martes, 15 de marzo de 2016

Micieces de Ojeda. EL PENDÓN (I). Qué es un pendón.






Micieces de Ojeda.



EL PENDÓN DE MICIECES

El pendón "viejo".
Los miciecenses que han vivido la Micipedia  antigua, y los que recuerdan hechos y dichos de la antigüedad, cuentan que Micieces siempre ha tenido su propio pendón. Porque, hablando con propiedad, Micieces no tiene bandera que lo identifique e individualice como pueblo: lo que tiene es pendón, como buen pueblo castellano. Y los que no  somos tan antiguos sino nacidos rondando la mitad del siglo XX, recordamos que  en la iglesia parroquial había dos pendones: uno era el válido, el que se sacaba en las procesiones; y el otro, recogido y protegido con una cubierta de tela, estaba bajo el coro,  junto a la pared del fondo de la iglesia, atravesado y sostenido en las vigas. Yo nunca lo vi desplegado, solo asomar un poco la tela, por eso de la curiosidad de los niños monaguillos.


                                         QUÉ ES UN PENDÓN

El PENDÓN es una bandera, estandarte o insignia identificadora  y distintiva de cuerpos militares. También es una insignia o divisa usada en las iglesias como distintiva e identificadora  de sociedades religiosas o cofradías. Y también se llama pendón a un tipo de bandera con  unas características especiales, que se constituye en signo de identidad y símbolo representativo de un pueblo, sobre todo en la zona de Castilla León. Este es el significado al  que aquí nos referimos.

El PENDÓN se diferencia de una bandera convencional principalmente en estos detalles:
·       Solía ir colgado en un palo horizontal que iba pegado a un asta en forma de cruz o de horca. Hoy, aunque todavía hay pendones de los de antes o como los de antes, la mayoría de ellos, y sobre todo los grandes, van unidos directamente al asta, vara o mástil vertical, como si fueran banderas corrientes.

·       Su tamaño: es más alto (largo, en sentido vertical del mástil o asta) que ancho (horizontal, en sentido perpendicular al asta). Suele tener la proporción de 3 x 2. Pero los modernos perdones se salen de esta norma de la vexilología ─ciencia que estudia las banderas, pendones y estandartes─ y cada pueblo lo hace a su gusto, más o menos.

·       La tela propia del pendón es el damasco, la tela adamascada, la seda u otra de textura similar. En ocasiones puede llevar bordados o pintados los  dibujos o símbolos alusivos a la historia de la persona o institución a quien representa e identifica.

·       
    Su color es el que haya elegido el representado. Suele provenir de la historia de aquel a quien representa y seguir las reglas de herencia, legitimidad y otras propias de la heráldica. En los pendones de Castilla y de León no faltan los colores característicos de los antiguos reinos: el rojo carmesí, o gules, siempre está presente, y el blanco, plata, casi siempre, aunque menos, y suelen ir en combinación con otros, generalmente en mezcla variada y llamativa. Cuando está formado por varios colores, cada uno suele ir en una franja de tela, en tira independiente, y todas cosidas entre sí en sentido horizontal, es decir, perpendiculares al asta. Esta forma de presentación de los colores es la típica de Castilla León.


(JLR)


El pendón "nuevo".




         Próximas entradas:

        - EL PENDÓN DE MICIECES.
         - PARTES DE UN PENDÓN.
         - HISTORIA DE LOS PENDONES.
         - EL ESTRENO DEL PENDÓN DE MICIECES. 

                  También puedes ver:


lunes, 7 de marzo de 2016

Micieces de Ojeda. HORNOS CASEROS (V). Cómo se hace un horno casero de pan.









             CÓMO SE HACE UN HORNO CASERO DE PAN

(JLR)


Los hornos caseros de pan pueden ser de ladrillo o de adobe. En Micieces todos eran de adobe, menos uno que se hizo mediada la década del 1990 y no pensando en cocer pan, aunque se pueda cocer en él, sino en otros posibles usos culinarios. ¿Cómo se hicieron? ¿Y cómo podríamos hacer uno hoy? Vea la explicación que nos da la Micipedia, es decir, alguien que todavía guarda en su memoria cosas del pasado, ya historia miciecense. Después de leer esta explicación, pensarás que no es tan difícil hacer un horno de pan. Quien presenta este escrito, simplemente hizo de escribiente y quedó convencido de que sería fácil hacerlo.


