miércoles, 1 de mayo de 2013

TRADICIONES DE MICIECES DE OJEDA

Estas son algunas tradiciones y costumbres de Micieces. Es posible que todas no sean exclusivas de nuestro pueblo, pero son "nuestras". Y seguramente hay más. Nos gustaría conocerlas y publicarlas.

1.- Cruces de mayo:


El cura, sus monaguillos y algunos representantes del pueblo o del Ayuntamiento recorrían el campo de Micieces y, en puntos determinados, ponían cruces, rezaban una oración y se bendecía el campo. En algunos sitios todavía he visto el montoncito de tierra que señalaba el sitio donde iba clavada la cruz. Desapareció la tradición.

  
2.- Rogativas:


En el tiempo litúrgico de las Rogativas iba todo el pueblo en procesión, con cruz alzada y presidida por el párroco, rezando y cantando, pidiendo a Dios buenas cosechas. Se salía de la iglesia, se iba por la carretera hacia Payo hasta llegar al cruce del camino que baja a San Lorenzo. Se hacía estación en la ermita del Santo y se volvía a la Iglesia. Posteriormente se redujo el trayecto y se hacía sólo alrededor de la iglesia. Desapareció la tradición.



3.- Presa del pleito:


En tiempos antiguos hubo un pleito entre Payo y Micieces. En el límite entre los dos pueblos, Micieces hacía una presa en el río para desviar su cauce totalmente y, por un canal de riego, lo llevaba hacia los antiguos huertos y tierras de regadío de la parte alta del pueblo. Payo presentó recurso legal porque no estaba muy claro si la presa estaba construida en terreno de Payo o de Micieces. Los jueces dieron la razón a Micieces y cada año se construía la dicha presa y con el agua desviada del río se regaban los huertos, linares y tierras, cuando había suficiente para todo. Los miciecenses quisieron que este pleito ganado judicialmente no se quedase sólo en los papeles oficiales y que todos por siempre supiesen y recordasen que la presa era de Micieces. En un día determinado representantes del Ayuntamiento llevaban hasta la presa a los niños que podían y allí les explicaban el por qué de aquel acto. Y terminaban dándoles un cachete, una colleja o un coscorrón para que no lo olvidasen: la letra, y la historia, con sangre entra. Después, en la cantina les invitaban a gaseosa, escabeche y aceitunas. Al menos eso es lo que sucedió cuando, siendo niño, tuve ocasión de experimentarlo. Pero lo del cachete, colleja o coscorrón no era tanto: a mí me pareció más una caricia que otra cosa. También se ha perdido.


 4.- Hoguera y pelusos:






La noche anterior a la festividad de la Virgen de la Calle (noche del 20 al 21 de noviembre), desde muy antiguo se hace una hoguera enorme en el pueblo, en la calle o plazoleta que esté más despejada. Al anochecer, a la salida del rosario, se enciende... Y, a continuación, comienza una batalla a base de tirarse unos a otros pelusos (el peluso es la flor de la enea, llamada también anea o espadaña, que por estas épocas otoñales se desprende fácilmente en forma de vilanos). Dicen que esta tradición arranca de una época indefinida cuando se trasladó la Virgen de la Calle a su actual ermita: se la acompañaba con velones o antorchas y posiblemente, después se hacían hogueras para calentarse y celebrar una fiesta nocturna. Como en esta época del año no es que hubiera muchas flores, se aprovecharon los pelusos, seguramente como adornos florales o como flores que se echaban al paso de la imagen. Posteriormente se transformaría batalla de flores.

  









5.- Procesión de San Lorenzo:



Mediados los años noventa se hizo una procesión con San Lorenzo (la imagen de la iglesia parroquial) desde el pueblo hasta la ermita del Santo, a modo de romería. Ciertamente hubo oposición a este hecho con la excusa del “nunca se ha hecho” o del “siempre se ha hecho así”. Pero no es verdad. Consta que existía una Hermandad o Cofradía de San Lorenzo ya en el siglo XV y que los cofrades traían en procesión al Santo desde su ermita al pueblo el día de la celebración (10 de agosto) y al domingo siguiente se le devolvía en procesión a su ermita. El Papa Paulo V (en el año 1611) concedió indulgencias varias a los cofrades y a cuantos participasen en los cultos del Santo. Vamos, algo así como un jubileo. De manera que la procesión a la ermita de San Lorenzo no es de ahora, sino de hace siglos. Lo que no se perdió, o por lo menos hace tiempo que se recuperó, es la misa a San Lorenzo en su ermita el día 10 de agosto.


6.- Semana Santa:


Antes del Concilio Vaticano II se celebraba de forma tradicional. Se montaba el “monumento” constituido de paneles de lienzo pintado representando símbolos y personajes de la Pasión. Se conserva retirado en la iglesia parroquial. Se tocaban las “matracas” (carracas había muy pocas): sobre todo, eso era propio de los niños (que las empleaban también para deslizarse por la hierba de la ladera del alto de la iglesia).


