martes, 16 de febrero de 2016

Micieces de Ojeda. HORNOS CASEROS (II). El horno de pan.






Zona de adoberas (camino de Oteros).




Zona de adoberas (por Los Robles)



                          EL HORNO DE PAN

(JLR)


Los que conocemos como los hornos miciecenses más antiguos, esos que en el decir de la gente “siempre han estado ahí” ─hasta que los derribaron─, provienen de finales del siglo XIX o principio del XX. Y la mayoría son de antes de la guerra del 1936. Solo algunos se hicieron después, incluso se asegura que hubo necesidad de hacerlos en los tiempos del estraperlo y del racionamiento. Recuérdese que en aquellos tiempos se solía moler a escondidas y no era políticamente bueno ni conveniente dar a conocer que se hacía pan.

        El hecho de que hayamos contado hasta 43 hornos de pan en el pueblo ─incluso es muy posible que alguno se nos haya pasado y no lo hayamos contado─, significa que cada familia tenía su propio horno: ese número casi coincide con los datos  esenciales de algunos censos relativos a casas y familias.

Todos los hornos de Micieces son del mismo tipo y modelo: redondos y terminados en bóveda semiesférica. Pero dentro de esta uniformidad, había hornos de dos tipos:

        -      De una planta: era el más común. En su suelo o piso se hacía el fuego, se retiraba cuando ya tenía el calor necesario y ahí mismo se metían los panes y se cocían.
       -    De dos plantas: era menos comunes, pero los había. Estaba dividido en dos partes: la parte baja era el hogar u hornacha, donde se hacía el fuego; la parte de arriba era donde se cocía el pan. Pero ─¡oh sabiduría y experiencia del pueblo!─, el piso de la parte superior tenía una boca o abertura no pequeña en su centro que comunicaba ambos pisos: por ahí pasaban las llamas y el calor a la parte superior. ¿Qué se conseguía con esto? Evitar el efecto glorieta: se calentaba, y mucho, el piso, pero el calor no se repartía por igual en todo el ámbito del horno. Con esa comunicación, el calor se repartía uniformemente y el pan cocía por todas partes a la vez e igual.  En los hornos en los que solo se calienta la parte superior a través del piso o suelo, no se consigue este efecto.


Tanto los hornos de una planta como los de dos eran redondos y en bóveda o cúpula semiesférica. El saber popular había copiado de la arquitectura monumental la bóveda y la había aplicado al horno de pan. Esto tenía sus ventajas: la difusión del calor era uniforme, era fácil alcanzar los grados de calor para la cocción sin aumentar mucho los costes ─o sea: con poca leña se conseguía suficiente calor─, y la cúpula tenía suficiente resistencia como para evitar el peligro de hundimiento. La cúpula se hacía lo suficientemente alta como para que la presión recayese sobre sus propias paredes y la clave funcionaba como punto de apoyo de la presión de la bóveda. Técnicamente, en cuanto obra de arquitectura, el horno en bóveda semiesférica es una obra perfecta, fácil de calcular y fácil de realizar. La forma de los adobes de horno ayudaba a conseguirlo. Y es que el horno de pan era una copia de las cúpulas monumentales en piedra que edificaban los grandes arquitectos, y los adobes de horno imitaban la forma de las piedras labradas para esas cúpulas artísticas, y, como en las obras de piedra, el horno también sellaba su cúpula con la clave, sobre la que descansaba toda la presión. ¿O a lo mejor fue antes el horno de pan en cúpula semiesférica que las obras monumentales en piedra? Desde luego, el pan fue mucho antes.



Algunos de estos hornos eran relativamente grandes; otros, más bien pequeños. Su tamaño dependía del de la familia y del espacio que se tenía para hacerlo. Si la familia era de pocos individuos, no se necesitaba un horno grande, pero si la familia era numerosa, era necesario cocer más pan y el horno era mayor, porque no iban a estar cociendo todos los días.