1.   Escójase la arcilla. Sirve cualquier arcilla, pero mejor cuanto más refractaria sea, es decir, cuanto más pura sea, porque será más resistente al calor y a los cambios de temperatura. En Micieces hay muchos sitios de donde se puede sacar muy buena arcilla, tanto para adobes como para ladrillos, tejas o baldosas. Es decir, para secarla al viento y sol o para cocerla en horno. Allá por el monte de los Cotorrillos hay varios lugares en los que aflora una arcilla bastante refractaria: es amarillenta porque es más rica en caolín, que es uno de los elementos que hacen a la arcilla más resistente al calor. La inmensa mayoría de la arcilla visible de Micieces es roja. Y en muchas zonas, bajo el suelo laborable, existe arcilla roja también. Esta sirve para adobe tal y como se encuentra en la naturaleza. Y si se la limpia, podría servir para tejas, ladrillos y otros objetos que necesitasen cochura. Ojo, el horno de cocer arcilla no tiene que ver nada con el horno de cocer pan: la arcilla cuece por arriba de los 900 °C, dependiendo de la clase que sea, y la cocción del pan no debe sobrepasar los 200 °C.

Hacia "Los Cotorrillos"





Arcilla roja.









2.   El sitio donde se hacen los adobes es la adobera. Y es más cómodo llevar la tierra a las adoberas de siempre que convertir en adoberas el lugar de donde se saca la arcilla, puesto que en las de siempre hay agua y pradera y, por tanto, es más fácil amasar el barro y hay más espacio para hacer los adobes y para su secado y amontonamiento en morenas.


Zona de "Las Adoberas" del camino de Oteros.


3.   Y se hacen con la consabida técnica de “hacer adobes”, pero no se le echa paja, porque el calor que produce el horno la quemaría, incluso la del centro del adobe, y esto produciría gases y humo que harían que estallase el adobe. Aunque el horno de pan no alcanza la temperatura de cocción de la arcilla, sí que llega a la de la ignición de la paja, a unos 233 °C., aunque sea sin llama.









4.   La mecal ─o amecal─ propia de adobe de horno es un molde de madera o metal troncopiramidal de base rectangular ─con disminución hacia la parte que sería el vértice de la pirámide─. Esa forma del adobe ayuda a hacer el horno redondo y en cúpula semiesférica. Si se usa adobe común, se ha de procurar que estén muy juntos, adobe con adobe, en la parte del interior del horno, valiéndose para ello del mismo barro que los une, rellenando con él las separaciones que quedan entre uno y otro, y consiguiendo que la argamasa de unión entre fila y fila sea más gruesa en la parte exterior que en la interior: así cada fila de adobes quedará inclinada hacia el interior e irá marcando el camino de la bóveda.  Los adobes se unen con argamasa de barro, preferiblemente de la misma clase de la que se han hecho: así la contracción y la dilatación originadas por el secado y por el calor y enfriamiento serán, más o menos, de la misma magnitud. Los defectos que pueden dar los adobes a la redondez y a la cúpula, se corrigen con barro, que ejercerá la función de cuña para que el adobe vaya al sitio al que tiene que ir. Los adobes se colocan todos en tizón ─o sea, la punta más delgada de cada adobe mira el punto centro del horno, que será el centro de su suelo, como si mirase el extremo centro del radio de un rueda, en realidad de una semiesfera─: de esta forma va redondeando el entorno y la cúpula, y, terminada la construcción, queda una semiesfera más o menos perfecta. Se le puede empezar poniendo unas filas de adobes en total horizontalidad, sin marcar todavía la bóveda, pero no deben ser muchas, incluso hechas con adobe de mecal común, y sobre ellas poner ya adobe de horno que empezarán a insinuar y marcar la curvatura de la bóveda.






5.   Para facilitar su uso posterior, los hornos se  suelen hacer sobre una plataforma de construcción. Sobre ella se hace el piso, del mismo adobe o de baldosa. Y sobre él se va levantando la pared redonda hasta que se cierre en forma de cúpula semiesférica. Posiblemente se necesitará un encofrado que ayude a darle forma y, sobre todo,  que asegure que no se hundirá mientras se está haciendo. Conforme se va secando, es posible que le salga alguna raja: se rellena y tapa con barro de la misma calidad del que se ha usado antes. Cuando todo esté ya bien seco, se quita el encofrado. Si este se ha hecho de madera desechable, cuando ya está bien seco se puede quemar como primer fuego del horno.