7.- Güicero:

Posiblemente es corrupción de la palabra “buicero” (de bueyes). en otros sitios lo llamaban “vacada”.

Por la mañana se hacía la llamada por las calles y los que tenían animales vacunos o caballares los soltaban y el vaquero los llevaba a pastar en los campos y montes del pueblo y cuidaba del rebaño a lo largo del día. En el verano, cuando había que trillar, se acercaba al pueblo, al lugar de sesteo, y sus dueños recogían los animales que se empleaban en la trilla. Al anochecer volvían los animales a sus cuadras.

El güicero era, pues, un rebaño común de ganado vacuno y caballar pastoreado por un vaquero contratado en comandita por todo el que llevaba animales al rebaño.


8.- Sagrada  Familia:

Desde hace tiempo existían en el pueblo dos imágenes de la Sagrada Familia en sendas hornacinas de madera que iban pasando por todas las familias del pueblo: unas eran devotas de una imagen y otras de la otra. Se la tenía en casa durante algún o algunos días y, siguiendo el turno, se pasaban de unas a otras. En la base de la misma hornacina, había un cepillo que recogía las limosnas: se empleaban en gastos de la iglesia o en misas por los difuntos.


9.- La  maya:

Era un árbol alto, muy alto, solía ser chopo por ser los árboles más altos y propiedad del pueblo, cuyas ramas se cortaban, a veces se le pelaba y se le coronaba con la consabida bandera. Luego se le levantaba junto a la puerta de los misacantanos para testimoniar a lo lejos que en aquel pueblo y casa había un sacerdote nuevo recién ordenado. Era parte de la fiesta que solía hacer su pueblo al nuevo sacerdote. La verdad es que el significado era mucho más profundo: ¡un hijo del pueblo era sacerdote! Y todos lo tomaban como suyo y lo consideraban como algo suyo. El árbol lo regalaba el ayuntamiento, pero luego, la madera pasaba a la junta de mozos que la vendía y hacía su fiesta.

10.- San Antruido, Antruido o Andruido:

De las tres formas se dice, posiblemente por corrupción de la palabra original. Es la fiesta del Carnaval. Y suelen ser los tres días anteriores al miércoles de ceniza: domingo, lunes y martes de Carnaval. La juventud, la niñez y, a veces, los demás con sentido del humor, se disfrazaban de lo que podían, pedían por las casas y con lo que sacaban, organizaban una merienda o comida. 
El nombre viene de unas palabras latinas: introitus a las carnes + tollendas ( introducción a las carnes que hay que suprimir). De la primera (introitus) se deriva antroido, antruido y San Antruido (esto para santificar estas fiestas y para que no fuesen menos santas que la cuaresma, al menos con la ironía propia del pueblo). Antruido (introito) es, pues, la entrada a la cuaresma. Es la época de las “orejuelas”.

11.- Huebra:
            
Güebra, se solía decir por corrupción de la palabra. Uno de cada casa, familia o vecino estaba obligado a prestar servicios comunales para el pueblo. Se tocaba la campana y acudía todos los que tenían obligación de acudir, y, todos presentes, se distribuía el trabajo. De esta forma arreglaban los caminos, los calces, los arroyos, las fuentes y hacían cualquier otro menester que fuera necesario u oportuno para el bien común.

Uno de estos servicios comunales era hacer “la presa de abajo” para poder regar la vega. La presa se hacía con “céspedes” y cuando se terminaba, se recogían los peces y cangrejos que quedaban en el lecho seco del río. Y se hacía una merienda en la cantina. Había para todos.

12.- Molinos:
            
Desde tiempo inmemorial el pueblo ha tenido tres molinos movidos por el agua. La moderna maquinaria y el abandono de ganadería ha conllevado el abandono también de los molinos, que llegaron a un estado casi de ruina. Modernamente se han rehabilitado, con sus cuérnagos incluidos. Uno de ellos es privado, de un particular.

Dos de los molinos eran de propiedad del pueblo, y el otro fue siempre privado. Los de propiedad pública funcionaban como sociedades anónimas: cada vecino tenía, los que tenían, acciones medidas por horas de uso, y siempre se seguía un orden para mejor aprovechar el agua y el tiempo. Las acciones, u horas que le correspondían en el uso del molino, se podían vender, prestar, cambiar…, como acciones de sociedad anónima.
13.- El pendón:

Era tradición, al menos en la mayoría de los pueblos de Castilla, el pendón del pueblo. El pendón abría las procesiones. Alguien escribió en algún sitio que los pendones llevaban los colores del papado. Ni mucho menos. Ni coinciden los colores de los pueblos ni son los del papado. Eran los propios del pueblo, sin necesidad de definir una bandera determinada. Eran los tiempos en que no se hacían distinciones entre política y religión… Era símbolo del pueblo y por eso iba abriendo la procesión. Por cierto, era enormemente grande, tanto la tela como el varal o mástil, y quien lo llevaba había de ser buen mozo. Y si hacía viento, se las veía, incluso con ayuda, para poder llevarlo.

