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...Pero también es de todos aquellos que quieran conocer y compartir sus historias, anécdotas, recuerdos y todo lo que hace que Micieces sea "Nuestro Pueblo".
martes, 11 de febrero de 2014
Historias de Micieces de Ojeda: UNA CASA EN CALDA
¡UNA CASA EN
CALDA!
(JLR)
Ya
había anochecido. Todo el pueblo estaba en la ermita rezando el rosario, como
todos los días del mes. Era octubre, el mes del rosario. Bueno, todo el pueblo
menos los que todavía estaban trabajando, los que siempre llegaban tarde o los
que no llegaban nunca. En la ermita todos teníamos nuestro sitio, por grupos,
edades o sexos. Los niños estábamos adelante, los más adelante, rodeando el
altar y cerca de la Virgen. Rezábamos el soniquete consabido de avemarías,
santamarías, gloriapatris, padrenuestros… Y, de repente, alguien grita desde la
puerta:
-¡Una
casa en calda! ¡Una casa en calda…!
Y
todas las cabezas se giran hacia la puerta.
-¿Qué…,
qué ha dicho?
-Que
una casa en calda…
-¿Y
eso qué es?

-¡Que
se está quemando la casa del tió
(sic, con acento en la o) Emiliano! ¡Está ardiendo el bar!
¡Ah,
ya nos enteramos de lo que pasaba: una casa está ardiendo! ¡Que se quema la
casa del tió Emiliano! ¿Y por qué no lo habrán dicho así de sencillo? Pero parece que la gente lo ha entendido y
todos van hacia allá.
La
niña corre a casa de su abuela, para ver si ha pasado algo, y estar más cerca
del incendio. Todos los mayores van corriendo con su herrada vacía, no van a
llevar el agua, que el río está cerca. Todo es revoltijo, nerviosismo,
inquietud… Y al pasar por delante de una puerta, el agua de una herrada se le
viene encima…
-¡Chiguita,
¿pero qué haces ahí en medio?
Ni
tiempo a contestar le han dado, ni disculpas tampoco, ni el clásico grito de
“¡agua va!”… Así que la chiguita va empapada a casa de la abuela:
-¿Pero
qué te ha pasado?
-Pues
que me han echado una herrada de agua encima al pasar por delante de la puerta
de…
Los
niños siempre de por medio. Y cuando llegamos, porque antes nos han tenido que
repetir nuestros padres que no nos acerquemos, que hay peligro, que…, bueno, lo
de siempre, los hombres y las mujeres ya han formado una cadena desde el río hasta
la casa en llamas, pasando las herradas de uno a otro para intentar apagar el fuego…
Menos mal que el río, el cuérnago, está cerca. Y echan y echan herradas de
agua… Pero aquello no hay forma de apagarlo. Deciden, pues, intentar proteger
las casas vecinas, que no se extienda más el incendio… Menos mal que el cierzo
a esta hora ya no es fuerte.
¿Y
los bomberos? No se puede contar con ellos. ¿Están en Herrera, en Aguilar o en
Palencia? ¿Quién lo sabe? ¿Y cómo se les avisa, si todavía no hay teléfono en
el pueblo? Alguien podría ir… ¿En qué coche, si no hay? Pues que se queme
buenamente lo menos posible… Se deshace la cadena de cubos, van cayendo tejados
y vigas, sigue ardiendo la casa, pero no pasa a otras… Es de noche, pero las
caras se ven amarillentas y rojizas.
Gente
hubo que aquella noche no durmió: se quedó vigilando por un por si acaso, no se
fuera a extender el incendio a otras casas…
A
la mañana siguiente, a la hora del recreo, (nuestra escuela estaba allí mismo,
a la vista de la casa quemada) ya estábamos los niños viendo lo que quedaba de
la casa: paredes derruidas, vigas humeantes todavía, alguna madera ardiendo,
restos negros… Y nosotros metidos en medio, hasta que alguien nos manda salir
de allí, por el peligro…
No
sé si en algún momento llegaron los bomberos, sí la guardia civil a la mañana
siguiente.
De
la casa no quedó prácticamente nada.
