lunes, 20 de julio de 2015

BERZOSA DE LOS HIDALGOS EN EL SIGLO XVIII.





Archivo General de Simancas.


El Catastro del Marqués de la Ensenada pretende hacer una evaluación de la riqueza de los pueblos, pero en él figuran datos de población. La intención de este catastro era simplificar el sistema de impuestos de la Corona de Castilla. El catastro comenzó a elaborarse en 1740, cuando Fernando VI firmó la Cédula Real que aprobaba su ejecución, y las labores de recogida duraron hasta 1753. Se envió un Interrogatorio de 40 preguntas a cada pueblo que los representantes de la justicia (normalmente el alcalde acompañado de otras personalidades destacables) debían responder. El Censo contiene los resúmenes provinciales de la población clasificada por edad y clase (residentes hijos de familia menores de 18 años, vecinos de 18 a 60 años, vecinos mayores de esa edad, jornaleros transeúntes, sirvientes, pobres de solemnidad, viudas y resto de personas del sexo femenino). El Vecindario ofrece datos de población por municipios. El Catastro del Marqués de la Ensenada es el último de los censos “primitivos”. En la segunda mitad del siglo XVIII aparecen los censos “modernos”.


 













Los documentos de este Catastro están en el Archivo General de Simancas. Las respuestas correspondientes a Berzosa ocupan 32 páginas. Y, como algo curioso, en casi la mitad de las cuarenta preguntas, la respuesta es de este tenor: " A la pregunta...dijeron: que en este pueblo no hay nada de lo que se refiere la pregunta"



BERZOSA EN EL SIGLO XVIII

(DATOS TOMADOS DE LAS RESPUESTAS AL INTERROGATORIO DEL CATASTRO DEL MARQUÉS DE LA ENSENADA)


La Junta encargada de responder el Interrogatorio se reunió en Berzosa el día 15 de noviembre de 1752.
Los vecinos que respondieron a este cuestionario fueron: Manuel Fernández, Regidor; Pedro González e Ignacio Fernández de Iglesias, vecinos de este lugar, peritos nombrados de una y otra parte y de la mejor opinión e inteligencia tanto en el conocimiento de las heredades, frutos y culturas como en los demás artes, tratos, comercios y granjerías de que se compone el común. Las respuestas se dan ante el Juez Subdelegado, el Escribano y el Teniente de Cura, como testigo.



Nombre y condición de la población:
La población se llama Berzosa, de la provincia de Palencia y distante de ella doce leguas con corta diferencia. Y es señorío del Excelentísimo Señor Duque de Frías, quien no percibe derechos algunos.


Producción:
Los frutos que se cogen en este término son: trigo, cebada, avena, centeno y yerba.
Hay diez colmenares: cuatro de Pedro González, uno de Ignacio Fernández, otro de Pedro Fernández. Los restantes pertenecen a vecinos de Villavega (2), Collazos y Sotobañado.
Ganado vacuno, caballar, lanar, cabrío y algunos cerdos de cría, que gastan en ellos tanto como valen al tiempo de la matanza. No hay cabaña ni yeguada.
 
Habitantes, casas y común del pueblo:
El pueblo se compone de cinco vecinos. No hay casa de campo ni alquería. Hay siete casas habitables y una arruinada. No pagan cosa alguna por el establecimiento del suelo. Una de las casas pertenece al común. Igualmente son del común unas tierras centeneras y trigueras de tercera y segunda calidad,  así como unas talegas de yerbas, y montes y brezales.

Del común se paga en reales o en especie:
-        Al Regidor.
-      A Manuel Pérez, escribano y vecino de Santibáñez de Ecla.
-        A Antolín García, vecino y herrero de Micieces.
-        Y a Joseph Santos, cirujano, en el lugar de Payo.

Ocupaciones y oficios:
No hay mercaderes, ni tenderos, ni taberna, ni personas que se ocupen de Artes mecánicas ni Oficio de artistas.
No hay jornaleros porque las labores del campo las hacen los labradores, sus hijos y sus criados mayores de 18 años.
No hay ningún clérigo porque el que asiste a este pueblo está en Micieces.
Tampoco hay pobres de solemnidad.

Y el Rey no tiene en este pueblo ninguna finca o renta.



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miércoles, 3 de junio de 2015

Micieces de Ojeda: Romance de LA LOBA PARDA.






En las largas noches invernales, al calor de la churaca, en todos los pueblos se contaban y cantaban poemas, romances, canciones, anécdotas, cuentos... Hoy, la mayoría, son desconocidos para muchos. 
Me gustaba mucho escuchar el romance de La Loba Parda cuando lo recitaba mi padre. Y aún me gusta leerlo. 