En Micieces no hubo hornos de poya ─al menos no se recuerdan─, ni se conoció el pan de poya ─"impuesto que se pagaba al dueño del horno", no hacer juego de palabras ni confundir la y con la ll, porque los miciecenses no somos yeístas─. Las familias que no tenían horno, las menos, cocían el pan en el horno de otra familia y, seguro, algo pagarían, generalmente en especie, pero nunca se lo llamó “pan de poya”.


Nº 31 en el listado.


Nº 31 en el listado.

En Micieces hoy solo quedan en pie tres hornos: en el plano corresponden a los números 25, 31 y 32. A lo mejor hay más y alguien puede dar razón de ellos. Han ido desapareciendo paulatina y progresivamente. ¿Por qué? Son varias las causas que los han hecho derribar:

·    Ya no se necesitaban porque había panadero que te ponía el pan en la puerta y, bien mirado, salía más cómodo, más práctico e, incluso, más barato. A esta causa también se le puede dar la vuelta: porque desaparecían los hornos, aparecieron y aumentaron los panaderos.
·    Demasiado trabajo, esfuerzo y sudor para hacer el pan: el “ganarás el pan con el sudor…” era cierto, y más en el verano. Y en invierno no era bueno pasar del calor del horno y hornera al frío exterior. El día de cocer el pan era de trabajo duro y pesado, y más casi siempre para las mujeres.
·    Se necesitaba la hornera para otros menesteres: patatera, habitación, almacén… Y el pan ya lo traía el panadero ─en tiempos primeros solo el sr. Resti de Payo; después vinieron otros más─.
·    Cuando se comenzaron a modernizar las antiguas casas, o a hacer sobre sus solares otras nuevas, se arrasó con todo lo que estorbaba. Y, desde luego, el horno y la hornera ya no servían para nada. Economía de espacio y acomodación de los espacios a las necesidades modernas.

Lo peor del deshacerse de los hornos es que se tiraron sin más, sin pena ni dolor, sin lástima siquiera: el horno se había convertido en un estorbo y como tal desaparecía. Modernamente alguno hay que se lamenta de haberlo tirado, o de que se lo hayan tirado.


Solo un horno, el último que se hizo, está fabricado con ladrillo refractario comprado, aunque, eso sí, pegados los ladrillos con argamasa hecha de la arcilla del pueblo. Todos los demás son de adobes, hechos en el pueblo y con la arcilla existente en el pueblo. Dicho de otro modo: son totalmente de fabricación casera y con material casero.

Último horno que se hizo en Micieces (nº 25 en el listado) 







Próximamente:

- LA HORNERA.
- DÍA DE HACER PAN.
- CÓMO SE HACE UN HORNO CASERO DE PAN.
-VOCABULARIO DE "HORNOS DE PAN".


También puedes ver:

- LISTADO DE HORNOS DE PAN.
- LAS HORAS Y LOS NOMBRES DE LAS COMIDAS.
- TRADICIONES Y RITOS EN LAS COMIDAS.
- MÁS TRADICIONES Y RITOS EN LAS COMIDAS.
- LAS OREJUELAS.













viernes, 12 de febrero de 2016

Micieces de Ojeda. HORNOS CASEROS DE PAN (I). Listado de hornos.







Hornos  caseros  de  pan
MICIECES DE OJEDA─


(JLR)





       LISTADO DE HORNOS DE PAN EN MICIECES

Hasta finales del siglo XX ha habido en Micieces 43 hornos de pan, cuya existencia podemos confirmar basándonos en la Micipedia.  No quiere decir que en todo momento, o en un momento determinado, estuviesen en pie, y menos funcionando, los 43. Todos eran hornos familiares, menos uno que era de panadería industrial, es decir, de fabricación de pan para la venta. Todavía existe, aunque no funciona. Hay otro que, aunque puede cocer pan, no se ha empleado para ello, sino para otros menesteres culinarios. Son los dos últimos que se hicieron: el industrial, por la década de 1960 ─nº 32─, y el otro, mediada la de 1990 ─nº 25─.