6. No se olvide de la puerta o boca. Que no sea grande ni pequeña: lo suficiente para que quepan la pala del pan, los instrumentos de limpieza y alguna bandeja para otros posibles usos culinarios. Y no más, porque perdería mucho calor cada vez que se le abriera. Y tampoco se puede olvidar un respiradero con su charpa: es la chimenea. Se la suele colocar al lado contrario de la boca. O también en el centro de la bóveda, del techo del horno. Esto tiene una ventaja muy clara: a poco que se deje entreabierta la boca o puerta, se establece una corriente de aire que hace que queme mejor la leña, arda más rápidamente y evite humos en el exterior, en la hornera. Pero en muchos hornos se colocaba en la misma boca, hacia dentro pasada la puerta: las llamas y el humo ─y esto significaba calor─, tenían que redondear todo el contorno de la bóveda para llegar hasta la misma boca y poder salir. Y tenía su porqué: al no haber corriente dentro del horno, el calor no se escapaba, no resecaba tanto el ambiente interior y, si estaba bien hecho el humero, tenía tiro suficiente para que el fuego no se ahogase. Los que tenían el respiradero detrás, enfrente de la puerta o en el centro de la bóveda, tiraban mejor, pero tenían el problema de que, cada vez que se abría la puerta, se establecía una corriente de aire que se llevaba el calor. Y había que tener en cuenta una buena lección de economía: el fuego no se hacía para quemar leña, sino para dar calor, que la leña costaba trabajo cortarla en el monte, o donde fuera. De todos modos, estuviera donde estuviera la chimenea, tenía sus ventajas y desventajas: menor o mayor gasto de leña, mejor o peor aprovechamiento del calor, mejor o peor tiro, más o menos humo en la hornera… Escoja usted lo que más le convenza.



7.   Déjese el tiempo necesario para que el horno seque bien, sin prisas. Y luego, trúllese, que es revocar o lucir, con barro de la misma clase que los adobes, si es posible. Modernamente hay hornos que llevan por encima de la cúpula de adobe, es decir, por el exterior, una capa de fibra aislante y, encima de esta, un enlucido de barro o de cemento. Esto hace que el horno no pierda calor innecesariamente y le aísla de la sala donde esté.

8.   Existen hornos de doble piso y doble pared. En Micieces había alguno. El doble piso consistía en que tiene dos departamentos, uno encima del otro. En el de abajo se hace el fuego: es la hornacha u hogar. El de arriba tiene suelo de chapa metálica o rejilla recubierta, o de construcción y sostenido por arcos de ladrillo o por vigas de cemento o hierro, similar al de las glorietas castellanas. En el suelo de este, de baldosa casi siempre, se coloca el pan para la cochura. Estos hornos tienen la ventaja de que el cocedero del pan permanece limpio de ceniza, rescoldo y demás suciedad propias del hacer fuego. Pero tiene la desventaja de que, si se quiere que el calor se distribuya uniformemente por dentro, se ha de hacer una doble pared alrededor de todo el horno, una especie de falso techo, para que el calor, la llama y el humo lo recorran entero antes de salir por la chimenea o humero. O una serie de ramificaciones del humero que rodee por fuera el horno y lo caliente todo por igual. Este tipo de horno es más costoso y pierde muchas calorías

9.   Los hornos de doble piso que había en Micieces tenían un algo especial que los hacía más económicos y más prácticos para la cocción del pan. El piso de separación entre las dos partes del horno, el hogar u hornacha y el cocedero, estaba comunicado por un agujero o boca en el centro. Las llamas, el humo, el calor al fin y al cabo, entraba por esa boca al piso superior y se distribuía uniformemente por todo el horno de cocción. La chimenea o respiradero podía estar enfrente de la boca del piso superior o junto a ella. Alguien había discurrido que esa forma de horno de dos plantas era más económica y práctica.



10.        Los hornos cuadrados, tipo habitación, tienen un problema: no distribuyen el calor uniformemente por todo el recinto de cocción. Este mismo problema, aunque en menor grado, se da también en los hornos de bóveda de cañón. Los miciecenses, y otros muchos pueblos, solucionaron el problema  haciendo sus hornos redondos y en cúpula semiesférica. La Micipedia ─enciclopedia oral miciecense─ no recuerda que en el pueblo haya habido alguna vez otro tipo de horno de pan sino el redondo y de cúpula semiesférica.

11.        Esta es la explicación oral de quien hizo más de un horno de pan. Lo único que ha hecho el escribiente es darlo un poco de forma, sin deformarlo, explicar algunos tecnicismos y dejar constancia escrita de lo que dijo. ¡Es la Micipedia!


