y golosinas, o a hacer juegos de cartas y dados. El carburo que tiraban, ya gastado, lo recogíamos nosotros, niños o mayores, y hacíamos un “cohete”. Echábamos agua, lo encerrábamos en un bote boca abajo, tapábamos los respiraderos y orillas con barro y encendíamos una mecha. En cuanto el gas del carburo encendía, explotaba y el bote saltaba por los aires… Pero lo más común en Micieces era, en el exterior, el farol de aceite. Y con él se iba por la noche a buscar caracoles, a regar y a pescar.




        Un día de tormenta se quemó el transformador de la electricidad. Un rayo se lo cargó. Por los respiraderos de arriba, por donde entraban y salían los cables, salía cantidad de humo y hasta llamas. El responsable de su mantenimiento consiguió abrir la puerta: una tremenda llamarada casi se lo traga. ¡Y eso que ya iba prevenido y con mucho cuidado! Algún tiempo estuvimos sin luz, pero lo cambiaron y lo arreglaron, aunque no pusieron más potencia. De noche, cuando se supone que todo el mundo tenía alguna luz encendida, la luminosidad de las bombillas disminuía de forma muy notoria.  La electricidad nos viene de Herrera y hace unos años cambiaron su recorrido y metieron más potencia. ¡Menos mal!
(JLR)






(Todas las fotos son de Micieces)



Puedes ver también:

- Las calles de Micieces: TRAZADO URBANÍSTICO.
- LAS CALLES DE ANTES.
- ...CON NIEVE, CON HIELO, CON LLUVIA... Y CON RIADAS.
- LAS ACERAS.
- COSAS DE LA CALLE.
- LA VIDA EN LA CALLE.

Y más en:



Ver: CONTENIDOS

Himno a Micieces de Ojeda