LA LOBA PARDA.

Estando yo en la mi choza, pintando la mi cachava,
las cabrillas altas iban, y la luna rebajada.
Mal barruntan las ovejas, no paran en la majada.
Vide venir siete lobos, por una oscura cañada.
Venían echando suertes, cuál entrará en la majada.
Le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como puntas de navaja.
Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada;
a la otra vuelta que dio sacó a la borrega blanca,
hija de la oveja churra, nieta de la orejisana;
la que tenían mis amos para el Domingo de Pascua.
Aquí mis siete cachorros, aquí perra trujillana,
aquí perro el de los hierros, a correr la loba parda.
Si me cobráis la borrega, cenaréis leche y hogaza.
Y si no me la cobráis, cenaréis de mi cachava.
Los perros tras de la loba, las uñas se esmigajaban,
siete leguas la corrieron por unas sierras muy agrias.
Llegando a Los Cotorrillos, la loba ya va cansada.
- Tomad perros la borrega, sana y buena como estaba.
- No queremos la borrega de tu boca alobadada;
que queremos tu pellejo, p'al pastor una zamarra;
de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas,
el rabo para correas, para atarse las polainas,
las tripas para vihuelas, para que bailen las damas
.




jueves, 21 de mayo de 2015

Canciones de Micieces de Ojeda: MES DE MAYO (III)




   Al igual que nuestros pueblos se van quedando sin gente, su patrimonio cultural activo se va perdiendo. Poemas, romances, canciones, dichos, anécdotas, cuentos... que se cantaban en las iglesias o que nos contaban y cantaban al amor del fuego en  las largas noches invernales, son ya desconocidos para muchos.
¡Y es una pena que se pierdan sin más!



MES DE MAYO.

MADRE MÍA QUE ESTÁS EN LOS CIELOS.


1.      Madre mía que estás en los cielos,
envía consuelos a mi corazón.
Cuando triste llorando te llame,
tu mano derrame feliz bendición.

2.      Es el mundo sirena engañosa
que en copa de rosa nos brinda beber.
Y al tocarla los labios sedientos
recibe tormentos en vez de placer.
 
3.      Luna bella de eternos fulgores,
manojo de flores, corona inmortal:
embalsame mi pecho tu ambiente
y alumbre mi mente tu luz celestial.

4.      En ti sola puso confianza,
mi dulce esperanza fijéla yo en ti.
Siempre, oh Madre, tu amparo reciba
en tanto que viva amándote a ti.
 
5.      Es tu pecho jardín de delicias
donde descansa tranquilo el Señor,
tu mirada es fuente de vida,
son tus labios dos llamas de amor.




                   6.    Con torrentes de luz que te inundan  
                                               los ángeles besan tus pies,
                                               las estrellas tu frente circundan
                                               y hasta Dios complacido te ve.

7.      Pues llamándote pura y sin mancha,
de rodillas los hombre están
y tu espíritu arroba y ensancha
tanta fe, tanto amor, tanto afán.

8.      Flores, flores, que al templo ya vienes,
en tu trono de luz y a tus pies
querubines y arcángeles tienes
más que espigas y granos de mies.











OH VIRGEN MÁS PURA

Oh Virgen más pura que le nardo y la rosa,
Madre más hermosa que el fúlgido sol:
atiende mis ruegos y escucha mi canto
y enjuga mi llanto de amargo dolor.
Ya sé que eres buena cual nadie lo ha sido,
por eso rendido te vengo a implorar,
y ante tu imagen postrada de hinojos,
con llanto en mis ojos te vengo a rogar.
Cuando yo era niña mi madre querida
a amarte en la vida, feliz me enseñó.
Amándote tanto, cual nadie ha querido,
su encargo he cumplido,
su encargo he cumplido, oh Madre de amor.




sábado, 16 de mayo de 2015

Fuentes de Micieces de Ojeda: LOS ROBLES ( BAUTULILLA)

Zona de las adoberas de Los Robles (Bautulilla).


1 - Adoberas. 8 - Bautulilla.   80 - Los Robles.