Y de todos ellos solo quedan en pie tres: los dos anteriores y un tercero en una casa no habitada desde hace tiempo (nº 31). Una pena, pero la vida manda…






Próximamente:

           - EL HORNO DE PAN.
          - LA HORNERA.
          - DÍA DE HACER PAN.
          - CÓMO SE HACE UN HORNO CASERO DE PAN.
          - VOCABULARIO DEL HORNO DE PAN.








 


También puedes ver:

- LAS HORAS Y NOMBRES DE LAS COMIDAS.
- TRADICIONES Y RITOS EN LAS COMIDAS.
- MÁS TRADICIONES Y RITOS EN LAS COMIDAS.
- LAS OREJUELAS.



jueves, 4 de febrero de 2016

Micieces de Ojeda. LAS OREJUELAS Y EL CARNAVAL (II). Las orejuelas.




LAS OREJUELAS

Lo que sí es tradición y viene desde… siempre, son las OREJUELAS.
Incluso cuando en casa las hemos hecho en verano, simplemente por gusto y por comerlas, su regusto y sabor nos ha retrotraído a los carnavales de la infancia, que son los que pudimos celebrar en el pueblo. ¡Y, la verdad, las orejuelas del verano saben también a carnaval!

La orejuela es un dulce de masa de harina de trigo, sin fermentar, fina de grosor, sin forma ni tamaño definidos, aunque suele ser cuadrada o rectangular. Se la fríe en aceite muy caliente, por eso le salen ampollas o abultamientos tipo globo. Recién sacada de la sartén, se le espolvorea azúcar por encima de su cara o se le echa miel.

            Hay recetas muy variadas para hacer orejuelas y posiblemente cambien de pueblo a pueblo y, en no pocas ocasiones, de familia a familia. Estas son unas recetas de Micieces, con las que salen unas orejuelas… para chuparse los dedos, se lo aseguro.





  RECETA 1ª: Recogida por Lidia S. en "CA LA ROSA"

1.     Ingredientes para 4 huevos:
       ·       4 huevos
       ·       Manteca de cerdo (una cucharada y media más o menos)
       ·       Zumo de una naranja.
       ·       Azúcar.
       ·       Orujo.
       ·       Harina.
       ·       Bicarbonato.
       ·       Aceite para freír.
















2.     Se baten los 4 huevos y se añade la manteca de cerdo (una cucharada y media más o menos, cuchara sopera). Y el zumo de una naranja: no exageres. Y el azúcar (2 ó 3  cucharadas, según el gusto). Si echas mucho azúcar, las orejuelas van a estar más dulces, pero se quedan duras, como tejos o tangos.

3.     Añade una copita de orujo (o una copa, no te emborrachará porque el alcohol se volatiliza al freír). Y una pizca de bicarbonato (una cucharada cafetera).

4.     Y la harina: se va echando poco a poco, toda la que admitan los huevos batidos hasta que cuaje la masa, quede espesa, bien batida y no se pegue ni a los dedos ni a la mesa, ni a…

5.     ¡Y... a amasar toca! Y amasar hasta que quede como si hicieras pan, elástica, no pegajosa… Se amasa al estilo de la de pan. Espolvorea un poco de harina en la mesa y en tus manos para que no se te pegue.

6.     Ya amasada, se deja reposar tapada con una rodea (trapo de cocina), entre 15 y 30 minutos. No fermenta como la masa del pan: este reposo es para que toda la masa tome el olor, sabor y gusto de todos los componentes. Esta receta no necesita levadura, sí bicarbonato, que no es fermento, pero que hace que la masa se esponje. Pasado este tiempo, se corta un trozo de la masa y se comprueba que ya se puede estirar sin que se rompa y sin que se pegue.