14.- La boda:

Cuando se casaba una moza del pueblo y en el pueblo, la junta de mozos acostumbraba a hacerle una enramada en la puerta de su casa. Se empleaban ramas verdes de cualquier árbol, yedra, flores… La belleza final dependía del gusto de los mozos y de que hubiera un artista, más o menos, entre ellos. En la anochecida iban en grupo a cantarle la enhorabuena (cuya letra, o una de ellas, la conocida en la actualidad, la publicaremos en otra ocasión). El novio, presente en el acto, pagaba la invitación, el vino…
15.- Los Reyes y el aguinaldo del cura:

En la mañana de Reyes, después de la misa mayor, los niños iban a casa del cura a ”cantarle los Reyes”. Unos versos y su música de siempre. Después el cura les daba el aguinaldo.

domingo, 7 de abril de 2013

PARA UNA HISTORIA DE MICIECES DE OJEDA 3ª






MICIECES DE OJEDA:

DE TRES PUEBLOS, UNO
(PARTE 3ª) 



Por: JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ IBÁÑEZ (PEPE)


En este contexto histórico nacen tres núcleos habitados en este valle, casi llanura, al amor de las fuentes y de las aguas de un pequeño río, más bien arroyo, y con la perspectiva de buenas vegas, campos de cultivo, praderas y montes de madera y leña: San Lorenzo, San Andrés y Micieces. Quizá los repobladores vinieron en diferentes oleadas, quizá vinieron juntos en una sola y se dividieron en tres grupos, quizá fueran todos de la misma familia, o quizá no, quizá lo único que tenían en común era las ganas de una nueva vida en un nuevo lugar…


1.- SAN LORENZO: No lejos del río, en un terreno elevado para evitar sus crecidas, junto a una fuente homónima de la ermita, en la que se llamó Vega de Arriba, asomándose a los sembrados y a los antiguos huertos se aposentaron algunos formando un poblado que, con el tiempo, parece que tuvo categoría de pueblo. Ha llegado hasta nosotros la ermita dedicada a San Lorenzo (de ahí el nombre por el que siempre hemos conocido ermita y zona), románica (s. XIII), popular y sencilla, rectangular, en mampuesto de calicanto, orientada en la línea este-oeste. (En otro sitio la hemos descrito). Al norte, a partir de de la pared norte, está ubicado el cementerio, convertido ahora en jardín, explanada o sitio de reunión cuando los fieles se juntan en la ermita. De las tierras de al lado, al hacer labores de labranza, se han sacado piedras y restos de construcción, lo que significa que en tiempos hubo un pueblo o casas alrededor de la ermita del santo.


Este poblado y su zona toma su nombre del santo español mártir en Roma. Se le tenía mucha devoción en las Edades Antigua y Media, ya antes de la invasión mora, porque, además del atractivo que tenían su vida y su martirio, era protector contra los males provocados por el fuego, y recordemos que cualquier correría bélica casi siempre terminaba quemando los pueblos y los sembrados. Por estas épocas no eran infrecuentes las aceifas (correrías) de los moros en tierras de cristianos, y viceversa. 

2.- SAN ANDRÉS:

Cuentan, contaron, los abuelos que sus abuelos contaban que habían oído decir a sus abuelos… que en torno a la fuente de San Andrés hubo un pueblo… Es la tradición oral, que seguramente en algún documento estará confirmada por escrito. 

Fue otro poblado, no sabemos si grande o pequeño, que se levantó a la izquierda del río y junto a una fuente que siempre hemos conocido con el nombre de San Andrés. No queda nada de él ni las últimas generaciones de miciecenses recuerdan haber visto nada, a no ser alguna piedra de construcción sacada al labrar las tierras donde se supone estuvo el pueblo. Continúa la fuente dando agua, pero ha sufrido tantos corrimientos de sitio, tantas formas de recoger sus aguas y tantas veces la han desviado su manantial que, la pobre, ha perdido la prestancia que posiblemente tuvo para dar nombre a un poblado, o tomarlo de él, y ahora confunde sus aguas con las de un calce de riego que allí vierte las suyas.

¿El nombre de San Andrés? No se puede pensar que lo tomó del vecino monasterio de ese nombre, porque el poblado seguramente ya existía cuando se fundó el monasterio de ese nombre (en el 1185). San Andrés es el nombre del apóstol, hermano de san Pedro, cuya devoción estaba muy extendida por todo el mundo cristiano ya antes de la invasión árabe.

3.- MICIECES:

Es el otro que conforma este trío de pueblos cercanos. Este sí tuvo siempre la categoría de pueblo.
El nombre de Micieces posiblemente proceda del plural de una palabra latina (messis) que significa mieses, queriendo decir en tal caso que este pueblo era productor de cereales (las mieses). (En los alrededores hay pueblos que tomaron su nombre haciendo referencia al lugar que ocupan o a lo que producen: La Vid, Prádanos, Oteros, Dehesa de Montejo, Vega de Bur, Berzosa, Revilla, Olea...)