Pasaron
muchos años, más de medio siglo, y hablando un día de recuerdos del pasado, me
enteré de quién fue el del aviso aquel de “una
casa en calda”:
-Sí,
fui yo –contaba Teófilo Presa-. Venía de arar por la calleja y vi todo aquello
echando humo…, dejé las vacas a la puerta, unos 50 metros más allá, y fui
corriendo a avisar a la gente. Yo sabía que estaban en el rosario, porque era
octubre y había oído tocar. Así que me asomé a la puerta de la ermita y grité: ¡Una casa en calda!
-¿Pero
por qué en calda, si la mayoría no
sabíamos qué significaba esa palabra?
-
Porque se dice así cuando se quema una casa. Yo lo había oído en otro incendio.
Y la gente sí que lo entendió, que tocó enseguida la campana y todo el mundo
acudió de prisa a intentar apagar el incendio…
lunes, 10 de febrero de 2014
Fuentes de Micieces de Ojeda: EL MAJUELO (EL ESPINO)
EL MAJUELO (EL ESPINO)
Cuando se realizó la concentración parcelaria estuvo a punto de ser tapado. El espino que lo identifica, también ha sufrido "atentados" (han intentado quemarlo).
Finalmente, un vecino de Micieces ha "urbanizado" el manantial y lo ha dejado como se ve en las fotos.
Ha quedado como un sitio muy a propósito para tomarse un descansillo los andariegos y andarinas que cumplen con las recomendaciones médicas de andar y andar... Sobre todo en verano.
¡Pues que ustedes lo anden bien y... descansen mejor!
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32.- Fuente El Majuelo. (Hidrografía de Micieces) |
Más sobre las fuentes de Micieces:
- Las fuentes de Micieces.
- Nombre y ubicación de las fuentes.
- La Fuente.
- Fuente de San Lorenzo.
- Fuente de San Andrés.
- Fuente del Cañón.
- Fontesoñas.
- Fuente del camino de Oteros (Adoberas).
viernes, 7 de febrero de 2014
Fuentes de Micieces de Ojeda: VALDELACALLE (I y II)
VALDELACALLE
(José Luis Rodríguez I.)

Este valle se llama Valdelacalle.
Y el camino antes dicho (ahora es de los de concentración, bastante arreglado)
lo cruza más o menos de norte a sur aprovechando la ladera de una protuberancia
longitudinal que separa este valle del siguiente que ya es Indiviso.
Pues en este valle de Valdelacalle,
más o menos a su mitad y en la izquierda de su subida, hay varios manantiales (Valdelacalle I y II) que desaguan en un arroyo, que más abajo cruza el camino, recoge también las
aguas del Cañón y va a desembocar en el cercano río del Valle o del Indiviso.
Antes se perdían sin más en el río, menos cuando se aprovechaban para regar una
o dos tierras de la misma ribera del río.
Cuando Micieces decidió
poner agua corriente en las casas, se barajaron varios manantiales como
posibles para dar de beber al pueblo. Y después de los consabidos acuerdos y
desacuerdos, se llegó a la conclusión de que la mejor solución era recoger los
manantiales de Valdelacalle y traerlos al pueblo. ¿Que estaba lejos? Para eso
inventaron las tuberías. ¿Que si no daba la altura? Se midió y sí la daba. Así
que se hizo la obra, se recogieron aquellos manantiales, se entubaron y, sin necesidad de motores, por su propio
peso (ley de los vasos comunicantes) el agua llegó al depósito y de ahí, a las
casas (Valdelacalle I).
Otras fuentes:
- San Lorenzo.
- San Andrés.
- Fontesoñas.
- El Cañón.
- Camino de Oteros.
- La Fuente.
- El Majuelo.
- Las fuentes de Micieces.
lunes, 3 de febrero de 2014
Fuentes de Micieces de Ojeda: FONTESOÑAS
4.- Fontesoñas
FONTESOÑAS
(José Luis Rodríguez I.)
Siempre entendí que el nombre de esta fuente venía de: fonte = fuente; y soñas = sueño. Y, por tanto, significa que el agua de esta fuente hace soñar, es decir, produce buen dormir en general. O sea, que, aunque no es medicinal, en el sentir de las gentes es de buen beber y ayuda a bien dormir.