7.     En mejor rodillo para estirar la masa es una botella de vidrio liso, de cuartillo y medio: es el instrumento tradicional. Ahora se suele emplear el “rodillo de cocina”, ese que coge la mujer para darle al marido cuando llega tarde, sí ese que sale en los chistes…

8.     Y la masa se va estirando encima de la mesa, a trozos, no toda de una vez. Para que no se peguen a la mesa, úntala con un poco de aceite. No debe quedar gruesa: ¡va a ser una orejuela, no un adobe! Calcula el grueso del cartón de una caja de zapatos (?), más o menos. La experiencia y la experimentación serán tus maestras.

9.     La masa estirada se va cortando en trozos. Puedes ser original y cortarla como te dé la gana. La orejuela palentina suele ser siempre cuadrangular o rectangular, sin medida fija, según te parezca, te salga o quieras. Si muy pequeñas, ¡qué ruin y cutre!, van a parecer galletitas de té inglés, no vale la pena. Si muy grandes, se te caerá a trozos, a cachos, cuando la muerdas.

10.  Y se van metiendo en la sartén, que ya tendrá el aceite muy caliente y abundante. Cuando ya le salen los gorgoritos (esos globos o bultos que le salen al freírlas, sin los que las orejuelas son tangos, tejos o adobes), se les da la vuelta para que se frían bien. No las dejes quemar, pero consigue que tengan un color de fritas, no de crudas

11.  Mientras unas se van friendo, se van preparando las siguientes, otro trozo de masa: no se hacen todas a la vez, sino poco a poco y al ritmo que marca la sartén.

12.  En la sartén se las mueve y maneja con una aguja metálica de las de  hacer punto: era el instrumento tradicional que había en todas las casas. Claro, hoy hay instrumentos mejores… ¿O quizá solo más caros?

13.  Ya bien frita, se saca la orejuela de la sartén y, aún caliente, recién sacada, se la espolvorea por encima azúcar, a gusto de quien las hace. Algunos las echan miel, pero hay un problema: si se lo echas al sacarlas, ¿cómo las almacenas y las guardas? Se te van a pegar unas con otras, se van a romper cuando las vayas a comer y perderán la belleza propia de la orejuela…Si piensas echarlas miel, que se lo eche quien las va a comer y cuando las vaya a comer. ¡Y el comerlas y la miel, de una en una!

14.   Espera que se enfríen para comerlas. De recién sacadas, calientes, no se aprecia el buen sabor…

15.  ¡Que las disfrutes!

Con miel.

Con azúcar.














  RECETA 2ª: Viene de en “CA AMPARITO Y PURI”

1.     Ingredientes:
       ·       Huevos, aceite
       ·       naranja
       ·       orujo
       ·       azúcar
       ·       1 sobre de levadura 
       ·       harina.




2.     Cantidades: los huevos son los que marcan las cantidades de cada ingrediente que vamos a echar. Usamos de medida la cáscara de huevo: bueno, la media cáscara. Y echaremos por cada huevo:
      ·       media cascara de aceite,
      ·       media cascara de orujo,
      ·       una cucharada rasa de azúcar,
      ·       sobre de levadura,
      ·       harina: la que admita hasta que la masa quede elástica y no pegajosa. 






3.     Modo de hacerlo:
        ·       Se baten los huevos.
      ·       Se va echando el aceite (sin dejar de batir). Y el orujo (sin dejar de batir). Y el zumo de una naranja, y el azúcar, y el sobre de levadura: todo sin dejar de batir.
       ·       Y la harina: se va echando poco a poco y de forma continua: ¡y sin dejar de batir! ¡Bátelo todo junto! ¿Cuánta harina? La necesaria para que endurezca y ya no puedas batir, sino que tengas que amasar. 

4.     Amasado: Cuando ya no se pueda batir más, hay que amasarlo y echar el resto de harina que necesite y admita, pero poco a poco y a la vez que se va amasando, hasta que quede la masa con la elasticidad y dureza propia de la masa del pan: no se ha de pegar ni a los dedos, ni a la mesa. Mientras está suave, se pegará: espolvorea un poco de harina para que no se pegue. Se ha de amasar bien: no tengas prisa, pero no tengas pausa.