Tampoco hay que descartar que proceda de una voz árabe que suena a “maxices” y que significa “bereber”, es decir, habitante de una tribu del norte de África, dando a entender que serían sus primeros repobladores, o el jefe de la familia que lo repobló, gentes procedentes del ámbito moro. (Recordemos que por aquí hay otros pueblos que recibieron el nombre del origen de sus repobladores: Báscones, de vascos; Moarbes, de mozárabes; Dehesa de Romanos, de los romanos, es decir, de los de origen romano, no visigodos; Quintanatello, del nombre propio Tello; Villabermudo, villa de Bermudo...) 

En el siglo XIII (con Alfonso VIII, 1203) aparece ya el nombre de Mexieces. En un documento de 1208 referente a Vega de Bur aparece con el de Messiezes.


FERNANDO DE ROBLEDILLO (o ROBREDILLO)

·  En el siglo XIII (con Alfonso VIII, 1203) aparece ya el nombre de Mexieces. Y fue este rey quien “donó el lugar de Mexieces a Fernando de Robledillo, su fiel vasallo”, en el año 1203.

·  Se dice en el escrito: “Y fue este rey (Alfonso VIII) quien “donó el lugar de Micieces a Fernando de Robledillo, su fiel vasallo” (año 1203). Pues el tal Fernando de Robledillo (en las crónicas aparece escrito Robredillo) era servidor del rey Alfonso VIII con el cargo de escanciador. En la batalla de las Navas de Tolosa (1212) aparece como hombre de confianza del rey, y no podía ser menos con el cargo que ejercía. Y así mismo en otras campañas cercanas a la fecha de la batalla de las Navas.  (Cfr. VARA, Carlos: “Las Navas de Tolosa”, 1ª ed. Barcelona, 2012, pág. 67).

·  Escanciador: 1. adj. Que sirve la bebida, especialmente los vinos y licores. U. t. c. s. (Dicc. de la RAE). Podrían ser sus sinónimos: copero, sumiller, mayordomo…    

Pero en los tiempos antiguos era más que un simple escanciador o catador de bebidas. Su misión fundamental era la de comprar, guardar y escanciar (servir) el vino del rey y sus huéspedes. Él era el responsable de la bebida del rey, de los suyos y, en general, de la corte. Y de tener siempre dispuesta la bebida para el rey en sus habitaciones, comedor… Y de que la bodega del rey siempre estuviese surtida. En aquellos tiempos en que no eran infrecuentes los envenenamientos mediante la bebida, no cabe duda de que quien ejercía el cargo de escanciador real había de ser de la máxima confianza del rey. Y esto lo fue Fernando de Robledillo  (o Robredillo) con Alfonso VIII en las Navas y en otras ocasiones, guerras y batallas.

El vencedor de las Navas ya había premiado su fidelidad donándole “el lugar de Micieces” en el año 1203.


Posteriormente está transformado en Meçieces (en tiempo de Fernando III). En el siglo XIV (1345) aparece con el nombre de Mexeces. En el XVIII (1753, con el Marqués de la Ensenada) es Miziezes.


En la antigüedad tuvo que pagar abadengos (diversos impuestos por el cultivo de tierras y otras riquezas) a los monasterios de Santa Eufemia (Olmos) y de San Andrés.

Hay que hacer notar que la iglesia parroquial, elevada sobre un alto y separada del pueblo, tiene sus restos más antiguos del románico (hacia el s. XIII) y que la inscripción más antigua en libros de la parroquia es en el de bautismos, del año 1529.

Micieces de Ojeda : libros parroquiales


(El concilio de Trento (1545-1563) ordenó anotar los bautismos, aunque antes ya se hacía en muchos sitios.


Bautismos ……………………….. desde 1529
Confirmación ……………………. desde 1863
Matrimonios ……………………… desde 1567
Defunciones …………………..… desde 1567
Fábrica (edificios) ……….…… desde 1709


El trazado de las calles del pueblo es básicamente de líneas rectas, con dos calles que se cruzan en ángulo prácticamente recto en el mismo centro. La principal iba a lo largo de un arroyo que más arriba se bifurcaba para recoger las aguas de dos valles: ahora están ambos cubiertos y hacen, además, las funciones de colector de aguas negras. La otra se encamina, ahora rectamente, a la iglesia parroquial (antes terminaba empalmando con el camino de Berzosa) y, por el otro extremo se va a perder al río y molino y camino del Indiviso. A estas dos se fueron añadiendo otras, también más o menos rectas, según iba creciendo. Esto nos indica que su trazado no es muy antiguo. La construcción actual podría ser del siglo XVIII


Las casas más antiguas que han llegado hasta nosotros no son anteriores al siglo XVII y se presentan como típicas del norte, cántabras o vascas: vigas horizontales, otras menores verticales que las unen y otras inclinadas de una horizontal a otra. Los espacios intermedios se rellena de adobes pegados con barro arcilloso, en postura horizontal o inclinada. Por esta zona no existe la piedra de construcción, sí la arcilla o diferentes tierras para hacer adobe. Los tres molinos y la fragua, arreglados y restaurados, conservan visible esta forma de construcción, y algunas otras casas antiguas.