 LOS ROBLES  (Bautulilla)
(JLR-Pepe)




La ladera oeste del monte (o alto) del Cucuruto se ha llamado siempre los Robles porque había un robledal antiguo,  de árboles grandes. Toda la parte superior de ese monte fue repoblada de pinos y ahora los robles, estando ahí todavía, han perdido su prestancia. Pues bien, la ladera oeste termina en un valle, que no fue plantado de pinos, sí la ladera y monte siguiente. Es de fondo plano, poco profundo y más bien amplio, los montes que lo forman no son altos en relación al valle y sus laderas no son muy inclinadas, pronunciándose más y hundiéndose más el fondo, conforme baja hacia el valle del río. Pues aquí, al final de la cuarta parte superior de su largura (medido así de memoria y a ojo de buen cubero), existe una fuente. Es la de los Robles, o también, la de las adoberas de los Robles. Pero todo el valle, sobre todo la parte baja, se sigue llamando Bautulilla. (= terreno pequeño pantanoso, con charcas frecuentes. Ver página de Micieces, Toponimia).


El manantial nace en el suelo casi plano, pero inclinado, del mismo valle, sin más, y la erosión de la misma agua ha hecho un hoyo no profundo que señala su ubicación. Como en casi todos los manantiales,  a este también se le ha ido poniendo alrededor piedras rodadas que lo fijan más y ayudan a que se mantenga su agua un poco retenida para mejor beber. Luego, sale por un surco y desemboca en el primer pozo o tojo. Y de este va al siguiente… hasta que se encauza en un arroyo por el que baja hasta el camino del Indiviso. Allí, en la orilla izquierda, saliendo de Micieces, es retenida en una charca, balsa o represa hecha con piedras, céspedes y maderos. Cuando esta rebosa, atraviesa el dicho camino por un surco hecho por encima y va a parar al primer pozo o tojo de las adoberas de abajo. Lo rellena  y pasa a otro…, y a otro…, y no me acuerdo a cuántos más, y, por fin, desemboca en el río.

Aquel valle, de grama verde cuando la hierba está verde, reseco cuando llegan los calores, rico en flor de manzanilla en la época propicia, fue utilizado durante algún tiempo como adoberas. De ahí que hubiera pozos producidos al sacar la tierra para hacer el barro de los adobes.
La charca, balsa o represa de la orilla izquierda del camino del Indiviso tenía su sentido y su utilidad. En primer lugar servía para beber los animales: durante muchos años el güicero sesteó en el altozano vecino. Pero además, aquella balsa se utilizaba para regar las dos o tres tierras vecinas, a la derecha del camino. No daba la fuente un gran surco de agua, pero al almacenarse, se podía usar para riego. Por otra parte, aquella charca tenía sus propios manantiales, no muy grandes, pero los tenía. Y, por último, el agua se almacenaba también para uso de las adoberas. Porque el resto del valle, desde el camino  hacia abajo, limitado ya por tierras de labor a sus lados, arriba por el camino,  y al final por unos terrenos llamados parcelas, se convirtió en adoberas. Para muchos en las adoberas, cuyos pozos iban aumentando en profundidad y en cantidad conforme se iban haciendo más adobes. Y, dándole tiempo e inviernos, todos se rellenaron del agua que bajaba de la fuente, de la charca y del valle de los Robles.

Esto es lo que fue en tiempos, que ahora ya no es así. Todo ha cambiado. La fuente ha ido secándose y casi desapareciendo, y solo la buena voluntad del agua, llámese gravedad o de otra forma, hace que todavía mane algo y mantenga un signo de humedad en lo que fue su emplazamiento. Modernamente se intentó recogerla, encementarla y entubarla para llevarla a una pila para que bebieran las vacas: se había cercado una zona de esos montes y valles como de pasto para el ganado vacuno.  Mas parece que esa solución no ha dado resultado y la fuente está prácticamente seca. 
Y los pozos de arriba desaparecieron totalmente, de forma natural o ayudados por la mano humana. La charca que estaba a la orilla del camino del Indiviso desapareció: el camino fue trazado de nuevo y rehecho por las máquinas de la concentración parcelaria; se hizo una alcantarilla para que el agua atravesara el camino, ya sin posibilidad de riego para las tierras que la habían aprovechado, a no ser con motor y desde el río…, y se la dirigió por una de las cunetas derechita hacia el río. La tierra de cultivo límite de aquella charca fue alargada unos metros. Pero el agua es una fuerza dura y constante: en su lindera y en la cuneta izquierda del camino surgieron varios manantiales, pequeños, pero surgieron a pesar de todo y ahí siguen humedeciendo lo que pueden y corriendo cuando pueden hacia el desagüe de la alcantarilla que atraviesa el camino.