Fontesoñas está situada a la vera del camino de las eras, en su orilla derecha yendo hacia abajo, después que da la curva hacia la carretera y en el límite entre las eras, los linares y las tierras de cultivo. Se llama esta zona Cuatro Zalces. El terreno sube casi imperceptiblemente hacia la carretera, una lindera y su calce separan las tierras de los linares y otro arroyo va hacia el río limitando linares y eras. Pues en ese pico, triángulo inclinado y pequeño de pradera, en el mismo suelo y totalmente a su nivel, hay un pequeño ahondamiento y ahí está la fuente, que desagua en un pequeño charco, cuya agua se detiene en él, no en mucha cantidad, y después se encamina al calce y al arroyo dichos.
En los tiempos más lejanos de mi recuerdo la fuente estaba simplemente a ras de suelo, bordeada en su parte inferior por unas piedras rodadas que facilitaban la retención del agua y el poder llenar una vasija o beber directamente de ella. Y corría hasta una charca no grande que almacenaba el agua y hasta podían beber en ella los animales de trilla. Más acá en el tiempo, sin poder precisar fechas, en una de las huebras vecinales le tocó el arreglo. Se profundizó el manantial, se lo rodeó de piedras, se facilitó la salida de su agua y se consiguió que la tierra de cultivo, el camino de las eras y su propia pradera de alrededor no se la comiesen. Y a la vez se consiguió con esta reforma facilitar el llenar una vasija y el beber. Así duró por mucho tiempo.
A esta fuente se venía a por agua desde todas las eras, más o menos, que estaban al este de de la carretera de entrada al pueblo, la de la rampa. Esto cuando se hacía el verano en las eras. También, en verano o fuera de él, se venía a por agua cuando se quería dar un paseo agradable por el camino de las eras, o dar la vuelta por la carretera, o simplemente si se quería beber agua buena de… Fontesoñas. Antes del agua corriente de las casas, era frecuente ver a gentes con la botija o botijo, incluso con el cántaro, que iban a por agua a Fontesoñas para librarse, entre otras cosas, de las colas que se solían hacer en la fuente del pueblo.
Todo esto son mis más antiguos recuerdos de Fontesoñas. Mas la fuente ahora ya no es así.
Llegó la concentración parcelaria, se acabaron las eras, llegó el agua corriente a las casas y Fontesoñas perdió toda su importancia. Parece que en los planos de los agrónomos no se incluía una fuente en ese lugar, porque se la olvidó, o casi. Le comieron terreno y pradera por todos los lados y quisieron dar salida a su agua llevándola hacia el río o al camino de la vega de Abajo que hacía de calce, sin pensar o medir que, para llegar hasta allí, el agua tenía que subir. Y el agua se negó a subir. La dejaron sin salida, y ella se buscó por sí misma otra: a través de la primera tierra que encontró más baja, un linar. Y su dueño tuvo que agenciárselas para que no se le encharcara: entubó el agua desde la salida de la fuente hasta el camino-calce de la vega y enterró la tubería en su linar a suficiente profundidad para que no molestase al arar. Y todo fue muy bien… el primer año. Pronto la tubería se taponó con la vegetación y broza que arrastraba el agua y la fuente volvió por sus fueros. La dirigieron hacia el calce que separa las tierras de los linares, pero no tenía buena salida: el agua se fue reteniendo, la maleza fue creciendo, nadie se preocupó de limpiarla y, poco a poco, se fue taponando y perdiendo sus veneros y sus manantiales. Total, que ahora no está en uso y ni se puede beber en ella: está casi solo de señal de que fue fuente en otros tiempos, y… llena de hierbajos, rumiajos, juncos y otros tipos de brozas.
Si sigue así, dentro de poco desaparecerá del todo y sus veneros buscarán otro sitio por donde aflorar a la superficie. Y dará a los miciecenses unas cerradas y silenciosas buenas noches mientras se lleva los buenos sueños a otras gentes.
Más sobre fuentes:
- Las fuentes de Micieces.
- Nombre y ubicación de las fuentes.
- Mapa de las fuentes de Micieces.
- La Fuente.
- Fuente de San Lorenzo.
- Fuente de San Andrés.
- Fuente del Cañón.
- Fuente del camino de Oteros (Adoberas).
sábado, 1 de febrero de 2014
MAPA DE LAS FUENTES DE MICIECES DE OJEDA
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