En una de las esquinas que forman en el centro mismo del pueblo el cruce de las dos calles principales se levanta una iglesia pequeña, a la que siempre hemos conocido con el nombre de ermita. Es casi seguro que su origen se remonta a tiempos anteriores al siglo XVIII: podría ser incluso románico, quizá de la misma época de la ermita de San Lorenzo y del ábside de la iglesia parroquial, pero que, por los motivos que fuesen, se rehízo o reformó en el siglo XVIII conservando las paredes maestras, la espadaña, la puerta y la ventana. Por necesidades de espacio, se haría un coro cuya escalera taponó una ventanilla en forma de saetera, ahora descubierta. 

Como pueblo ha debido de tener épocas de bonanza económica que repercutieron en las obras religiosas: 

· Desde finales del XII y parte del XIII: se hacen la ermita de San Lorenzo, lo más antiguo de la iglesia parroquial y, seguramente, lo que queda antiguo de la ermita de la Virgen de la Calle.

· Del siglo XVI: es la parte rehecha en gótico de la iglesia parroquial, su sagrario, las imágenes de los patronos San Julián y Santa Basilisa, la de San Roque y la de la Virgen de la Calle.

· Del siglo XVII: los retablos de la ermita de San Lorenzo, de la ermita de la Calle y el mayor y el lateral de la parroquia.


· Del XVIII: es la ermita de la Virgen de la Calle (en su estructura antes de la reforma del 2007) y la portada y contrafuertes de la iglesia parroquial.



Quizá podríamos citar otros elementos artísticos, pero valga con estos para señalar las épocas de mayor bonanza económica. La economía se basaba en la ganadería, en la agricultura y en la industria que se derivaba de ambas. El cultivo de la tierra estaba basado, sobre todo, en cereales, legumbres y lino.

El siglo XIV tuvo para Castilla (en realidad para toda la España cristiana e, incluso, para toda Europa) una trascendencia extraordinaria. En los años 1315 al 1317 hubo un cambio climático (se le llamó “pequeña edad de hielo”) que provocó una gran sequía y la casi anulación de productos alimenticios. En el 1348 aparece la peste negra, la gran peste se la llamó. Hubo zonas de Europa en que murió más del 50 % de la población. De la diócesis de Palencia se abandonaron más del 20 % de las parroquias. Y hubo diócesis que se quejaban de que habían dejado de percibir más de la mitad de sus ingresos a causa de las muertes habidas. Y siendo tan mortífera esa epidemia, no fue única: casi matemáticamente cada diez años volvía a aparecer con nueva virulencia. Consecuencias de estas tragedias: la población se diezmó, el campo se queda sin brazos que lo trabajen, las hambrunas empezaron a aparecer, las gentes, debilitadas, eran fáciles víctimas de todo tipo de enfermedades, se encarecieron los alimentos, los campos se abandonaron, desaparecieron pueblos… Y, en contra de lo que pudiera parecer, las guerras internas y externas continuaron, despoblando aún más los campos… El siglo siguiente, el XV, todavía sufriría las consecuencias de la falta de población.


Desgraciadamente las plagas, pestes, epidemias… más o menos extendidas y con mortalidad diferente, pero siempre grandes y graves, no dejaron de estar presentes en la geografía hispana a lo largo de siglos sucesivos. (otra, de cólera, muy grave ocurrió en el 1885).

Hay una cosa que nos parece curiosa a las gentes de hoy si no sabemos los porqués: el suelo de la iglesia parroquial está enlosado de una forma muy regular con piedra. Siempre se ha dicho que bajo las losas había enterramientos. Ciertamente en un periodo de la antigüedad se enterraba dentro de las iglesias. Luego se prohibió hacerlo por cuestión de higiene. Y otra curiosidad: el presbiterio de la iglesia parroquial, que es de piedra tallada, estuvo en tiempos encalado. Fue el obispo de la diócesis (así lo cuentan los que lo recuerdan) quien mandó rasparlo, explicando que la piedra es artísticamente de mucho más valor que la pintura de cal: se nota claramente el encalado todavía. ¿Por qué lo pintarían con cal nuestros antepasados? Simplemente por higiene: la cal era un desinfectante y así luchaban contra las plagas y pestes.