5.     Deja reposar la masa, tápala con un paño: ha de mantener el calor y posarse. Aunque lleve levadura, no fermenta como la masa del pan: son orejuelas, no pan frito.

6.     Se va cogiendo la masa por trozos y se va estirando con un rodillo. Han de ser finas, no gruesas. ¿Qué grosor? Pues como el cartón de una caja de zapatos, o así. Y esa masa estirada se va partiendo en trozos: al gusto del consumidor, normalmente de unos 4 cm por 8 cm). Las orejuelas palentinas tradicionales son cuadrangulares o rectangulares. Pero puedes ser original, aunque alguno te diga que eso no son orejuelas.

7.     Se pone una sartén grande con bastante aceite (aceite, no grasa). Se echa una peladura (monda) de naranja hasta que fría bien: nos indicará que la temperatura del aceite es alta, o sea, buena.

8.      Se retira la monda o peladura de naranja y se comienza a freír las orejuelas. Mientras se fríen unas, se van preparando las siguientes. Cuando le salen los bultos o globos por una cara y esta ya coge el color doradito de fritas, se le da la vuelta. Y cuando ya se ve que está frita (los bultos y, sobre todo, el color te lo dirá) se saca de la sartén y se le espolvorea azúcar por encima en cantidad a gusto de quien las vaya a comer o de quien las hace.

9.     Seguro que te saldrán bien. Y si no te salen orejuelas, no tires la masa: haz rosquillos -pequeñas rosquillas redondas y fritas- que también son estupendos. De todos modos la experiencia y la experimentación son las madres de la ciencia… ¡Que las disfrutes! ¡Y me invitas!









Puedes ver también:

- EL CARNAVAL.
- LAS HORAS Y LOS NOMBRES DE LAS COMIDAS.
- LAS COMIDAS: Tradiciones y ritos.
- LAS COMIDAS: Más tradiciones y ritos.

martes, 2 de febrero de 2016

Micieces de Ojeda. EL CARNAVAL Y LAS OREJUELAS (I). El Carnaval.








CARNAVAL, SANANTRUIDO, ANTRUIDO

JLR

Con estos nombres nos estamos refiriendo a la fiesta del carnaval. Y suelen ser los tres días anteriores al miércoles de ceniza: domingo, lunes y martes, apellidados de carnaval. No obstante, en muchos sitios se celebran durante una semana entera y, en otros de más tradición y empaque, empiezan nada más terminar el tiempo de navidad y siguen en la semana del miércoles de ceniza. El DRA define el carnaval como los tres días que preceden al miércoles de ceniza. Son las fiestas populares que se celebra en tales días y consisten en mascaradas, comparsas, bailes y otros regocijos bulliciosos. Considera sinónimos de carnaval los términos antruejo y carnestolendas. 

Antroido, antruejo, antruido y sanantruido o san Antruido provienen de la palabra latina introitus, que significa introducción a algo. Aquí es la introducción a la cuaresma o días de las carnestolendas. Y el nombre de carnestolendas carnes + tollendas: las carnes a suprimir, a quitar─ era el tiempo de abstinencia de carne, o sea, la cuaresma. Posteriormente la cuaresma siguió con el nombre de cuaresma y el de carnestolendas lo asumió el carnaval. En el caso de san Antruido ─o sanantruido─ se pretendía con dicho nombre,  al menos con la ironía propia del pueblo, proclamar que estas fiestas no eran menos santas que otras, incluida la cuaresma. De ahí el refrán: San Antruido, buen santo; Pascua, no tanto, que podría entenderse en cualquier sentido, pero también en el de que el carnaval no era malo de maldad, ni pecaminoso, ni…

 En el habla miciecense han perdurado los nombres de antruido y sanantruido o san Antruido para referirse a las fiestas del carnaval.