12.        ¿Qué usted no necesita horno de pan, que para eso está el panadero? Pues claro, pero es que un horno pequeño sirve muy bien para otras cosas: asar un lechazo o un lechón, hacer galletas y dulces clásicos…, y para algo más servirá, seguro. Y si escoge buena arcilla, se dará cuenta de que con muy poca leña se consigue la temperatura adecuada para un buen asado. Pues, eso, que lo disfrute.


















Antiguas adoberas. En Los Robles.



Más en estas entradas (hacer click):

- LISTADO DE HORNOS CASEROS DE PAN EN MICIECES.
- EL HORNO DE PAN.
- DÍA DE HACER PAN.
- LA HORNERA.
- LAS OREJUELAS.
- LAS HORAS Y LOS NOMBRES DE LAS COMIDAS.
- TRADICIONES Y RITOS DE LAS COMIDAS.





martes, 1 de marzo de 2016

Micieces de Ojeda. HORNOS CASEROS (IV). La hornera.













                                  LA HORNERA

Al local donde se situaba el horno se le llamaba hornera. Y solía estar al margen y con una cierta separación de la vivienda: en la portonera, en la tinada o tenada, en el recinto de las cuadras, en un cobertizo del patio o corral… Rarísimamente estaba en la cocina o dentro de lo que era la vivienda. El horno que figura en el plano de Micieces con el número 31 sí que está en la cocina, está todavía, y es de los catalogados como pequeño.

La hornera tenía entidad propia y lo esencial en ella era el horno de cocer el pan, de ahí deriva su nombre. Solía ser de adobe, como casi todas las construcciones del pueblo. Sus paredes iban enlucidas, o sea, trulladas, o no; blanqueadas con cal, o no. Su techo era de madera, formando arriba un pajar, un desván u otro piso; o quizá daba directamente al tejado de tejavana. Los suelos casi siempre eran de tierra batida, si bien, con el paso del tiempo, se fueron encementando o embaldosando. Pero esto ya sucedió muy acá en el tiempo.



En verano muchas familias convertían la hornera en residencia, es decir, servía de cocina, de comedor, de sala de estar… Venía a ser como una casa de campo, pero dentro de la vivienda: era el lugar donde se hacía la vida, menos el dormir.

En la hornera se guardaban los enseres o útiles necesarios para hacer el pan. En el habla miciecense, y de la zona, la gente del pueblo no fabrica pan, lo hace. Fabricar significa que está industrializado y es para vender. En una hornera siempre se solía encontrar, al menos, lo siguiente:
·      Mesa, más bien grande y alargada, y solía ser de madera. En ella se manipulaba la masa, se amasaba, fermentaban los panes, se preparaban cantidad de cosas propias del día de hacer el pan.
·      Artesa: en ella se hacía la masa, se amasaba el primer amasado, reposaba y fermentaba la masa, se cortaba en los trozos que habían de ser los panes…




·      Brega: máquina, o instrumento con categoría de máquina, para bregar el pan. Solía estar clavada o adherida a un banco o a la artesa. Si iba suelta, se solía poner sobre la mesa.


·    










  Cubo, balde o similares. Por aquel antiguo entonces, más que cubo habría que decir herrada. Después ya se fueron supliendo estas por los cubos de plástico. Hay que recordar que no había agua corriente en las casas y el líquido elemento seguía siendo necesario para el amasado de la harina y en algo habría que traerlo. Por ejemplo, en la herrada y en el balde.



·      Otra serie de recipientes para los ingredientes que había que echar a la masa. Incluido el que contenía el reciento o levadura.




·      Instrumentos que se necesitaban para el horno: pala de madera, rastrillo, trapa, hurguero…








·      



Lógicamente también habría algún banco junto a una de las paredes. Y si no había sillas, sí habría algún tajo (taburete de madera, tipo casero, casi siempre de tres patas, para que no cojease en el suelo de tierra).


José Luis Rodríguez I.
























Otros contenidos:

- LISTADO DE HORNOS CASEROS DE PAN EN MICIECES.
- EL HORNO DE PAN.
- DÍA DE HACER PAN.
- VOCABULARIO DE "HORNOS DE PAN".
- LAS OREJUELAS.
- LAS HORAS Y LOS NOMBRES DE LAS COMIDAS.
- TRADICIONES Y RITOS EN LAS COMIDAS.


Himno a Micieces de Ojeda