¿Y qué fue de los otros dos pueblos, o poblados, o caseríos? Desaparecieron. ¿Cómo, cuándo y por qué desaparecieron? Todavía es un misterio histórico. Quizás por alguna peste, o simplemente por su desgaste vital..., como sucedió con el poblado del Indiviso. Y como está sucediendo ahora en muchos pueblos de Castilla. Lo cierto es que cuando se habla (siglo XIV) de pagar abadengos a los monasterios de Santa Eufemia y de San Andrés figura el nombre de Micieces, no el de los otros dos. O habían ya desaparecido por esas fechas o el pueblo principal era ya Micieces. En 1611 hay una bula del papa Pío V sobre la Hermandad de San Lorenzo, pero no significa que el poblado siguiese todavía con vida: podía tener su sede en la ermita del Santo, aunque la gente fuese de Micieces. Y sí se cuenta que, por la fiesta de San Lorenzo, se bajaba al santo a Micieces y luego se le volvía a su ermita. Parece que San Andrés desapareció primero, quizá hacia el siglo XIV y San Lorenzo en época muy posterior, finales del XVII o ya en el XVIII.

Seguramente Micieces siempre fue el núcleo principal de estas tres poblaciones.













Los datos históricos y toponímicos está tomados, sobre todo, de:

- F. Roberto Gordaliza Aparicio y Miguel A. Ortiz Nozal, “Boedo-Ojeda y Ribera: Apuntes de Historia, Arte y Toponimia”, Palencia 2004.


- Miguel A. Ortiz Nozal, “Apuntes históricos, Herrera de Pisuerga: Retazos de historia, Valle de Ojeda”, nº 97.


- vv.aa. Micipedia (s/f).


- Anónimo. Libro de Leandro (s/f).




Relacionado:

- Para una historia de Micieces, parte 1ª
- Para una historia de Micieces, parte 2ª

domingo, 10 de marzo de 2013

PARA UNA HISTORIA DE MICIECES DE OJEDA 2ª








MICIECES DE OJEDA: UN POCO DE HISTORIA
(PARTE 2ª)

Por: JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ IBÁÑEZ (PEPE)  

Para comprender muchas cosas actuales de un pueblo o de una nación, es necesario saber un poco de su historia, escrita u oral. La historia explica muchos porqués y ayuda a comprender el cómo somos, en cuanto pueblo o nación y en cuanto individuos. Tenemos unas raíces que, querámoslo o no, nos marcan. ¡Y malo será el futuro de un pueblo que ignora, olvida o tergiversa su historia, su pasado! La historia es maestra de la vida y nunca tiene por qué dividir ni enfrentar: está ahí, fue vida en su tiempo y puede ayudarnos a que el futuro tenga una esperanza de ser mejor que el pasado. Los datos e ideas que aquí figuran escritos, no son la “historia” de Micieces, pero pueden ayudar a comprender mejor el presente. ¡Ojalá!



TIEMPOS ANTIGUOS


Y cuenta la historia que ya antes de Cristo esta región estuvo poblada y cultivada. Los cántabros y gentes del norte se pasearon por estos valles, no pocas veces peleando con los moradores de aquí y, más tarde, contra los romanos: las guerras romanas de César contra los cántabros que no querían civilizarse, ocurrieron no lejos de aquí. A la caída del imperio romano, los pueblos germanos también pasaron por estas tierras palentinas y alguno se quedó. Recordemos que por algo a la Tierra de Campos se le llamó “Campos góticos”. Y tampoco las guerras de los visigodos por dominar el norte ocurrieron lejos de aquí.

Guerras cántabras.
Pero lo que interesa más para la historia de Micieces y para la historia de la Virgen de la Calle sucede más tarde.Comienzos del siglo VIII. El año 711 los árabes vencieron en la batalla del río Guadalete o laguna de La Janda al rey visigodo don Rodrigo y a su ejército y se adueñaron en muy pocos años de toda España. Los cristianos, fueran godos o romanos, dejaron sus campos y pueblos desiertos en manos de los invasores, ocultaron y escondieron todo cuanto no se podían llevar y huyeron a las montañas del norte buscando una mejor protección entre sus riscos, valles y bosques. En el año 722 se da la batalla de Covadonga con la que se inician los enfrentamientos de moros y cristianos por la posesión de España, dando principio a la lucha de ocho siglos que recibe el nombre de Reconquista. En esa fecha y batalla tiene su origen y comienzo un reino cristiano que en principio se llamó Asturias, que poco a poco se fue extendiendo y se convirtió en el reino de León, y que más tarde se transformó en el de Castilla.


No parece que los conquistadores árabes estuvieran mucho tiempo por estos parajes, ni que dejasen demasiados recuerdos y cultura en los pueblos de la Ojeda y de estas zonas de la alta meseta castellana, aunque sí se cuentan algunas leyendas y todavía suena algún que otro topónimo. A las tierras de la meseta, desde las montañas hasta el Duero, se les vino a llamar por algún tiempo tierras desiertas o abandonadas. Y durante años los conquistadores musulmanes las recorrían en sus incursiones guerreras, o aceifas, buscando alimentos, riquezas, esclavos y la gloria guerrera de matar cristianos.