            Pero Micieces no ha tenido una tradición típicamente carnavalera. Cuando había un grupo de gentes unidas por la edad, por la amistad o por cualquier otra circunstancia, como la presencia de uno con más iniciativa y liderazgo, celebraba una fiesta en el carnaval, pero no porque siempre se ha hecho, o porque fuese una tradición intemporal, sino porque había ganas de fiesta y el calendario ponía una fecha muy apta para ello. La juventud, la niñez y, a veces, los demás grupos sociales con sentido del humor, se disfrazaban de lo que podían, pedían por las casas y, con lo que sacaban, organizaban una merienda o comida.


            Recuerdo que un año una tía común nos disfrazó a los primos que no éramos sino niños de escuela, y quizá solo de los medianos: nos puso unas faldas, yo qué sé de qué, nos pintó la cara, tampoco recuerdo de qué ni cómo, seguro que no nos miramos ni al espejo, pero, en fin, que íbamos más o menos de mujeres sin edad definida, ni posible localización en el tiempo, ni en la geografía ni en el estrato social. Nos juntamos con otros de la cuadrilla y fuimos a pedir por las casas. Y dar, sí que nos dieron algo ─huevos, patatas, chorizo, dulces…─ y con todo ello y, seguro, algo más que añadió la cocinera, una de las madres nos hizo semejante tortilla y la merendamos con hambre y con alegría. Nos quitamos los trapos y la pintura, y a otra cosa. Pero hete aquí que algunos éramos monaguillos y el cura, el día siguiente antes de la misa, nos echó un soberano rapapolvo…

─Bah, no le hagáis caso, que es carnaval… ─nos dijeron nuestras madres y la tía que nos disfrazó. Y ahí quedó todo, guardado en el baúl de los recuerdos infantiles.


            En otra ocasión fueron las muchachas las que celebraron el carnaval. Había un grupo de la misma edad y que se llevaban muy bien. Incluso, con ellas, se integraban dos o tres que eran mayores. Pues una de las del grupo, muy tímida ella y con nombre de una flor muy común en la escuela de las niñas y en la de los niños, decidió disfrazarse de muchacho, con unos pantalones viejos de su padre (¿fue la primera en usar pantalones en Micieces?). “¡Que no, que no puede ser! ¡Qué escándalo!”, decía su madre. Pero fue que sí y por primera vez se puso unos pantalones. Y a su madre no le quedó más remedio que reírse. Aún recuerda que le daba vergüenza al principio, pero lo que mejor recuerda es lo bien que se lo pasaron y lo buena que estaba la tortilla que la madre de una de ellas hizo con las patatas, el chorizo y los huevos que les dieron.



            Años después, algunos mozos ─ya no era cosa de niños, sino de mayores─, se disfrazaron de mujeres, de muchachas dicen que provocativas o al menos llamativas ─los niños no entendíamos mucho de eso ni sabíamos qué diferencia podría haber entre unas y otras─. Y ahí sí que se armó buena: no les corrieron por el qué dirán…
─Que eso no se hace, que eso está muy mal…, que adónde vamos a parar…, que mira que disfrazarse de mujeres, serán… ─Y venía una retahíla de palabras que a los niños nos sonaban a palabrotas que no se deben ni pueden decir…

            Y organizaban baile en la casa del tió (sic) Emiliano o en los prados, casi siempre con una gramola. Las orquestas salían caras y se contrataban para San Lorenzo.

Y la gente más mayor (que no más vieja, aunque no estoy seguro) se escandalizaba, pero iba a ver el baile. ¡Y lo disfrutaban! O sea, que tiempos antes o tiempos después… los jóvenes siempre han sido jóvenes: revolucionarios y rompedores de reglas. Gracias a Dios.

