martes, 24 de marzo de 2020

Micieces de Ojeda. AÑORANZA...




AÑORANZA...

     Con estas fotos puedo cerrar los ojos y sentir que estoy allí, en la casa donde mi abuelita Dora y mi abuelito Ubaldo construyeron un hogar y levantaron a sus hijos; allí, en el pueblo de mi padre, en ese que he adoptado como mi pueblo...

    Cierro los ojos y puedo estar en el lugar donde aprendí a andar en bici y a que, si quieres seguir jugando, tienes que sacudirte el polvo de las rodillas y decir que las pupas no duelen... Donde aterricé en charcos de lodo y lo siguiente era reírnos sin parar. Y donde pensé que me ahogaba por caerme en el río, aunque el agua no me llegaba ni a las rodillas.

     Este lugar es donde me he comido los mejores bocadillos con tomate y aceite de oliva, o donde me han preparado, de merienda, unos bocadillos con nocilla para disfrutar junto a la fuente de san Lorenzo...

    También allí aprendí que las piñas pueden ser de madera y que si te piden una cebolla del huerto, no hay que sacar todas las que están sembradas...

     Allí correteaba y alimentaba a los Conejos, mis amigos, como Alicia y el Conejo Blanco... Es donde me atreví a comer caracoles, cangrejos y conejo (hasta que vi por qué, entre vez y cuando, se desaparecía uno de mis amiguitos del patio... y ya nunca más pude comerlos).

   Allí es donde descubrí que las despedidas siempre duelen, pero las distancias nunca impiden que el amor sea inmenso. Que aunque ahora, al volver, ya no estén quienes nos recibían en el puente de la entrada, siempre podremos cerrar los ojos y sentir que nos abrazan, que permanecen en nuestros corazones...

   Allí, en Micieces, siempre habrá un pedazo de mi corazón... Y si fuera Alicia, este sería mi "País de las Maravillas".


Orietta Rodríguez (La Catira, Cati).

























martes, 29 de octubre de 2019

Micieces de Ojeda. EL NUEVO SAN PEDRO. (El tronco de ciruelo y san Pedro, parte IV)







EL NUEVO SAN PEDRO
(EL TRONCO DE CIRUELO Y SAN PEDRO, PARTE IV)



Y pasados los tres meses
les llegó el nuevo san Pedro.
Todo el pueblo a recibirlo
sale curioso por verlo.
Y reunidos en la iglesia,
se desembala lo envuelto.
¡Bien embalado venía
y protegido por dentro!
Le quitan el embalaje
y lo que le tiene envuelto…
¡Y de pronto apareció
reluciente el buen san Pedro!
Un silencio sorpresivo
le acoge en su nuevo pueblo.
Boquiabierta  y ojiplática
se queda la gente viendo.
Y del silencio, un murmullo
de admiración y respeto
se levanta progresivo
y se convierte en voceo:
es aprobación y encanto,
extrañeza y embeleso,
porque el san Pedro parece
recién bajado del cielo,
brillante, recién pintado,
portentoso…  y un portento,
natural y muy humano,
pero celeste y etéreo…
¡Un san Pedro castellano,
no del mar y sí campero!
Alguien comenta bajines:
-Es la copia del tio Pedro.
El cura dice a la gente:
-Bendecirle  es lo primero…
-Pos qu’él nos bendiga a nos,
que pa’eso baja del cielo…
Su mujer le da un codazo:
-Cállate y reza, so ateo…
Y bendice el cura al santo
por ser en su iglesia nuevo.

Y luego, cual procesión,
todos se acercan a verlo,

por tocarlo, y comprobar
que era verdad lo que vieron.
Le miran y le remiran
y le rezan en silencio,
alguno se hace la cruz
con trazos de analfabeto,
otros se besan la mano
y le lanzan cortés beso.
Todos admiran la imagen
y se marchan tan contentos…

El último de la fila
es el llamado tio Pedro.
La gorra gira en sus manos,
llega nervioso y muy tenso,
con chaqueta de domingo,
pantalón de pana nuevo,
mirada escudriñadora
por ver si era su ciruelo:
bajo estofado y pintura
él reconoce el madero.
Una mano se le posa
en su hombro con afecto:
la del artista ambulante,
escultor e imaginero:
-¡Lo que se puede sacar
de un tosco y rudo madero…!
El tronco que tú me diste
es este nuevo san Pedro.


Mira el tio Pedro al artista
y mira y remira lo hecho.
No sabe qué contestar
y guarda cauto silencio.
El tio Pedro queda solo
mirando fijo al san Pedro.
Y luego dice con sorna
tocándole el pie derecho:
-¡Ay, san Pedro, mi san Pedro:
 yo te conocí ciruelo.
Los milagros que tú hagas,
que me los cuelguen al cuello…
Con cachaza pueblerina,
salió de la iglesia recto,
se caló su boina negra…
¡y a la cantina contento!


(JLR)





También puedes ver de "El tronco de ciruelo y san Pedro":



Y más sobre Micieces en :















Himno a Micieces de Ojeda