 Por otra parte, las zonas montañosas del norte se vieron superpobladas con todas las gentes que habían emigrado del sur (hay investigadores que dicen que fueron más de medio millón de personas las que huyeron a refugiarse en las montañas), y, como consecuencia lógica, pronto la escasez de alimentos empezó a notarse y el hambre no tardó en aparecer. Es entonces cuando los más aventureros deciden que hay que emigrar hacia el sur, a las tierras de más allá de la montaña, a la llanura, que se presentan a sus ojos como despoblada, ya sin gran peligro, fértiles y prometedoras. Y hacia el 814 (prácticamente un siglo después del inicio de la invasión árabe), aprovechando la debilidad del emirato de Córdoba, los primeros foramontanos salen de Malacoria y se encaminan hacia la Bardulia, que posteriormente se llamará y será Castilla.


Se les llama “foramontanos” por venir de más allá de las montañas, o por ser la avanzadilla que, al salir a la llanura, protege las montañas (ambas versiones tienen su sentido y validez). Y son, en principio, los descendientes de aquellos que huyeron ante la invasión árabe, a los que se añadirían gentes de otros pueblos: godos, astures, vascones, cántabros…



Estos pioneros se adueñan de las tierras simplemente por el sistema de presura, o sea, la tierra es del primero que la cultiva. Los reyes no se oponen a esta forma de apropiación, puesto que favorece sus propios deseos y aspiraciones: repoblar las tierras abandonadas y tener unas gentes que fueran el primer parapeto contra las incursiones musulmanas. A partir del 850 son los mismos reyes, y también los condes, quienes organizan este sistema de presuras, lo regulan y lo favorecen incluso con otorgamiento de fueros. Este hecho animó a muchos otros a emigrar y a establecerse en esas tierras de las que quedaban como dueños. Incluso muchos mozárabes huían de tierras musulmanas y se pasaban a las de los cristianos.


El año 850 marcó un hito en el fenómeno de la repoblación de esta zona: el rey de Asturias Ordoño I (850-866), junto con el primer conde de Castilla, D. Rodrigo, reconquistan Amaya, Monte Cildá (Mave), Ebur (castillo de Vega de Bur) y Saldaña, y repueblan sus tierras. ¡Casi siglo y medio había pasado desde la conquista árabe y huida de los cristianos a las montañas! Estos castillos y fortalezas dan confianza a los nuevos repobladores, que se lanzan en mayor cantidad y cada vez más hacia el sur, hacia la llanura y los valles más fértiles: organizan el territorio, levantan iglesias, recuperan molinos, labran las tierras, fundan pueblos… Así sucede en los valles del Burejo que después se llamará Ojeda, en los que surgen villas, caseríos y pueblos (unos todavía existen, otros desparecieron en la historia), tomando sus nombres del origen de sus primeros repobladores, del paisaje, de lo que producen con más abundancia, de la propia toponimia antigua o nueva, de algún santo o de la condición legal en que nacen.


Cuando los musulmanes estaban fuertes, aprovechaban para hacer sus correrías guerreras por las tierras cristianas, las aceifas. De modo que estos repobladores cristianos, fundadores de pueblos, cultivadores de la tierra y criadores de ganado, solían trabajar el campo con una mano en el arado y la otra en la lanza o espada, al decir de los cronicones antiguos, y siempre con la vista puesta en el horizonte por si llegaba el enemigo y, a la vez, en el castillo que les daba seguridad y defendía. Claro, cuando a los cristianos les era posible y se sentían fuertes, hacían sus propias correrías por tierras musulmanas.


En los siglos del IX al XI hubo por esta zona y alrededores mucha actividad guerrera: aparte de las correrías moras y cristianas, estaban las luchas entre los cristianos originadas por la sucesión al trono o por el nacimiento del condado y luego reino de Castilla, algunas de cuyos más principales hechos, acontecimientos y batallas se dieron no lejos de esta zona, entre los ríos Carrión y Pisuerga, en las riberas del Pisuerga y en la Tierra de Campos (Tamarón / Támara ). Pero no parece lógico que los ejércitos de unos y otros pasasen por Micieces porque les quedaba un poco a trasmano: basta mirar el recorrido de la actual carretera. El camino más lógico en las direcciones norte-sur y este-oeste es el de los valles más fáciles, señalados siempre por los ríos. En el caso de la Ojeda, el más fácil y seguro era el marcado por el río Burejo por cuyo valle iba la antigua calzada Herrera-Liébana (es el camino que hizo el ejército carlista desde Cervera hasta el Pisuerga en Alar, por Prádanos). Aunque esto tampoco equivalía a estar totalmente tranquilos y disfrutar de una paz que no tenía la zona.


  




(Continuará)



Los datos históricos y toponímicos está tomados, sobre todo, de:

- F. Roberto Gordaliza Aparicio y Miguel A. Ortiz Nozal, “Boedo-Ojeda y Ribera: Apuntes de Historia, Arte y Toponimia”, Palencia 2004.


- Miguel A. Ortiz Nozal, “Apuntes históricos, Herrera de Pisuerga: Retazos de historia, Valle de Ojeda”, nº 97.