Como ya no se hacían adobes (no se necesitaban, el ladrillo suplía todo), las adoberas desaparecieron. Las riadas, la erosión natural, los escombros de casas viejas… fueron rellenando los pozos de las de abajo. Y por fin, esto ya muy acá en el tiempo, el ayuntamiento allanó todo el terreno que fueron adoberas y lo preparó para campo de fútbol, con  sus vestuarios y todo.  Lo malo es que está un poco alejado del pueblo, y lo peor de todo: que quedan ya pocos jóvenes que quieran jugar al fútbol.


Y lo demás quedó olvidado, a no ser en la memoria de los que lo habían vivido. Recuerdo con agrado y añoranza cuando, de niños o adolescentes, íbamos a pescar ranas (¿o sería a cazar ranas?) a los pozos de las adoberas de arriba y a los de las de abajo. Incluso alguna vez nos metimos a bañarnos en los de las de abajo y recuerdo que el agua estaba caliente, mucho más que la del río, pero había mucho lodo y barro y todo se ensuciaba enseguida con un color rojizo que no nos gustaba.

o o O o o

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sábado, 9 de mayo de 2015

Fuentes de Micieces de Ojeda: PALAHIERRO





11, a-11: Palahierro.

 ARROYO Y FUENTE DE PALAHIERRO

(JLR)


Palahierro es el valle siguiente al de los Robles-Adoberas, a la izquierda siguiendo el camino desde Micieces al Indiviso. Es más importante a todos los efectos el arroyo que la misma fuente.



Arriba ya del camino del Indiviso, el arroyo se bifurca en dos, de acuerdo a los dos valles que bajan de la altura y se juntan para formar el de Palahierro. Uno de ellos, el de la derecha subiendo, recoge las aguas de la ladera este de la Tejera. El otro, el de la izquierda, recoge las que  vienen del monte de los Cotorrillos. En este de la izquierda, pero mucho antes de llegar al monte, hay una fuente que da origen al arroyo y toma el nombre del valle: Palahierro. No tiene ni estética, ni profundidad: simplemente hay un manantial al principio  del arroyo, sin más. Seguramente no serán muchos los miciecenses que hayan bebido de su agua. Aunque, seguro también, son más los que han bebido del mismo arroyo en su parte inferior, o se hayan mojado al pasarle cuando cruza el camino. Desde la unión del que viene de la Tejera, se hace bastante profundo, debido a que los dueños de las tierras limítrofes siempre han procurado mantenerlo más o menos bien hecho. (Hacer un arroyo consiste en cavar sus paredes laterales y suelo, limpiarlo y mantenerlo libre para que el agua corra y no entre en las fincas). Y es que, además de llevar el agua de la fuente, el tal arroyo, como los demás en su propio valle, tiene la misión fundamental de recoger la de la lluvia y guiarla hacia el río, sin que arrase las tierras de cultivo. En tiempos muy, pero muy lejanos, es posible que se aprovechara el caudal en la época de invierno para hacer funcionar un pequeño (y escondido al fisco) molino harinero





Antes, cuando se sembraban patatas en las tierras de este valle, se utilizaba el agua del arroyo para regarlas. Había que hacer una presa de céspedes, esperar que se llenase y tener mucha paciencia, porque el cauce no llegaba nunca a ser un surco de patatas, en la medida popular de cantidad de agua para regar.

Más abajo, atravesaba el camino del Indiviso y, finalmente,  desaguaba en el río del Valle. El camino en ese punto, pasada ya la “caseta Pepín” (que tomó el nombre de su dueño, cuyas eran caseta, huerta y era, antes unidos en un todo y que el nuevo camino de concentración se las separó), siempre estaba encharcado. Y el tal dueño había hecho una huerta en su tierra adjunta y aprovechaba el agua de Palahierro para regarla, haciendo una presa, que retenía el agua hasta subirla a la altura de su tierra y, claro, llenaba y encharcaba también el camino: solía dejarla guiada al sembrado ya preparado para este sistema de riego, y sin prisas y sin necesidad de vigilarla, ella sola regaba la finca.

La concentración parcelaria rehízo en parte su trazado corriéndolo hacia la ladera izquierda del monte, dando más anchura a las tierras, pero siempre por el fondo del valle. Hicieron también una alcantarilla para que las aguas atravesasen el camino por debajo y no lo  inundasen. Desde entonces el dueño de aquella finca-huerta tuvo que comprarse un motor y subir el agua desde el río.

Este arroyo de Palahierro siempre fue muy cangrejero, mas la concentración y la enfermedad que vino después terminaron con todos sus cangrejos





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