            


En esas fiestas carnavalescas, los mozos, mozas o cuadrillas hacían, a veces, un monigote de paja, con figura de hombre, mujer u otro ser cualquiera, con frecuencia indeterminado, y le procesionaban por las calles del pueblo entre gritos y canciones, cuyas letras no siempre eran apropiadas para figurar en  un escrito (¿?). El dicho monigote terminaba ardiendo en una hoguera alrededor de la cual se organizaba una fiesta con baile y merienda.

            Por aquellos tiempos en que sucedieron estas anécdotas estaban prohibidos los carnavales, al menos los que no tuviesen una tradición comprobada. En realidad a un pueblo como el nuestro ni le iba ni le venía, aunque siempre había gente que solía recordar que estaba prohibido, que no se podía hacer, que si venía la guardia civil… ¡Pues no tenía otra cosa que hacer…! Y, dependiendo de las circunstancias del pueblo y de la gente, los niños y niñas, los jovenzuelos y jovenzuelas, los mozos y mozas e, incluso, alguna vez gentes casadas y ya provectas en edad, solían disfrazarse de algo muy inconcreto, indeterminado e irreconocible, hacían algún baile y festejo y terminar con la consabida merienda o cena.

            Cuentan, y contaron, los abuelos que habían oído a sus padres y abuelos, que estos había escuchado de sus padres y abuelos, que aquellos habían… Pues eso, que cuenta la Micipedia que en tiempos  anteriores ─a la guerra y mucho antes─ también se hacía algo así como una celebración del tipo de baile de disfraces, con la correspondiente comida o merienda… Pero no se llegaba a una celebración del carnaval que pueda decirse que fuera una tradición del pueblo al estilo de otros de más postín que lo tienen más o menos establecido. Aquí, lo que se hacía era por libre, y por libre decisión de grupos concretos de miciecenses.

"Don Carnal y doña Cuaresma", Brueghel el Viejo (1559)

El castellano (la gente castellana), tan serio por otra parte, siempre ha tenido un humor callado, soterrado, y una ironía, a veces no muy perceptible para el extraño, pero que era utilizada como oposición a prácticas, teorías o autoridades  que no le eran simpáticas o aceptables. Y esto es lo que salía al exterior con la celebración del carnaval. Lo refleja muy bien el  Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita. Las gentes castellanas  respetaban y vivían la seriedad religiosa y sagrada de la cuaresma, pero celebraban con una ironía interna y callada, no exenta de alegría, a veces externa y vocinglera, el triunfo de don Carnal. En esta lucha cíclica, siempre vence doña Cuaresma, pero el pueblo sabe que todo lo triste pasa, que los males no duran siempre y que el próximo año regresará de nuevo don Carnal.  

Derrotado por doña Cuaresma, don Carnaval se despide y promete:

CARNAVAL:            

 ¡Adiós, Cuaresma enlutada!
                                                         
  Me voy triste y apenado.
                                                           Cuando acabe tu reinado,
                                                           ¡volverá don Carnaval!

CUARESMA:           
 ¿Que volverá? ¡Lo veremos!
¡Aquí empieza mi reinado!  
   ¡La juerga ya se ha acabado     
           y es tiempo de seriedad!
                                                           ¡Esparcid ya las cenizas
 en señal de penitencia!
 ¡Y recuerda con paciencia
 que en polvo te convertirás!

                                              


 Pero el año próximo volverá de nuevo don Carnal. Es el sino de la vida, quizá de toda vida. Carpe diem, decía los latinos: la vida hay que disfrutarla mientras se pueda, que mañana ya llegarán las penas. Es el comamos y bebamos, que mañana moriremos de la filosofía epicúrea.



(Próximamente: LAS OREJUELAS).



Entradas anteriores:
- LAS HORAS Y LOS NOMBRES DE LAS COMIDAS.
- LAS COMIDAS: Tradiciones y ritos.
- LAS COMIDAS: Más tradiciones y ritos.
- COMARCA OJEDA-BOEDO EN EL SIGLO XIV.
- MICIECES EN EL SIGLO XIV.

Himno a Micieces de Ojeda