- vv.aa. Micipedia (s/f).

- Anónimo. Libro de Leandro (s/f).



Relacionado:

- PARA UNA HISTORIA DE MICIECES (PARTE 1ª).

sábado, 9 de marzo de 2013

PARA UNA HISTORIA DE MICIECES DE OJEDA (1ª)









Atardecer en la Ojeda.


MICIECES DE OJEDA:

(PARTE 1ª)
POR: JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ IBÁÑEZ (PEPE).

· Comunidad autónoma: Castilla-León
· Provincia: Palencia
· Código Postal: 34485
· Comarca: la Ojeda
· Partido judicial: Cervera de Pisuerga
· Situación geográfica:
Latitud: 42º 41' 25" N
Longitud: 4º 27' 43" O
· Altitud sobre el nivel del mar: 935.60 m.
· Población (2012): Hombres ….. 50
                               Mujeres …… 41
  TOTAL ..….. 91
· Superficie de su término municipal: 20 Ha.


(Datos sacados de internet).
      Nombre.

·  En el siglo XIII (con Alfonso VIII, 1203) aparece ya el nombre de Mexieces. Y fue este rey quien “donó el lugar de Mexieces a Fernando de Robledillo, su fiel vasallo”.  
·  En un documento de 1208 referente a Vega de Bur aparece con el de Messiezes. Posteriormente está transformado en Meçieces (en tiempo de Fernando III).
·  En el siglo XIV (1345) aparece con el nombre de Mexeces.
·  En el siglo XVI: en 1573 el Concejo de Micieces hace un regalo de un sagrario (el de la parroquia), a la iglesia, y en la dedicatoria figura el nombre de MEÇIEÇES. (Pongo la letra Ç, pero sería seguramente el sonido x + c/s).
·  En el XVIII (1752, con el Marqués de la Ensenada) es Miziezes.

    Se sitúa en el valle que forma un arroyo –para los miciecenses es río- al que unos llaman “arroyo de Payo”, porque nace en una fuente de Payo, y otros ponen en el mapa “río de Villavega”. No os creáis esos nombres: debería llamarse “río Micieces” porque es en el término municipal de Micieces donde se le une el “río del Valle” y de otros muchos valles y vallejos que hacen que realmente tenga una cierta categoría de río. (Y así es reconocido en el cuaderno de respuestas al Interrogatorio del Catastro de Ensenada, correspondiente a Payo, donde textualmente dice:"... llamado río Miziezes"). En Micieces riega las vegas –de Arriba y de Abajo- y mueven sus aguas tres molinos harineros. Termina su recorrido vertiendo sus aguas en el Burejo, en La Vid, y, juntas las de ambos, van a dar al Pisuerga.

     Ciertamente este río (los miciecenses ni siquiera le llamamos “aprendiz de río”, como otros a otro más grande, sino siempre río, a secas) no llega nunca a secarse, pero su estiaje es muy grande y cuando más se necesita para el riego, que es en el verano, menos agua lleva. Casi siempre, antes más que ahora porque se regaba más, queda su cauce prácticamente seco desde el puente de Micieces para abajo. Pero alguna vez se le hinchan las narices y se atreve a amenazarnos con riadas caudalosas.


OJEDA: Valle de La Ojeda:

Viene del latín “fogium” (hoyo). En 1214 (Alfonso VIII) aparece ya como “Fogedas” y en 1345 ya se escribe “Ojeda”. Se refiere al terreno que no deja de ser una “hoyeda”,  conjunto de hoyos, porque visto desde arriba, por ejemplo, desde la montaña y, mejor todavía, desde la Peña Redonda, sus valles aparecen como hoyos, no profundos ni grandes, orientados hacia el valle del Pisuerga.


Valle de la Ojeda.
Valle de la Ojeda (desde Micieces).










RÍO BUREJO:

·        Es el río principal de la Ojeda (el Eburi antiguo, del vasco Ebo-uri, que significa  “castro o fortaleza de Ebo”; o del germano “burg” = fuerte).
·        O quizá venga de una palabra celta que significa tejo (taxus baccata).  El tejo es un árbol de hoja perenne, fruto de baya, de madera rojiza, de color verde oscuro y de lento crecimiento y larga vida. Se da en tierras calizas. Une una gran dureza con una gran elasticidad. Su madera es dura y resistente, buena para barcos y arcos de guerra, entre otras cosas. Simboliza la inmortalidad.
·        De  ebur = tejo nos vendrían los nombres de Castillo de Ebur, Vega de (e)Bur y (e)Burejo. Estas tierras fueron ricas en tejos, que las talas indiscriminadas, la construcción de naves de guerra y otras causas hicieron que fueran despareciendo. Quedan en muchos pueblos nombres toponímicos (tejera, por ejemplo, que indica que hubo tejos), y hasta el nombre de un pueblo cercano: Dehesa de Montejo, con su monte de tejos milenarios, el Tosande. (Ver art. EBUR en internet).




Himno a Micieces de Ojeda